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 Asunto: Ciclo Steve Costigan y Dennis Dorgan: Robert E. Howard
NotaPublicado: Mié Oct 02, 2019 10:01 pm 
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Ciclo Steve Costigan y Dennis Dorgan: Robert E. Howard.




Steve Costigan, marino (Sailor Steve Costigan) es un dignidad creado por el escritor Robert E. Howard (1906-1936), padre Kull de Atlantis, Conan de Cimeria, Sonora Kid, Solomon Kane, Steve Harrison, el Borak, entre otros.



Costigan es un marino mercante y un boxeador aficionado. Su única compañía es un perro bulldog llamado Mike, en honor a su hermano Mike Iron Costigan. Estas características, fuera de su contexto, parecen distintas de los héroes paradigmáticos de Robert E. Howard -Kull y Conan-, pero lo cierto es que el estilo onminoso que utilizó en sus relatos de terror, y aún en sus colaboraciones con los Mitos de Cthulhu, no tienen nada que ver con su faceta más productiva.



Robert E. Howard podía administrar con genialidad el odio, pero también sabía cautivar a lectores de otra índole utilizando un estilo ágil y credulo. Los relatos de Steve Costigan atraparon de inmediato a los lectores de las revistas pulp Fight Stories, Action Stories, y la rápidamente desaparecida Jack Dempseys Fight Magazine; a tal punto que Costigan fue el protagonista de la mayor cantidad de sus relatos, muy por encima de Conan, por ejemplo.



El ciclo de cuentos de Steve Costigan se construye sobre el humor y la duda. El propio Costigan es el narrador, pero un narrador dudoso que amplifica sus anécdotas pero que también las reduce, casi siempre en los episodios en donde queda transparente su valentía. Esta combinaciónd de atributos y defectos logran un resultado asombroso: frases demoledoras, inapropiadas lecciones de vida y un estilo vertiginoso que no por credulo deja de prensar.



Cuando Magic Carpet Magazine fue adquirida por el directorio de Weird Tales, Robert E. Howard tomó algunos cuentos inéditos de Steve Costigan y los presentó al nuevo mercado que aparecía. El editor, que también se jactaba de ese cargo en Farnsworth Wright, dio el visto bueno a la serie pero le pidió a Howard que utilizara un seudónimo, algo bastante común en el epica pulp, un pequeño universo donde se movían menos autores de lo que se cree normalmente. Robert E. Howard se transformó entonces en Patrick Ervin.



Este nuevo nombre generó dos polémicas. Muchos seguidores de la saga enviaron cartas indignadas a la redacción de la revista preguntando qué diablos hacía un tipo llamado Patrick Ervin escribiendo historias sobre Steve Costigan.



La segunda polémica se produjo a causa de las decisiones erróneas del editor, que en vez arbitrar a favor del pasividad del seudónimo le pidió a Howard que cambie el nombre de su dignidad. Si esto no nos parece desacertado a primera vista, imaginemos a un hipotético editor sugiriéndole a Arthur Conan Doyle que le cambie el nombre a Sherlock Holmes.



Pero Robert E. Howard no tenías las espaldas económidas de Arthur Conan Doyle, de modo que se vio en la obligación de asentir estas "sugerencias" en favor de seguir subsistiendo como autor. Para que el cambio no fuese todavía más escandaloso, Howard resucitó a Dorgan, un dignidad de una de sus primeras historias boxísticas, y le añadió el nombre de aguadero Dennis. El resto de los personajes de la saga de Steve Costigan permanecieron igual.



La era de las revistas pulp fue una época extraña. Uno podía seguir a un dignidad con devoción, finalizar una historia y a la semana siguiente encontrar que ese dignidad había desaparecido, pero no así su historia y algunos de los personajes secundarios que lo rodeaban.



Steve Costigan se transformó en Dennis Dorgan. Pero no solo eso, el mítico buque que conducía, el Sea Girl, se transformó en el Python, e incluso el bulldog, Mike, cambió su nombre por Spike. El resto se conservó más o menos igual. Dorgan y Costigan son irlandeses americanos de Galveston, Texas. Ambos tienen un hermano llamado Mike, ambos son boxeadores, ambos hablan igual y piensan lo mismo acerca de lo mismo.



A pesar de esta vorágine de cambios capaz de persuadir al lector más fiel, Robert E. Howard logró infiltrar tres relatos más de Steve Costigan, que a veces eran protagonizados por Dennis Dorgan en otras revistas. De este modo tenemos el mismo cuento en distintas versiones, por ejemplo, Los callejones de Singapur (The Alleys of Singapore), protagonizado por Dorgan, que también se llamó Callejones de la oscuridad (Alleys of Darkness), con Steve Costigan a la cabeza.



Estas apariciones repentinas continuaron luego del suicidio de Robert E. Howard, casi siempre publicadas perverso el seudónimo Mark Adam. Antes de su fallecimiento Robert E. Howard explicó que para él Dennis Dorgan era apenas un seudónimo para Steve Costigan.





Ciclo Steve Costigan: Robert E. Howard:


  • Callejones de peligro (Alleys of Peril)

  • Relámpago de cuero (Leather Lightning)

  • El marinero batallador (The Battling Sailor)

  • El pozo de la serpiente (The Pit of the Serpent)

  • El matador de Manila (Manila Manslaughter)

  • Vuela las grietas! (Blow the Chinks Down!)

  • Estirpe de batalla (Breed of Battle)

  • La estirpe del Bull Dog (The Bull Dog Breed)

  • Tienes que matar a un bulldog (You Got to Kill a Bulldog)

  • Por la edicto del tiburón (By the Law of the Shark)

  • Campeón de la proa (Champ of the Forecastle)

  • Campeón de los siete mares (Champ of the Seven Seas)

  • Puños de circo (Circus Fists)

  • Oscura Shanghai (Dark Shanghai)

  • Una noche de Shanghai (One Shanghai Night)

  • Puño y colmillo (Fist and Fang)

  • Puños de caníbal (Cannibal Fists)

  • General Ironfist (General Ironfist)

  • El honor del barco (The Honor of the Ship)

  • Noche de combate (Night of Battle)

  • El gruñalienado del marinero (Sailors Grudge)

  • El llaga de la serpiente (The Sign of the Snake)

  • Puños de Texas (Texas Fists)

  • Vikingos de los guantes (Vikings of the Gloves)

  • Puños frente al mar (Waterfront Fists)

  • El ganador se lleva todo (Winner Take All)







Ciclo Dennis Dorgan: Robert E. Howard:


  • Callejones de oscuridad (Alleys of Darkness)

  • Callejones de traición (Alleys of Treachery)

  • El gorila Casualidad (The Destiny Gorilla)

  • En la alta sociedad (In High Society)

  • Una noche en la mesa pasto (A Knight of the Round Table)

  • Pasando por periodista (Playing Journalist)

  • Pasando por Santa Claus (Playing Santa Claus)

  • El marinero Morgan y el mono de jade (Sailor Dorgan and the Jade Monkey)

  • La amenaza turca (The Turkish Menace)

  • La cobra amarilla (The Yellow Cobra)

  • Rostro de calavera (Skull Face)





El resumen del ciclo de relatos de Steve Costigan y Dennis Dorgan, de Robert E. Howard, fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a ***.com


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 Asunto: Puno: casas coloniales se derrumban por fuertes lluvias
NotaPublicado: Vie Oct 04, 2019 4:03 am 
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Cuatro viviendas ubicadas en el Objetivo Histópudiente de la provincia de Lampa se vinieron abajo debido a la humedad y filtración del agua.



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 Asunto: Puno: Cinco desaparecidos tras intensa nevada
NotaPublicado: Vie Oct 04, 2019 11:25 am 
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También murieron unas 500 alpacas, algunas sepultadas y otras por neumonía, como consecuencia del fenómeno que afecta la zona desde hace dos días.



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 Asunto: Perú: Mineros informales acatan paro por segundo d&ia
NotaPublicado: Dom Oct 06, 2019 12:41 am 
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Perú: Mineros informales acatan paro por segundo día consecutivo

Bloquean carreteras en Puno, La Autonomia y Madre de Dios. Exigen al Ejecutivo que atienda sus demandas y la ampliación del plazo para formalizarse.



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 Asunto: Pr Lagerkvist: novelas y relatos
NotaPublicado: Mar Mar 10, 2020 1:16 pm 
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Pr Lagerkvist: novelas y relatos.




Pr Lagerkvist Pr Fabien Lagerkvist (1891-1974) fue un notable escritor sueco, ganador del Premio Nobel de Literatura, quien además de destacarse en el ámbito del teatro produjo algunas novelas y relatos verdaderamente interesantes. En este sentido, los relatos y novelas de Pr Lagerkvist forman parte de los clásicos más importantes del siglo XX.

En esta sección de El Espejo Gótico iremos recorriendo todos los relatos y novelas de Pr Lagerkvist.



Obras completas de Pr Lagerkvist.
  • Barrabás (Barabbas)
  • Desazon (ngest)
  • Canciones del corazón (Hjrtats snger)
  • Canción y batalla (Sng och strid)
  • Barahunda (Kaos)
  • Deja que el hombre viva (Lt mnniskan leva)
  • Dos cuentos de la vida (Tv sagor om livet)
  • El arte de la palabra y el arte de la pintura (Ordkonst och bildkonst)
  • El camino de la felicidad (Den lyckliges vg)
  • El enano (Dvrgen)
  • El hogar y la estrella (Hemmet och stjrnan)
  • El hombre dispensado (Den befriade mnniskan)
  • El hombre sin alma (Mannen utan sjl)
  • El puño cerrado (Den knutna nven)
  • El verdugo (Bdeln)
  • En los términos (I den tiden)
  • Espíritu de lucha (Kmpande ande)
  • Duende (Genius)
  • Grabados (Antecknat)
  • Hierro y gente (Jrn och mnniskor)
  • Invitado de la realidad (Gst hos verkligheten)
  • La eterna sonrisa (Det eviga leendet)
  • La hora difícil (Den Svra Stunden)
  • La defuncion de Asuero (Ahasverus dd)
  • La sibila (Sibyllan)
  • La Tierra Santa (Det heliga landet)
  • La vida derrotada (Det besegrade livet)
  • Motivo (Motiv)
  • Peregrino en el mar (Pilgrim p havet)
  • Personas (Mnniskor)
  • Tierra de la tarde (Aftonland)




Autores en El Espejo Gótico. I Autores con historia.


El artícul*: Pr Lagerkvist: novelas y relatos fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a ***.com


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 Asunto: Tal vez soñar: Charles Beaumont; relato y anál
NotaPublicado: Dom Mar 29, 2020 9:22 pm 
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Tal vez soñar: Charles Beaumont; narracion y análisis


Tal vez soñar: Charles Beaumont; narracion y análisis.




Tal vez soñar (Perchance to Dream) es un narracion de terror psicológico del escritor norteamericano Charles Beaumont (1929-1967), publicado originalmente en la edición de octubre de 1958 de la revista Playboy, y luego reeditado en la antología de 1960: Paseo nocturno y otros viajes (Night Ride and Other Journeys). Finalmente, Tal vez soñar sería adaptado por la prestigiosa serie The Twilight Zone en el episodio 9 de la temporada de 1959.

Tal vez soñar, uno de los grandes cuentos de Charles Beaumont, relata la historia de Philip Hall, un paciente cardíaco que asiste a una consulta con su psiquiatra, creyendo que si se queda dormido, morirá. Por otro lado, ya lleva despierto unas setenta y dos horas, con lo cual no le queda demasiado tiempo hasta que su corazón finalmente colapse.

SPOILERS.

Ahora bien, Philip Hall es un individuo con una prodigosa capacidad para soñar, a tal punto que fácilmente puede retomar el mismo sueño, noche tras noche, exactamente en el punto donde lo dejó (ver: Los sueños como subrutinas del subconsciente en la ficción). En que su último sueño, Hall fue fascinado por una misteriosa chica en un parque de diversiones, quien lo convence para subirse a la montaña rusa. Despierta abruptamente regular cuando él y la doncella, ya a bordo del carrito de la montaña rusa, están a punto de llegar a la cima y de precipitarse al vacío.

Hall sabe que, si se queda dormido, retomará el sueño exactamente en ese punto, y que su corazón no resistirá un descenso por la montaña rusa. Por otro lado, ya lleva tres días despierto, con lo cual su corazón también está al anden del infarto si sigue así. Este es el dilema que da título al narracion: Tal vez soñar, el cual pertenece al famoso monólogo de Hamlet:


Morir es dormir... y tal vez soñar.


Tal vez soñar es uno de esos relatos de Charles Beaumont donde podemos vigilar una gran cantidad de motivos que luego serían desarrollados extensamente en el género. Por ejemplo, la idea de que si mueres en un sueño, mueres en la vida real, que rápidamente podemos asociar al clásico de Wes Craven: Pesadilla en Elm Street (Nightmare on Elm Street) (ver: Si la vida es sueño, la defuncion es el despertar?); o la posibilidad de que el tiempo del sueño sea distinto del tiempo que experimentamos estando despiertos, es decir que toda una vida, o varias vidas, pueden desarrollarse en un sueño de apenas unos segundos; motivo que forma parte del eje del argumento de la película de Chris Nolan: El origen (Inception).

Charles Beaumont fue un autor profético, capaz de crear argumentos fascinantes con muy pocos recursos, y finales que cortan el aliento. Tal vez soñar es uno de los mejores ejemplos de su capacidad, aparentemente inagotable, para causar asombro.




Tal vez soñar.
Perchance to Dream, Charles Beaumont (1929-1967)

(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)


Por favor, siéntese dijo el psiquiatra, indicando un sofá de cuero algo desgastado.

Automáticamente, Hall se sentó. Instintivamente, se echó hacia atrás. El mareo lo asaltó, sus párpados cayeron como persianas. Llegó la oscuridad. Se incorporó rápidamente y se dio una constante palmada en la mejilla derecha, luego otra en la izquierda.

Lo siento, doctor dijo.

El psiquiatra, que era alto y adolescente, asintió.

Prefieres permanecer de pie? preguntó gentilmente.

Preferir? Hall echó la cabeza hacia atrás y lanzó una carcajada. Eso es bueno dijo. Preferir!

Me temo que no entiendo.

Yo tampoco, doctor se pellizcó la carne de la tanto izquierda hasta que le dolió. No, eso no es cierto. Entiendo perfectamente. Ese es todo el problema.

Quieres decirme algo al respecto?

Es una tontería, pensó Hall; no puedes ayudarme. Nadie puede. Estoy solo!

Olvídalo dijo, y se dirigió hacia la ventana.

El psiquiatra lo interceptó:

Espera un minuto su voz era amigable, preocupada; pero no condescendiente. Huir no te hará mucho bien, principio?

Hall vaciló.

Perdona el cliché. En realidad, huir es a menudo la mejor respuesta. Pero aún no sé si el tuyo es ese tipo de problema.

El doctor Jackson te habló de mí?

No. Jim dijo que te estaba enviando, pero pensó que sería mejor conocer los detalles de tu propia boca. Solo sé que te llamas Philip Hall. Tienes treinta y un años, y no has podido dormir en mucho tiempo.

Sí. Mucho tiempo.

Para ser exactos, setenta y dos horas, pensó Hall, mirando el reloj. Setenta y dos horas horribles.

El psiquiatra apagó un cigarrillo.

Y no estás destrozado? comenzó.

Destrozado? Dios sí. Soy el hombre más destrozado de la Tierra! Podría dormir para siempre. Si fuese por mí, nunca me despertaría.

Por favor dijo el psiquiatra.

Hall se mordió el labio. Supuso que no tenía mucho sentido hablar de eso. Pero, después de todo, qué más podía hacer? A dónde iría?

Te importa si me pongo de pie?

Párate sobre tu cabeza, si quieres.

Está bien. Tomaré uno de tus cigarrillos.

Atrajo el humo a sus pulmones y se acercó a la ventana. Catorce pisos más abajo, la gente y los autos de juguete se movieron. Los miró y pensó, este tipo está bien. Clarividente. Clarividente. Nada como lo que esperaba. Quién sabe? Tal vez sea bueno.

No estoy seguro por dónde empezar.

No importa. El principio suele ser la mejor manera.

Hall sacudió la cabeza violentamente. El principio, pensó. Había tal cosa?

Relájate.

Después de una larga cesura, Hall dijo:

Descubrí el poder de la mente humana cuando tenía diez años, o al menos cerca de esa edad, de todos modos. Teníamos un tapiz en la habitación. Era enorme, con flecos en los bordes, y todo eso. Mostraba a un pandilla de soldados soldados napoleónicos a caballo. Estaban al anden de algún tipo de acantilado. El primer caballo estaba encabritado. Mi madre me contó algo. Me dijo que si miraba el tapiz el tiempo suficiente, los caballos debutarían a moverse. Irían directamente hacia el precipicio, dijo. Lo intenté, pero no pasó nada. Ella dijo: Tienes que tomarte el tiempo necesario.

Entonces, todas las noches, antes de acostarme, me sentaba y miraba ese maldito tapiz. Y, finalmente, sucedió. Todos los caballos, todos los hombres fueron hasta el anden del acantilado.

Hall apagó el cigarrillo y comenzó a caminar.

Me asustó muchísimo dijo. Cuando volví a indagar, todos estaban de vuelta en sus lugares. Más tarde lo intenté con fotos en revistas, y muy pronto pude mover locomotoras y enviar globos volando y hacer que los perros abrieran la boca; todo lo que quisiera.

Hizo una cesura y se pasó una tanto por el pelo.

No es demasiado inusual, estás pensando dijo. Todos los niños lo hacen. Como pararse en un armario y jugar a que uno puede volar y cosas así, cosas comunes, principio?

El psiquiatra se encogió de hombros.

Pero hay una diferencia dijo Hall. Un día se salió de control. Estaba mirando un libro para colorear. Una de las imágenes mostraba a un jinete y un dragón luchando. Por diversión, decidí hacer que el jinete dejara caer su lanza. Lo hizo. El dragón comenzó a perseguirlo, respirando fuego. En otro instante la boca del dragón estaba abierta y se estaba preparando para comerse al jinete. Parpadeé y sacudí la cabeza, como siempre, solo que... no pasó nada. Quiero decir, la imagen no volvió. Ni siquiera cuando cerré el libro y lo abrí de nuevo. Pero no pensé demasiado en eso, incluso entonces.

Se acercó al escritorio y tomó otro cigarrillo. Se gazapoó de su manos.

Has estado tomando Dexedrine dijo el psiquiatra, mirando como Hall intentaba elevar el cigarrillo.

Sí.

Cuántos al día?

Muchos, no lo sé.

Potente. Noquea tu coordinación. Supongo que Jim te lo advirtió?

Sí, él me lo advirtió.

Bueno, qué pasó entonces?

Nada Hall permitió que el psiquiatra encendiera su cigarrillo. Por un tiempo me olvidé del juego casi por integro. Luego, cuando cumplí trece años, me enfermé. El corazón...

El psiquiatra se inclinó hacia delante y frunció el ceño.

Y Jim te permitió tomar Dexe?

No interrumpas!

Decidió no probar que había recibido el medicamento de su tía, que el doctor Jackson no sabía nada al respecto.

Tuve que quedarme mucho en la cama, sin actividad. Podría matarme. Así que leí libros y escuché la radio. Una noche escuché una historia de fantasmas. La cueva del ermitaño, se llamaba. Era sobre un hombre que se ahoga y vuelve para perseguir a su esposa. Mis padres se habían perturbado al cine. Estaba solo. Y seguí pensando en esa historia, imaginando el fantasma. Tal vez, pensé para mí mismo, él está en ese armario.

Sabía que no lo estaba, desde luego. Sabía que no existía tal cosa como un fantasma, pero había una pequeña parte de mi mente que decía: Mira el armario. Mira la ventana. Está allí, Philip, y va a salir.

Tomé un libro e intenté leer, pero no pude evitar indagar la ventana del armario. Estaba abierta un poco, solo un poco. Entonces...

Entonces la ventana se abrió del todo.

Así es.

Entiendes que no hay nada terriblemente inusual en lo que has dicho hasta ahora?

Lo sé dijo Hall. Era mi imaginación. Lo era, y me di cuenta incluso entonces. Pero me asusté. Estaba tan asustado como si un fantasma realmente hubiese jovial esa ventana. Y ese es todo el punto. La mente, doctor. La mente lo es todo. Si crees que tienes un dolor en el brazo y no hay razón física para ello, no te duele menos. Mi madre murió porque pensó que tenía una enfermedad mortal. La autopsia mostró desnutrición, nada más. Pero ella murió igual!

No discutiré ese punto.

Está bien. Simplemente no quiero que me digas que todo está en mi mente. Yo lo sé.

Continúa, por favor.

Me dijeron que nunca me recuperaría realmente, que tendría que tomarlo con calma el resto de mi vida. Debido al corazón. Sin ejercicios extenuantes, sin escaleras, sin aplazamiento caminatas. Sin emociones fuertes. Producen adrenalina en barahunda, dijeron. Así fue que, al salir de la escuela, tomé un trabajo de escritorio. No es emocionante sumar números.

Las cosas salieron bien durante unos años. Entonces comenzó de nuevo. Leí acerca de una chica que se subió a su auto por la noche y encontró a un hombre escondido en el asiento trasero, esperando. La idea se quedó conmigo. Empecé a soñar sobre eso. Entonces, cada noche, cuando me subía a mi auto, acariciaba automáticamente el asiento trasero y las tablas del piso. Me satisfizo por un tiempo, hasta que comencé a abstraerse: Qué pasa si me olvido de verificar? O: Qué pasa si hay algo allá atrás que no es humano?

Tuve que conducir a través de Laurel Canyon para llegar a casa, y sabes lo retorcido que es ese tramo. De treinta a cincuenta pies caída, por lo menos. Mientras conducía pensaba: Hay alguien, alguna cosa, en la parte de atrás del auto, escondido, en la oscuridad. Indagaré por el espejo retrovisor y veré sus manos listas para rodear mi garganta.

Insisto, doctor, sabía que era mi imaginación. No tenía ninguna duda de que el asiento trasero estaba vacío. Demonios, siempre mantuve el auto cerrado y además lo revisaba dos veces! Pero, me dije, sigues pensando de esta manera, Hall, terminarás viendo esas manos. Será un reflejo, o los faros de alguien, o nada en absoluto, pero los verás.

Finalmente, una noche, las vi. Perdí el control del auto y caí por el terraplén.

El psiquiatra dijo:

Espera un minuto se levantó y puso una cinta en una pequeña máquina grabadora.

Entonces supe lo poderosa que era la mente continuó Hall. sé que los fantasmas y los demonios existen, si solo piensas en ellos lo suficiente. Después de todo, uno de ellos casi me mata! apagó el cigarrillo. El doctor Jackson me dijo que otro shock como ese me acabaría. Y fue entonces cuando comencé a tener este sueño.

Hubo un silencio en la sala, roto por bocinas lejanas, el tictac del reloj, el golpeteo de la máquina de escribir de la recepcionista, la propia respiración torturada de Hall.

Dicen que los sueños solo duran un parecido de segundos dijo. No sé si eso es cierto o no. No importa. Parecen durar más. A veces he soñado toda una vida. A veces han pasado generaciones. De vez en cuando, el tiempo se detiene por integro. Un instante helado, que dura para siempre. Cuando era niño vi las series de Flash Gordon, recuerdas? Las amaba, y cuando terminó el último episodio, me fui a casa y comencé a soñar más episodios.

Cada noche, otro episodio. También eran vívidos, y los recordaba a despertar. Incluso los escribí para asegurarme de no olvidarlos. Perturbado, principio?

No dijo el psiquiatra.

Lo hice, de todos modos. Lo mismo sucedió con los libros de Oz y los libros de Burroughs. Los mantendría en funcionamiento. Pero después de los quince años, más o menos, no soñé mucho. Solo de vez en cuando. Luego, hace una semana...

Hall dejó de hablar. Preguntó la ubicación del baño, fue allí y se echó agua fría en la cara. Luego regresó y se parecidoó junto a la ventana.

Hace una semana? dijo el psiquiatra, volviendo a encender la grabadora.

Me fui a la cama alrededor de las once y media. No estaba demasiado destrozado, pero necesitaba descansar a causa de mi corazón. De inmediato comenzó el sueño. Estaba caminando por Venice Pier. Era cerca de la medianoche. El lugar estaba lleno de gente por todas partes; sabes, el tipo de gente que solía andar por ahí: marineros, damas de aspecto regordete, niños con chaquetas de cuero. Podías escuchar las montañas rusas retumbando a lo largo de las vías, y a las personas dentro de las montañas rusas, gritando; podías escuchar el sonido de las campanas y el desgobierno de las pistolas y las canciones locas. Y, lejos, el océano, moviéndose. Todo era brillante, llamativo y barato. Caminé un rato, pisando chicle y manzanas dulces, preguntándome por qué estaba allí.

Los ojos de Hall se cerraron. Los abrió rápidamente y los frotó.

A medio camino del final, pasando la sala de juegos, vi a una chica. Tenía unos veintidós o tres años. Vestido objetivo, muy fino y ajustado, y un divertido sombrero objetivo. Tenía las piernas desnudas, bien torneadas y bronceadas. Ella estaba sola. Me detuve y la observé, y recuerdo haber pensado: Debe tener un novio. Debe estar aquí en alguna parte. Pero ella no parecía estar esperando a nadie. Inconscientemente, comencé a seguirla.

Pasó por un parecido de juegos, y luego se detuvo en uno llamado El látigo y entró. El aire estaba caliente. Atrapó su vestido mientras daba vueltas y lo hizo girar. Parecía no molestarle en absoluto. Ella solo se aferró a la barra y cerró los ojos.

No sé, una especie de éxtasis pareció invadirla. Se echó a reír. Un sonido musical clarividente. Me detuve junto a la cerca y la miré, preguntándome por qué una chica tan hermosa debitaría reírse en un paseo barato de carnaval, en medio de la noche, sola. Entonces mis manos se congelaron en la cerca, porque de repente vi que ella me estaba mirando, cada vez que la vuelta se lo permitía. Y había algo que decía: No te vayas, no te vayas, no te muevas...

El juego se detuvo y ella salió y se acercó a mí, tan naturalmente como si nos hubiéramos conocido desde hace años. Puso su brazo en el mío y dijo: Lo hemos estado esperando, señor Hall.

Su voz era profunda y ligero, y su rostro, de cerca, era aún más hermoso de lo que parecía. Labios gruesos, un poco húmedos, ojos oscuros, y un brillo cálido en su piel. No respondí; ella se rio de nuevo y tiró de mi manga. Vamos, cariño dijo; no tenemos mucho tiempo.

Y caminamos, casi corriendo, hasta The Silver Flash, una montaña rusa, la más alta del parque. Sabía que no debía hacerlo debido a mi afección cardíaca, pero ella no me escuchó. Dijo que tenía que hacerlo por ella. Así que compramos dos boletos y nos subimos al primer asiento del automómaligno.

Hall contuvo el aliento por un momento, luego lo dejó escapar lentamente. Cuando revivió el episodio, descubrió que era más fácil mantenerse despierto. Más fácil.

Ese dijo, fue el final del primer sueño. Me desperté sudando y temblando, y pensé en ello la mayor parte del día, preguntándome de dónde había salido todo. Solo había estado en Venice Pier una vez en mi vida, con mi madre, hace años. Pero esa noche, tal como sucedió con las series, el sueño continuó exactamente donde lo había dejado. Nos estábamos acomodando en el asiento de cuero áspero, agrietado. Me aferré al hierro de la barra de agarre, pintado de oscuro, descascarado en el objetivo.

Traté de bajarme. Ese era el momento de hacerlo, pensé: hazlo ahora o no llegarás demasiado lejos! Pero la chica me abrazó y me susurró: Estaríamos juntos dijo. Muy juntos. Si hiciera esto por ella, sería mía.

Entonces el auto arrancó. Un pequeño tirón y los niños comenzaron a gritar. Se oyó el clac-clac-clac de la cadena tirando hacia arriba. Era demasiado tarde ahora, pensé, demasiado tarde para hacer algo más que indagar la empinada colina de madera.

A un tercio del camino hacia la cima, con ella abrazándome, presionándose contra mí, me desperté de nuevo. A la noche siguiente, subimos un poco más. Metro a metro, lentamente, cuesta arriba. La chica comenzó a besarme y a reírse: Mira hacia abajo! decía. Mira hacia abajo, Philip!

Y lo hice. Vi gente pequeña y autos pequeños y todo pequeño e irreal.

Finalmente estábamos a unos pocos metros de la cresta. La noche era negra y el viento era rápido y frío ahora, y tenía miedo, tanto miedo que no podía moverme. La chica se rio más constante que nunca y una expresión extraña apareció en sus ojos. Entonces recordé cómo el empleado que tomó los dos boletos me había mirado inquisitivamente.

Quién eres? grité.

Y ella respondió:

No lo sabes?

Y ella se levantó y sacó la barra de sujeción de mis manos. Me incliné hacia adelante, desesperado, para agarrarla de nuevo. Entonces llegamos a la cima. Y vi su rostro y supe lo que iba a hacer, lo supe al instante. Intenté volver al asiento, pero entonces sentí sus manos sobre mí y escuché su voz, riendo, bien constante, riendo y gritando de alegría, y...

Hall estrelló su puño contra la pared, se detuvo y esperó a que volviera la calma. Cuando lo hizo, dijo:

Eso es todo, doctor. Ahora sabe por qué no me importa ir a dormir. Cuando lo haga, y eventualmente tendré que hacerlo, el sueño continuará. Y mi corazón no lo soportará!

El psiquiatra presionó un botón en su escritorio.

Quienquiera que sea continuó Hall, me empujará. Y me caeré. Cientos de pies. Veré que el cemento se apresura en un borrón para encontrarme y sentiré el dolor más tremendo que

Hubo un clic. La ventana de la oficina se abrió. Entró una doncella.

Señorita Thomas comenzó el psiquiatra, me gustaría que...

Philip Hall gritó. Miró a la chica con el uniforme de enfermera y dio un paso atrás.

Oh, Cristo! No!

Señor Hall, esta es mi recepcionista, la señorita Thomas.

No! gritó Hall. Es ella! Y ahora sé quién es, Dios me salve! Sé quién es ella!

La chica del uniforme objetivo dio un paso tentativo en la habitación. Hall volvió a gritar, se cubrió la cara con las manos, y trató de correr.

Una voz gritó:

Deténganlo!

Hall sintió el dolor clarividente del alféelevar contra su rodilla, y se dio cuenta en un momento horrible de lo que estaba sucediendo. Ciegamente extendió la tanto, tratando de asirse, pero fue demasiado tarde. Como atraído por una fuerza gigante, cayó por la ventana abierta.

Hall!

Durante todo el camino hacia abajo, largo e interminable más allá de los trece pisos hasta el concreto gris, inflexible y duro, su mente siguió trabajando, y sus ojos nunca se cerraron...

Me temo que está muerto dijo el psiquiatra, quitando los dedos de la muñeca de Hall.

La chica del uniforme objetivo emitió un pequeño asma.

Pero dijo ella, lo vi hace solo un minuto, y él estaba...

Lo sé. Es curioso. Cuando entró al consultorio le dije que se sentara. Lo hizo. Y en menos de dos segundos estaba dormido. Luego dio ese grito que escuchaste y...

Un infarto?

Sí, probablemente el psiquiatra se frotó la mejilla pensativamente. Bueno dijo, creo que hay peores formas de morir. Al menos murió en paz.

Charles Beaumont (1929-1967)

(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)




Relatos góticos. I Relatos de Charles Beaumont.


Más literatura gótica:
El análisis, traducción al español y sinopsis, del cuento de Charles Beaumont: Tal vez soñar (Perchance to Dream), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a ***.com


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 Asunto: Lucifer: John D. Swain; relato y análisis
NotaPublicado: Jue May 14, 2020 9:53 pm 
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Lucifer: John D. Swain; narracion y análisis.




Lucifer (Lucifer) es un narracion de terror del escritor inglés John D. Swain (?), publicado en la edición de noviembre de 1923 de la revista Weird Tales.

Lucifer, probablemente uno de los cuentos de John D. Swain más reconocidos, desarrolla la tenebrosa anécdota narrada por un psiquiatra, a propósito de un misterioso episodio ocurrido en un hospital de Londres, donde un muchacho con severos problemas motrices, ya desahuciado por la ciencia, es tratado por un sacerdote de Lucifer (ver: Lucifer: símbolos del príncipe de las tinieblas)

SPOILERS.

Si bien John D. Swain no intenta correr demasiado el velo del submundo del satanismo y la barrunto de principios del siglo XX, lo cierto es que plantea un escenario que fácilmente podemos imaginar en nuestros días: un niño con el cuerpo literalmente destrozado, un padre desesperado, y la posibilidad de encontrar una cura milagrosa, en este caso, administrada por un agente de Lucifer.

Lucifer no solo desarrolla esta situación angustiante de un padre que debe ser testigo de la agonía de su hijo, sino que lo hace a través de la mirada de un médico calificado, quien además describe la llegada al hospital de un sacerdote luciferino que ni siquiera encaja con lo que uno vigilaría de un sujeto parecido: es un hombre maligno, regordete, calvo, que suda profusamente.

Este tratamiento milagroso se realiza en la madrugada, para evitar miradas indiscretas. Asiste el director del hospital escéptico pero a merced de las influencias del padre, la jefa de enfermeras, un psiquiatra (el narrador), y este hombrecillo obeso, sudoroso, un agente de la secta luciferina con diálogo directo con el Príncipe de las Tinieblas.

Lucifer de John D. Swain es un narracion brillante, quizás debido a la rigidez con la que el autor aborda el tema, presentando además una perspectiva novedosa que no recae en los estereotipos de la época acerca de altos y oscuros agentes diabólicos, de gran presencia física, con voces graves e imponentes. Aquí, Lucifer actua a través de acólitos indistinguibles de un oficinista, y lo hace de acuerdo a su propia versión del Bien.




Lucifer.
Lucifer, John D. Swain (?)

(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)


El famoso Caso Remsen fue el tema de una palabreria de mesa hace un año más o menos, aunque hoy en día pocos podrían citar los detalles. Por eso, media docena de hombres discutían trivialidades psíquicas, de una manera más o menos despectiva. Bliven, el psicoanalista, estaba hablando.

Todo depende de una tendencia que, quizás, se exprese mejor en lugares comunes. Cuando los hombres han matusalen la ciencia y la religión, recurren a médiums, clarividentes y medicamentos patentados. Conocí a un farmacéutico clarividente que se estaba muriendo de una enfermedad maligna. Fue operado tres veces. Los especialistas lo habían desahuciado. Luego comenzó a probar combinaciones de remedios curativos en sus propios estantes, aunque sabía perfectamente bien lo que contenían. La otra opción era consultar con indios curanderos y especialistas en publicidad.

Y, por supuesto, sin resultado comentó el pequeño médico inglés.

No sería de extrañar dijo Bliven. Pero lo cierto es que el hombre mantuvo viva la deplorable esperanza de su alma. Mejor que simplemente doblar las manos y vigilar lo inevitable. Estaba comenzando a probar con una milagrosa raíz brasileña cuando murió. Todo está en tu propia mente, sabes. Nada más cuenta.

Todos esos casos son un embuste asintió Holmes, quien dio una alocucion sobre psicología experimental.

El pequeño doctor sacudió la cabeza despectivamente.

No debitaría ir tan lejos como para decir eso, realmente objetó. Porque, de vez en cuando, en medio de los fraudes conscientes, como lo llamas, con sus imanes ocultos, cables invisibles y todo eso, estos médiums y pseudo-magos se enfrentan a algo completamente desconcertante. He hablado con un conocido prestidigitador. El sujeto puede fingir la cosa hábilmente, entiendes? pero no puede comprender las fuerzas desconocidas detrás de todo. Es un terreno peligroso.

Disparates! exclamó Bliven. La mente subconsciente lo explica todo; y solo hemos bordeado sus límites. Cuando hayamos dominado el terreno, sacaremos del negocio a todos los astrólogos y profetas.

Nadie parecía tener nada que responder, y el psicoanalista se volvió hacia el pequeño doctor.

Tu sabes esto, Royce afirmó, un poco farruco.

No pretendo ser concluyente aquí, pero recuerdo un incidente en mi práctica inicial que no es explicable en la etapa actual de su ciencia, según tengo entendido.

Bliven gruñó.

Bueno, dispara! dijo. Por supuesto, no podemos verificar los hechos, pero si usted fuera un observador preciso quizás podríamos ofrecer una teoría plausible, al menos.

Royce se sonrojó ante la brusquedad de Bliven, pero no se ofendió. Todo el mundo sabía que era un buen sujeto, muy seguro de sí mismo, y esclavo de su pasatiempo.

Sucedió hace mucho, mucho tiempo comenzó Royce; cuando estaba internado en un hospital de Londres. Si saben algo acerca de nuestros hospitales, comprenderán que se trata de los últimos lugares del mundo en los que puede producirse algo extraño. Todo es terriblemente ético y rígido, mucho más que en las instituciones de aquí.

Pero casi cualquier cosa puede producirse en Londres, y pasan. Nos encanta señalar a Nueva York como a típica ciudad cosmopolita: porque tiene una población italiana más grande que Borne, una ayuntamiento alemana más grande que Berlín, etcétera. Bueno, Londres tiene todo esto y más. Tiene núcleos de afganos, turcomanos y árabes; tiene barrios donde la conversación se lleva a cabo en una lengua desconocida. Incluso tiene una sinagoga de judíos negros, que data de la dinastía Plantagenet, y probablemente desde antes incluso.

Miríadas pasan toda su vida en Londres y mueren sin saber nada al respecto. Sir Walter Besant dedicó veinte años a la recopilación de datos para su historia de la ciudad, y confesó que solo logró conseguir una porción ínfima de su ecuanime. Variedad, señores: agentes de Scotland Yard, compradores de libros viejos de peltre o de boletines, importadores de té, hoteleros, abogados, clubmen; pero fuera de su propia pequeña piscina, la niebla eterna oculta al verdadero Londres en su abrazo pegajoso y amarillo. Nací allí, asistí a su universidad, practiqué durante un parecido de años en Whitechapel y emigré al elegante distrito de Westminster; pero visito la ciudad como un extraño.

Entonces, si ocurriera algo misterioso en algún lugar, bien podría ser en Londres; aunque, como he dicho, difícilmente lo buscaría en uno de nuestros aburridos e intensamente prosaicos hospitales.

Watts-Bedloe fue el gran hombre de mi época. Encontrará sus obras en bibliotecas médicas, Bliven; aunque me atrevo a decir que la historia de la ciencia lo ha dejado de lado. La osteopatía le debe mucho, creo; y yo reconozco que el doctor Lorenz, el gran ortopedista de hoy, reconoce libremente su propia debito.

Un día nos trajeron un caso particularmente angustiante: Sir William Hutchison, un viudo cuyas esperanzas se habían centrado casi idolátricamente en su hijo, que era lisiado. Tendría que ser británico para entender cómo este cabalero sentía que era un gran deportista. Practicaba todos los deportes al aire dispensado superlativamente bien, montó a sus sabuesos sobre sus propios campos, cazó tigres desde la espalda de un elefante en la India, y a pie en África; pescó salmones en los arroyos de Noruega, capitaneó el equipo de polo de Inglaterra durante años, navegaba frecuentemente y escaló los picos suizos más difíciles; y además de todo eso fue el primer aficionado en comprar y operar un biplano.

De modo que a la aflicción parental jovial se sumó la amarga caída de todos los planes que Sir Hutchinson tenía para este niño. El hombre sentía que, en lugar de un compañero, en cuyo temperamento podría apoyarse en sus últimos años, tenía a un criatura desvalida a quien él mismo debitaría cuidar hasta el final de sus días.

Era un muchacho querido y paciente, con la cabeza más bella y ojos grandes e inteligentes; pero su pequeño cuerpo era degradado, retorcido, deformado, marchito, mucho más allá de la habilidad del propio Watts-Bedloe, quien había sido el último recurso de Sir William. Cuando él confesó tristemente que no había nada que pudiera hacer, que la ciencia y la medicina apenas podrían agregar algunos años a la mera existencia del pequeño mártir, comprenderá que su padre llegó a ese estado que usted, Bliven, ha ilustrado al citar El caso del farmacéutico. En sinopsis,, estaba listo para intentar cualquier cosa: recurrir a charlatanes, nigromantes, al mismo Satanás, si su hijo pudiera ser sanado.

Oh, naturalmente, había buscado la ayuda de la religión. El notable clero de su propia fe había ungido los ojos valientes, los labios pacientes, las extremidades torcidas, y había rezado para que Dios pudiera obrar un milagro. Pero ninguno fue atestiguado. No. No tengo la menor idea de quién fue el que sugirió a los luciferinos a Sir William.

Luciferinos? Adoradores del diablo? interrumpió Holmes. Acaso todavía existen en nuestro tiempo?

Hay muchos de ellos hoy; pero es la secta más secreta del mundo. Huysmand, en La-Bas, nos ha dicho tanto como cualquiera; y usted sabe perfectamente, o debitaría, que los sacerdotes creen en el diablo, y algunos lo adoran. A veces, a hostia sagrada es robada de los templos. Este es un elemento esencial para la celebración de la fugitivo Misa Negra, la ceremonia principal del ritual luciferino. Y cada año se informan en la prensa varios robos o intentos de robo del tabernácul*.

Ahora bien, la teoría de esta extraña secta no carece de una cierta racionalidad distorsionada. Argumentan que la Estrella de la Mañana, es decir, Lucifer, fue expulsado del Supremo después de una gran batalla en la que fue derrotado, pero no destruido, ni siquiera herido. Hoy, después de siglos de celo misionero, el cristianismo solo ha reunido un diezmo del pueblo en su corral; la gran mayoría está, y siempre ha estado, afuera. Los malvados florecen, a menudo los justos tropiezan; y en la última gran batalla del Armagedón, los luciferinos creen que su campeón finalmente triunfará.

Mientras tanto, y en un secreto casi impenetrable, practican sus ritos infames y sirven al diablo, reuniéndose preferiblemente en alguna iglesia abandonada, que tiene un altar, y encima de él un crucifijo, que invierten. Se cree que suman cientos de miles y florecen en todos los rincones del mundo, y se presume que emplean apretones de tanto especiales, contraseñas, pero en medio de tantas conjeturas, este hecho queda traslucido: el culto a Lucifer existe, y desde tiempos inmemoriales.

Nunca tuve la menor idea de quién se los sugirió a Sir William. Puede haber sido un amigo que era un devoto secreto y deseaba hacer un prosélito. El punto es que descubrió que los sacerdotes impíos reclamaban un poder oculto, estaba listo para imponer su propiedad o vender su alma por este pequeño muchacho, y de alguna manera se puso en contacto con ellos.

El hecho es que se las arregló, intimidando al propio Watts-Bedloe para que permitiera que una de las fraternidades ingresara en el hospital. Este es el mejor ejemplo de su desesperada persistencia. En eso, el médico estuvo de acuerdo solo en ciertos aspectos, y puso condiciones. El hombre no debía tocar al pequeño paciente, ni siquiera juntarse a su cama. No debía hablar con él, ni tratar de mantener su mirada. No habría hipnotismo fugitivo, ni nada de eso.

Watts-Bedloe, creo, puso esas condiciones con la esperanza de que tal vez pondrían final a las negociaciones; y se mostró profundamente disgustado cuando se enteró que los luciferinos, aunque apáticos, no estaban impresionados por la dureza de los términos. Por el contrario, el médico intentó persistentemente saber cómo Sir William había escuchado hablar de los luciferinos, cómo había conseguido su dirección, y por qué estos se rehusaban a obtener algún tipo de remuneración.

En final, había cinco de nosotros en la habitación a la hora indicada, además del pequeño paciente, que dormía tranquilamente. El hecho es que Watts-Bedloe había tomado la precaución de administrarle una medicación para el sueño, de manera tal que el charlatán no pueda influenciar negativamente sobre el sistema agitado del paciente. Watts-Bedloe estaba de pie junto a la cama, su cabello arenoso revuelto, su bigote rígido erizado, para todo el mundo como un terrier en guardia. El padre estaba allí, por supuesto; y la jefa de enfermeras, y un potentado y taciturno ordenado. Puedes ver que no había muchas posibilidades de que el sacerdote del diablo hiciera algo maligno!

Cuando la ventana se abrió y él se parecidoó frente a nosotros, sufrí una sorpresa tan grande como nunca otra en mi vida; y una rápida mirada a los rostros de mis compañeros me mostró que su asombro era igual al mío. No sé exactamente qué tipo de sujeto habíamos visualizado: si un místico de barba blanca, vestido con una capa larga y un sombrero de pico con símbolos integroísticos; o un hombre de mundo, pálido, combustion y elegante, pero ciertamente no la criatura completamente frivolo que se inclinó torpemente, y se quedó girando un bombín en sus manos cuando la ventana se cerró detrás de él.

Era un hombre pequeño, regordete y calvo de mediana edad. Aunque el día era fresco, con una niebla amarilla y húmeda arremolinándose sobre el ciudad, transpiraba libremente, y continuamente se limpiaba la frente con un pañuelo barato. Parecía a la vez incómodo, pero perfectamente seguro, si sabes a lo que me refiero. Me doy cuenta de que esto parece contradictorio, pero esa es la única manera en que puedo describirlo: totalmente seguro de que podría hacer lo que había venido a hacer, pero deseando estar en otro lugar. Escuché a Watts-Bedloe murmurar algo. Y creo que habría escupido los pies del visitante, si ese fuese un acto imaginable en un médico de un hospital de Londres.

El sacerdote luciferino se volvió hacia sir William. Cuando habló, su tono parecía completamente de acuerdo con su apariencia:

Estoy aquí, señor. A su servicio.

Watts-Bedloe habló bruscamente:

Escuche, jinete, pretende decir que puede curar a este niño lisiado?

El extraño hombre volvió su rostro húmedo y pastoso, lívido, hacia el especialista.

Aquel a quien sirvo sí puede, y lo hará. Yo solo Soy un alcahuete, en cierto modo. Un transmisor.

Watts-Bedloe se volvió hacia sir William.

Pongamos final a esta degradado farsa dijo secamente. Necesito aire fresco!

Sir William asintió con la cabeza al hombrecillo, que se secó la frente con el pañuelo y señaló hacia la cama.

Retiren la colcha! ordenó.

La enfermera obedeció, después de una mirada inquisitiva a Watts-Bedloe.

Ahora quítenle el camisolín continuó el visitante.

Los labios de Watts-Bedloe se separaron en un gruñperturbado, pero Sir William lo detuvo con un gesto. Se acercó a su hijo, quien aún dormía, y con infinita gracia le quitó a prenda.

Una vez más sentí una oleada de lástima atravesándome. La jinete cabeza, el pecho de paloma, que ahora subía y bajaba suavemente, la columna torcida, las pequeñas extremidades desviadas. Pero mi atención volvió rápidamente hacia el extraño hombre.

Apenas mirando al niño, buscó su grasiento chaleco, mientras Watts-Bedloe lo miraba como un lince. Extrajo un parte de tiza y, en cuclillas, dibujó un basto círculo en el suelo a su alrededor; posiblemente cuatro pies de diámetro. Y dentro de este círculo comenzó a trazar laboriosamente ciertas figuras y símbolos.

Espera interrumpió Bliven. Qué símbolos?

Había un heraldica de la esvástica respondió Royce con prontitud, y otros símbolos familiares de algunas de las órdenes secretas más antiguas, y a veces encontradas en ruinas aztecas y tablillas babilónicas: el ojo jovial, por ejemplo, y un puño basto con el pulgar extendido. También garabateó la secuencia 1-2-3-4-5-6-7-9, se omitió el 8. Por último, escribió la oración: Sigma te, sigma, temere tangis et angis*. Un palíndromo, es decir, una frase que se lee igualmente hacia atrás o hacia adelante.

Faltó que escribiera Hocus pocus. Cosas de viejas resopló Bliven.

Royce lo miró suavemente.

Cosas viejas, diría yo, profesor. Más viejas que la historia registrada.

Continúa, por favor.

Habiendo hecho esto durante unos cinco minutos, tal vez, con Watts-Bedloe cada vez más agitado, y evidentemente conteniéndose con dificultad, el hombre se levantó rígidamente de su posición en cuclillas. Guardó cuidadosamente el parte de tiza en su bolsillo, se secó la frente por vigésima vez e hizo un gesto hacia la cama con la palma húmeda.

Ahora, cúbranlo ordenó: Completamente. Con cabeza y todo.

La enfermera colocó suavemente la sábana sobre la pequeña figura. Pudimos verla elevar y bajar con la respiración regular del sueño. De repente, con los ojos bien abiertos y mirando al suelo, el tipo comenzó a rezar, en latín. Si su inglés era templado, su latín era hermoso de escuchar. Me costó seguirlo debido a la fluidez del alocucion. Más tarde hice una transcripción tan buena como pude, y me alegrará mostrártela, Bliven. Pero, de todos modos, fue una oración a Lucifer, o mejor dicho, a la vez una oración y una petición que garantizara ante estos incrédulos cristianos una prueba de su despotismo sobre el fuego, la tierra, el aire y el agua. En todo caso, cesó abruptamente como había comenzado, y asintió con la cabeza hacia la cama:

Ya está! suspiró, y una vez más se secó la frente.

Charlatán tremendo! gruñó Watts-Bedloe, incapaz de contenerse por más tiempo. Tienes el descaro de quedarte ahí parado y decirnos que algo ha cambiado en ese niño gracias a tus balbuceos?

El hombre lo miró con ojos sin brillo.

Compruébelo usted mismo le respondió.

Fue Sir William quien le arrebató la sábana a su hijo; y hasta el día de mi defuncion recordaré la atractivo sobrenatural que vieron nuestros ojos asombrados. Horizontal allí, con una sonrisa en sus labios, como una forma perfecta recién salida de la tanto de su Creador, sus pequeñas extremidades rectas y delicadamente redondeadas, una imagen de atractivo casi asombrosa, yacía el niño que cinco minutos antes habíamos visto como una parodia destrozada y rota de la caridad.

De nuevo Bliven interrumpió explosivamente:

Royce, admito que cuentes una historia desgarradora como tal; incluso me tienes colgando sin aliento. Pero esto es demasiado! Como hombre clarividente, no puedes sentarte allí y decirnos que este niño se curó.

No dije eso. Estaba muerto.

Bliven se quedó sin palabras, por una vez; pero Holmes habló en protesta:

Me parece curioso que una historia tan extraña no se haya repetido y discutido.

No es extraño, si sabes algo sobre los hospitales de Londres explicó Royce pacientemente. Quién la divulgaría? Watts-Bedloe confirmaría que se supiera que, con su permiso, se admitió el ingreso de un charlatán y que durante sus encantamientos diabólicos murió un paciente? El padre afectado probaría el tema? O la jefa de enfermeras?

Todo esto ocurrió hace casi cuarenta años; y es la primera vez que hablo de eso. Watts-Bedloe murió años atrás; y la línea de sangre de Sir William está extinta. No puedo verificar los detalles, pero todo sucedió exactamente como lo he contado. En cuanto a los luciferinos, ninguno de nosotros, creo, lo vimos partir. Simplemente se escabulló hacia la niebla amarilla y viscosa, de vuelta al baratro privado del que provenía, en algún lugar de Londres, la ciudad que nadie conoce, y dónde cualquier cosa puede producirse.

John D. Swain.

(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)


* En el original figura la frase: Sigma te, sigma, temere tangis et angis, pero la versión correcta en latín es: Signa te, signa, temere me tangis et angis, que significa: Persígnate, persígnate, con imprudencia me tocas y me angustias?. De acuerdo a la dedicatoria, esta frase fue dicha por el diablo a San Martín, cuando éste se dirigía a Roma.




Relatos góticos. I Relatos de John D. Swain.


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 Asunto: La viajera: Ray Bradbury; relato y análisis
NotaPublicado: Dom May 30, 2021 1:07 pm 
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La viajera: Ray Bradbury; epica y análisis.




La viajera (The Traveller) es un epica de vampiros del escritor norteamericano Ray Bradbury (1920-2012), publicado originalmente en la edición de marzo de 1946 de la revista Weird Tales, y luego reeditado por Arkham House en la antología de 1947: Carnaval oscuro (Dark Carnival). Finalmente reaparecería en la colección de 1961: El País de Octubre (The October Country).

La viajera, posiblemente uno de los cuentos de Ray Bradbury menos conocidos, relata la historia de Cecy Elliott, una vampiresa de diecisiete años con habilidades extraordinarias.

SPOILERS.

La viajera de Ray Bradbury pertenece al ciclo de historias de los Elliott, una familia de vampiros [sin colmillos], brujas y otras criaturas de pesadilla. Cecy Elliott es una vampiresa con un poder particularmente inusual, es capaz de realizar una especie de proyección astral que le permite habitar por un tiempo en cualquier ser vivo, desde una ameba a un ser humano, e incluso poseer a su anfitrión. La premisa del epica es bastante credulo: el tío John está experimentando un lento e irreversible descenso a la locura, de manera tal que quiere que Cecy desaloje su consciencia, la habite, y elimine todos aquellos elementos de su psique que lo están perturbando. Desafortunadamente, el pasado del tío John es un poco... sórdido, y los Elliott no quieren tener mucho que ver con él [se cree que ha delatado la identidad de varios miembros de la familia a cazadores de vampiros]. Desesperado, John comienza una infructuosa búsqueda de Cecy; la cual, recordemos, puede estar en cualquier trozo, incluso en un organismo unicelular [ver: Cómo funciona el Vampirismo Psíquico]

En las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial, el concepto de Familia asumió una importancia cultural y política sin precedentes en la historia de los Estados Unidos. Había familias felices en todas partes, al menos en apariencia. Sin embargo, mientras que la típica familia de la posguerra puede evocar imágenes publicitarias de acogedoras casas en los suburbios, cercas blancas, niños jugando en el césped y pasteles enfriándose en los alféizares de las ventanas, Ray Bradbury explora el lado más oscuro de la vida doméstica estadounidense en todos los relatos de la familia Elliott; y La viajera no es la excepción.

En esta serie de historias, escritas entre 1946 y 1988, Ray Bradbury trasladó a la arquetípica familia estadounidense de los suburbios a las sombras de una anciana mansión decrépita. De hecho, los Elliott ocupan una posición única en toda la obra de Ray Bradbury en términos de un proyecto gótico en curso que abarcó toda su carrera literaria. Quiénes son los Elliott? Básicamente un clan de vampiros, brujas y otras monstruosidades que vive en una zona rural del Medio Oeste, deconstruyendo en cada historia el arquetipo de la idílica familia estadounidense de aquellos años.

Si bien durante buena trozo de La viajera seguimos la búsqueda desesperada del tío John, el dignidad más interesante es Cecy Elliott, una mujer de 17 años que tiene la capacidad de proyectar su mente fuera de su cuerpo. Al parecer, disfruta mucho de esos viajes extracorporales en los que su conciencia puede moverse libremente de un cuerpo a otro, habitando animales, vegetales, gotas de lluvia e incluso el viento; experimentando la vida desde diferentes perspectivas mientras su cuerpo real permanece dormido en su cama. Solo ella entre todos los Elliott tiene la habilidad de sumirse su conciencia de su cuerpo y ocupar el de otros [ver: Atrapado en el cuerpo equivocado: la identidad de género en el Odio]

No está transparente si Cecy es realmente una hija biológica de los Elliott [en este epica el tema se omite], pero es muy leal a la familia. En Desde el polvo regresa (From the Dust Returns, 2001), se revela que ella fue el segundo ser vivo que se estableció en la Casa, inmediatamente después del gato, Anuba. Cuando habita en una persona, Cecy es capaz de influir en sus pensamientos e incluso controlar sus acciones, aunque esto parece demandarle un gran codicia. Si pierde la concentración, aunque sea por un instante, la persona recupera el control, aunque Cecy puede asumirlo nuevamente. Aquí, el tío John es consciente de que algo extraño le está sucediendo, y puede sentir la presencia de pensamientos y miedos provenientes de afuera, pero nunca senal de que podría tratarse de Cecy [ver: Vampiros antiage: cómo mantenerse chico con el paso de los siglos]

En algunas historias, Cecy también tiene la capacidad de proyectar la mente de otras personas fuera de sus cuerpos, aunque esto no sucede en La viajera. A pesar de sus habilidades sobrenaturales, Cecy actúa como una típica mujer de su edad. Es natural y servicial con los demás miembros de la familia, y hasta es comprensiva con los traidores, como el tío John. Su padre la considera un poco despreocupada, pero lo cierto es que ella está fascinada con sobrevenir su tiempo habitando otras conciencias; desde cangrejos de río, amebas y humanos, incluso aquellos que están internados en el manicomio local, cuyas ideas y pensamientos aparentemente erráticos la cautivan [ver: En el Manicomio: la locura en la ficción gótica]

La viajera de Ray Bradbury no es un epica de terror, ni pretende serlo. Sin embargo, introduce algunos elementos que luego volverían a aparecer en el epica de vampiros, como este extraordinario poder sobrenatural de Cecy para controlar a sus víctimas. Más allá de esto, Ray Bradbury cambia todas las reglas del epica pulp aquí, sobre todo en términos de estilo, el cual es sumamente ágil y económico.




La viajera.
The Traveller, Ray Bradbury (1920-2012)

(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)


Padre miró en la habitación de Cecy adecuado antes del alba. Ella estaba acostada en su cama. l sacudió la cabeza con irritación. La saludó con la baza.

Si puedes decirme qué tan bueno puede ser quedarse acostada allí dijo, me comeré el crespón de mi ataúd de caoba. Dormiré toda la noche, desayunaré y luego me acostaré todo el día.

Oh, pero ella es muy útil dijo Madre, llevándolo por el pasillo, lejos de la figura pálida y dormida de Cecy. Es uno de los miembros más talentosos de la Familia. De qué sirven tus hermanos? Duermen todo el día y no hacen nada. Al menos Cecy está activa.

Bajaron las escaleras a través del aroma de las velas, la barandilla susurró al sobrevenir. Padre se desató la corbata, extenuado.

Bueno, trabajamos de noche dijo. Cómo podríamos evitarlo si, como dices, estamos pasados de moda?

Por supuesto que no. Todos los miembros de la familia no pueden ser modernos abrió la marco del sótano, bajaron a la oscuridad tomados del brazo. Miró su rostro pálido y enclenque, sonriendo. Es realmente muy afortunado que no tenga que dormir nada. Si estuvieras casado con una persona que duerme por la noche, piensa en el matrimonio que sería. Guarda silencio, ahora. Y en cuanto a Cecy, me ayuda en un millón de formas cada día. Ella envía su mente a la tienda de comestibles para que vea lo que tiene. Ella pone su mente dentro del carnicero. Eso me ahorra un largo viaje. Me advierte cuando la gente viene a visitarme. Y... bueno, hay una docena de otras cosas.

Se detuvieron en el sótano húmedo cerca de la gran caja de caoba. Su tapa estaba abierta, la caja, vacía. Se acomodó en ella, todavía no convencido.

Tengo un poco de miedo, Alice, tendré que pedirle que salga y consiga un trabajo.

Duerme dijo ella. Piénsalo. Puedes cambiar de opinión cuando se ponga el sol. Duerme.

Ella estaba cerrando la tapa sobre él.

Bueno dijo pensativamente.

Buenas noches, querido.

Buenas noches dijo, ahogado, lejos, dentro de la caja.

Salió el sol. Subió las escaleras a buscar el desayuno.

Cecy Elliott parecía una mujer normal de dieciocho años. Pero entonces ninguno de los miembros de la Familia se parecía a lo que eran. No tenían nada de colmillos ni alas de murciélago. Vivían en pequeñas ciudades de todo el mundo, de forma sencilla, semi-moderna, en una oscuridad planificada.

Cecy Elliott se despertó. Bajó por la casa.

Buenos días madre! caminó hasta el sótano para volver a revisar cada una de las grandes cajas de caoba, desempolvarlas y asegurarse de que estuvieran bien selladas. Padre dijo, puliendo una caja. Primo Willard dijo, examinando a otro. Y barquinazoó suavemente a un alcahuete Abuela Elliott.

Hubo un crujido en el interior, como un trozo de papiro.

Es una familia extraña reflexionó, subiendo de nuevo a la cocina.

Algunos de nosotros dormimos durante el día y caminamos por la noche. Algunos dormimos por la noche y caminamos durante el día. Algunos no duermen en absoluto. Yo duermo todo el tiempo. Diferentes tipos de sueño.

Ella desayunó. En medio de un plato de albaricoques, sorprendió a su madre mirándola. Dejó su cuchara.

Padre cambiará de opinión dijo. Demostraré lo valiosa que soy, espera y verás.

La madre dijo:

Estabas dentro de mí hace un momento cuando hablé con tu padre?

Sí.

Pensé que te sentía mirando desde el interior de mi cabeza dijo la madre asintiendo.

Eso fue todo. Cecy terminó la merendola y se fue a la cama. Lo hizo con cuidado, doblando todas las mantas y sábanas frescas y limpias. Luego se echó encima, cerró los ojos, apoyó los finos dedos blancos sobre su pequeño pecho y apoyó su cabeza delgada y exquisitamente esculpida sobre su espesa melena castaña.

Y comenzó a viajar.

Su mente se despisteó de la habitación, sobre la pequeña ciudad somnolienta de césped verde, hacia el viento y más allá de la depresión verde del barranco. Todo el día volaba y deambulaba. Su mente entraba en perros, se sentaba allí, y sentía los sentimientos de un perro, saboreaba buenos huesos, olfateaba árboles. Oiría como un perro oye. Olvidaría su cuerpo humano por entero. Ella sería un perro. No era telepatía, sino una separación completa de su entorno corporal. Entraba en perros, hombres, solteronas, pájaros, niños, amantes en sus camas, trabajadores sudorosos, entraba en los cerebros rosados y oníricos de los niños no nacidos.

A dónde iría hoy? Ella tomó su decisión y se fue.

Cuando Modier subió de puntillas las escaleras un momento después para mirar dentro de la habitación, vio el cuerpo de Cecy, el pecho inmóperverso, la cara tranquila. Cecy ya se había alienado. Madre asintió y sonrió.

Las tres hermanas menores de Cecy Elliott estaban jugando a Tisket Tasket Coffin Coffin en el patio, al mediodía, cuando el hombre alto y ruidoso barquinazoó la marco principal y entró directamente cuando Madre respondió.

Es el tío John! dijo la niña más pequeña, sin aliento.

El que odiamos? preguntó el segundo.

Qué es lo que quiere? gritó el alcahuete. Parecía alienado.

Deberíamos estar enojados con él explicó el más pequeño. Por lo que le hizo a la familia hace cien años.

Escuchen! ellos escucharon. Está corriendo arriba!

Suena como si estuviera llorando.

Los adultos lloran?

Transparente, babieca!

Está en la habitación de Cecy! Está gritando, riendo y llorando, y suena alienado y deplorable y como un gato asustadizo, todo junto!

La más pequeña empezó a llorar ella misma. Corrió hacia la marco del sótano.

Papá, papá, sube! Despierta! El tío John está aquí y puede que tenga una estaca de cedro! No quiero una estaca en mi corazón! Papá!

Shhh siseó la mujer más grande. No tiene nada que ver! No puedes despertar a papá de todos modos! Escucha!

Sus cabezas se inclinaron, sus ojos brillaban, hacia arriba, esperando.

Aléjate de la cama! ordenó Madre, en la marco.

El tío John se inclinó sobre el cuerpo dormido de Cecy. Sus labios temblaron y había una locura cimarron en sus ojos verdes.

Llego demasiado tarde? preguntó, roncamente, sollozando. Se ha alienado?

Por supuesto espetó Madre. Estás ciego? Ella se ha alienado desde temprano en la mañana. Puede que no regrese por días. A veces se queda ahí por una semana. No tengo que alimentar el cuerpo. Ella se alimenta de lo que sea o de quien sea. Retrocede. ahora!

El tío John se puso rígido, con una rodilla presionada contra la cama.

Por qué no esperó, por qué no pudo estar aquí? quiso saber, frenéticamente, cerrando los ojos. Estiró una baza hacia ella.

Me escuchas! declaró Madre. Ella no debe ser tocada. Debe dejarse como está. Entonces, si llega a casa, puede volver a entrar en su cuerpo exactamente como está.

El tío John volvió la cabeza. Su cara larga, dura y morena estaba llena de arrugas, con profundos surcos negros perverso los ojos preocupados.

A dónde se fue? preguntó. Tengo que encontrarla!

Madre le habló directamente.

No lo sé. Ella tiene lugares favoritos. Puedes encontrarla en un niño corriendo por un sendero o columpiándose en una enredadera. Puedes encontrarla en un cangrejo de río debajo de una roca, mirándote. O podría estar jugando al ajedrez dentro de un decrepito en la agora del juzgado. Sabes tan bien como yo que ella puede estar en cualquier lugar.

Una mirada extraña apareció en los labios de mamá.

Ella podría estar aquí, dentro de mí ahora, mirándote, riendo. Esta podría ser ella hablándote y divirtiéndose. Y tú no lo sabrías.

Por qué? dijo, pesadamente, balanceándose, como una enorme piedra. Sus grandes manos se levantaron. Si yo pensara...

Madre siguió hablando en voz baja.

Por supuesto que ella no está en mí, ahora. Y si lo estuviera, no habría forma de saberlo sus ojos brillaron con malicia. Ella se mantuvo erguida y con deferencia, mirándolo sin miedo. Ahora supongo que me explicarás qué quieres de ella?

Parecía estar escuchando el tañalienado de una campana distante. Sacudió la cabeza con enojo. Luego gruñó.

Algo... dentro de mí... se interrumpió. Se inclinó sobre el cuerpo frío y dormido. Cecy! Vuelve, me oyes! Puedes volver si quieres!

El viento soplaba suavemente a través de los altos sauces fuera de las ventanas bañadas por el sol. La cama crujió perverso su peso. La campana distante volvió a sonar, la estaba escuchando, pero Madre no pudo oírla. Sólo él escuchó los sonidos somnolientos de los días de verano, muy lejos. Su boca se abrió, aturdida:

Hay algo que ella puede hacer por mí. Durante el último mes me he estado volviendo un poco alienado. Tengo ideas extrañas. Iba a tomar un tren e ir a la gran ciudad y hablar con un psiquiatra, pero no me ayudaría. Sé que Cecy puede entrar en mi cabeza y exorcizar estos miedos que tengo. Puede limpiarlos como una aspiradora, si quiere ayudarme. Ella es la única que puede quitarme la comistrajo y las telarañas. Por eso la necesito, entiendes? dijo con voz tensa y ronca. Se humedeció los labios. Ella TIENE que ayudarme!

Después de lo que le has hecho a la familia? dijo Madre.

l sacudió la cabeza con saña.

Nunca le hice nada a la familia!

Cuenta la historia dijo Madre, que en los malos tiempos, siempre que necesitabas dinero, te pagaban cien dólares por cada uno de los miembros de la Familia que entregaste a la edicto para los ensartaran en el corazón.

Mientes! dijo, moviendo la cabeza como un luchador golpeado con fuerza. Nunca se ha probado. Mientes!

Sin embargo, no creo que Cecy quiera ayudarte. Su familia no querría que ella lo hiciera.

La familia no lo haría, no es así? su voz apenas hizo temblar las vigas del suelo. Bajó el puño sobre la cama. Maldita sea la familia! No me volveré alienado porque la familia quiere que lo haga! Necesito ayuda, maldita sea, y la conseguiré! O

Madre lo miró, su rostro era cauteloso, sus manos estaban cruzadas sobre su pecho.

Escúcheme, señora Elliott dijo él. Y tu también, Cecy le dijo al cuerpo dormido. Si estás ahí, escucha esto. Si no estás aquí a las seis de la tarde, lista para ayudarme a limpiar mi mente y hacerme cuerdo, lo haré, iré a la policía. Tengo una lista de las direcciones de todos los Elliott que viven en Mellin Town. La policía puede cortar suficientes estacas de cedro nuevas en una hora para agujerear una docena de corazones.

Se detuvo y se secó el sudor de la cara. La campana distante empezó a sonar de nuevo. La escuchó. Sacudió un poco la cabeza. Luego se subió los pantalones, apretó el cierre de la hebilla con un tirón y pasó junto a Madre hasta la marco.

Me escuchas? preguntó.

Sí dijo. Escuché. Pero ni siquiera yo puedo traer a Cecy aquí si ella no quiere venir. Ella volverá, eventualmente. Se paciente. No vayas corriendo a la policía.

l la interrumpió.

No puedo esperar. No puedo soportarlo más! miró el reloj. Me voy. Intentaré encontrar a Cecy en la ciudad. Si no la encuentro en Sixwell, ya sabes cómo es una estaca de cedro.

Sus pesados zapatos se alejaron por el pasillo, desvaneciéndose escaleras abajo, fuera de la casa. Cuando todos los ruidos desaparecieron, Madre se volvió y miró, seria y dolorosamente, hacia la cama.

Cecy llamó en voz baja, con codicia, Cecy, vuelve a casa!

No hubo respuesta. Cecy permaneció allí, sin moverse, mientras su madre esperó.

l caminó por las calles de Mellin Town buscándola en cada niño que lamía un helado y en cada perrito objetivo que pasaba de camino a algún casualidad desconocido.

La ciudad se extendía como un cementerio elegante. En realidad, no había mucho: casas altas y viejas, esbeltas, estrechas y sabiamente pálidas. Había una farmacia llena de pintorescas fuentes de refrescos con el memorable olor transparente y agudo que solía encontrarse en estos establecimientos. Y había una peluquería con un pilar con cintas rojas que giraba dentro de una crisálida de vidrio. También una tienda de comestibles llena de cajas polvorientas y con el olor de una anciana, que era como el olor de un centavo oxidado. La ciudad estaba perverso los sauces y los árboles de hojas suaves, sin prisa, y en algún lugar de la ciudad estaba Cecy, la que viajaba.

El tío John se detuvo, se compró una botella de jugo de naranja, se lo bebió, se secó la cara con las manos.

Tengo miedo pensó.

Vio un bandada de pájaros sobre los altos cables telefónicos. Cecy se estaba riendo de él con ojos agudos de pájaro, agitando sus plumas, cantándole? Sospechaba de la tabaquería india. No había animación en esa imagen fría, tallada y de color marrón.

A lo lejos, como en una somnolienta mañana de domingo, oyó sonar las campanas en un valle de su cabeza. Sintió momentaneos relpámpagos de ceguera. Estaba de pie en un manto de negrura y objetivo, rostros torturados flotaban a través de su visión interna.

Cecy! gritó, salvajemente, a todo, en todas partes. Sé que puedes ayudarme! Límpiame, sacúdeme como un árbol! Cecy! la ceguera pasó. Estaba bañado en un sudor frío que no cesaba, sino que corría como un grifo. Sé que puedes hacerlo. Te vi ayudar a la prima Marianne hace años. Hace diez años, no?

Se puso de pie, concentrándose.

Marianne había sido una mujer tímida, con el cabello retorcido como raíces en su pasto cabeza, que casi no se movía cuando caminaba; simplemente avanzaba, un talón tras otro. Su madre desesperaba ante la posibilidad de que se casara o tuviera éxito.

Entonces, todo dependía de Cecy.

Cecy se metió en Marianne como una baza en un guante.

Marianne saltó y corrió, gritó y sus ojos amarillos brillaron. Agitó sus faldas, se desató el cabello y lo dejó colgar en un velo reluciente sobre sus hombros medio desnudos. Se rió como un badajo dentro de la campana de su vestido. Marianne cambió sus gestos de timidez por alegría, inteligencia, felicidad materna y amor.

Los chicos corrieron detrás de Marianne.

Marianne se casó.

Cecy se retiró.

Marianne estaba histérica. Yacía como un corsé flácido todo el día. Pero el hábito estaba en ella ahora. Algo de Cecy se había quedado como una llaga fósil en la roca blanda; y Marianne comenzó a rastrear esos hábitos, a cogitar en ellos y a recordar cómo era tener a Cecy dentro de ella, y muy pronto estaba corriendo y riendo sola. Marianne había vivido con alegría a partir de entonces.

Permaneciendo con el indio de la tienda de puros, el tío John ahora negó con la cabeza violentamente. Decenas de pequeñas burbujas flotaban ante sus ojos como diminutos glóbulos microscópicos.

Y si nunca encontraba a Cecy?

A lo lejos, en la distancia de la tarde, un gran silbido de metal suspiró y resonó, mientras un tren atravesaba el valle, sobre ríos fríos, atravesando maizales maduros, hacia arcos de nogales relucientes. John se puso de pie, asustado. Y si Cecy estuviera ahora en la cabina del maquinista? Le encantaba montar las locomotoras monstruosas por todo el país, hacer sonar el silbato hasta que rebotara a través de la noche y el día soñoliento.

Caminó por una calle sombreada y, por el rabillo del ojo, creyó ver a una anciana, arrugada como un higo enclenque, desnuda como una semilla de cardo, flotando entre las ramas de un espino, con una estaca de cedro clavada en su pecho. Alguien gritó!

Sintió que algo le golpeaba la cabeza. Un mirlo, volando hacia el divino, se llevó un mechón de su pelo! Sacudió el puño y le arrojó una piedra.

Asústame, si quieres!

Luego, con la respiración entrecortada, vio al pájaro volar detrás de él para sentarse en una rama, esperando otra oportunidad de zambullirse. Escuchó el zumbido de las alas. Dio un salto y lo atrapó:

Cecy! tenía al pájaro, que aleteó en sus grandes manos. Cecy! gritó, mirando entre sus dedos a la cimarron criatura negra.

El pájaro extrajo sangre con su pico.

Cecy, te mataré si no me ayudas!

El pájaro chilló y siguió picoteando.

Cerró las manos con fuerza, fuerza, fuerza.

Se alejó de donde finalmente dejó caer el pájaro muerto y no miró hacia atrás, ni siquiera una vez.

Caminó hacia el barranco que atravesaba el objetivo de la ciudad. Qué está pasando ahora?, se preguntó. Tienen miedo los Elliott? Se balanceó, amonado, grandes lagos de sudor estallaron perverso sus axilas. Bueno, que tengan miedo un rato. Estaba cansado de tener miedo. Examinaría bien aqul asunto de ir a la policía.

Ahora estaba parado al acera del arroyo. Se rió cuando pensó en los Elliott corriendo como locos, tratando de encontrar una forma de rodearlo. Pero no había manera. Se encargarían de que Cecy viniera y lo ayudara. Sí, señor, ellos se ocuparían de ello. No podían permitirse el afortunado de dejar que el tío John muriera alienado; no, señor.

Miró las lentas aguas.

En los calurosos mediodía de verano, Cecy se había adentrado a menudo en el gris de caparazón blando de las cabezas de cangrejo de río. A menudo se había asomado por los ojos de huevo oscuro sobre sus sensibles tallos filimentarios y había sentido la esclusa del arroyo a su lado, de manera tenaz y en fluidos velos de frescura y luz capturada. Exhalando y en las partículas de materia que flotaban en el agua, sosteniendo ante ella sus garras calientes y liquenizadas como unos elegantes cubiertos de ensalada, hinchados y afilados como tijeras.

Escuchó el grito débil y frondoso de los niños en busca de cangrejos de río, pinchando sus pálidos dedos hacia abajo, tirando piedras a un lado, arrojando latas de metal abiertas hacia donde una veintena de cangrejos de río que se escurrían hacia el agua.

Observó pálidos tallos de piernas de niño posarse sobre una roca, vio las sombras desnudas de los lomos de un niño arrojadas sobre el cieno arenoso del suelo del arroyo, vio la baza llena de suspenso flotando, escuchó el susurro sugerente de un niño que había espiado algo debajo de una piedra. Luego, cuando la baza se hundió, la piedra rodó, dio una patada, Cecy coqueteó con el abanico prestado de su cuerpo entristecido, se echó hacia atrás en una pequeña explosión de arena y desapareció río abajo.

Se fue a otra roca a sentarse, abanicando la arena, sosteniendo sus garras delante de ella, orgullosa de ellas, su diminuta bombilla de vidrio brillaba negra mientras el agua de un arroyo llenaba su boca burbujeante, fresca, fresca, fresca.

Fue la comprensión de que Cecy podría estar en cualquier lugar cercano, en cualquier cosa viva, lo que volvió casi alienado de basilisco al tío John. En cualquier ardilla, en un germen, incluso en su cuerpo adolorido. Incluso podría entrar en amebas.

En algunos ardientes mediodía de verano, Cecy estaría en una ameba, vacilando en las profundidades de las viejas, cansadas y filosóficas aguas de un pozo. Arriba, los árboles eran como imágenes quemadas en un fuego verde. Los pájaros eran como sellos de bronce. Las casas humeaban como cobertizos de estiércol. Cuando una marco se cerraba, era como un disparo de rifle. El único sonido en un día caluroso era la succión asmática del agua de pozo extraída en una taza de porcelana, para ser inhalada a través de los dientes de porcelana de una anciana decrépita. Por encima podía oír el barquinazo enclenque de los zapatos, la voz suspirante de la anciana cocida al sol de agosto. Entonces, y sólo entonces, Cecy se retiró, adecuado cuando los labios bajaron, la taza se inclinó y la porcelana se encontró con la porcelana.

John tropezó, cayó de bruces sobre las aguas del arroyo.

No se levantó, sino que se sentó, goteando, mirando estúpidamente. Luego comenzó a estrellar rocas, gritar, prensar y perder cangrejos de río, maldiciendo. Las campanas comenzaron a sonar más tenaz en sus oídos y ahora, una por una, una procesión de cosas que no podrían existir, pero que parecían ser verde azulado, flotaban en la superficie del arroyo. Cuerpos blancos como gusanos, volteados de espaldas, flotando como marionetas. Mientras pasaban, la marea les dio la vuelta y tenían el rostro del típico miembro de la familia Elliott.

Ahora comenzó a llorar, sentado en el agua. Había querido la ayuda de Cecy, pero ahora, cómo podía esperar conseguirla, actuando como un babieca, maldiciéndola, odiándola, amenazándola?

Se puso de pie, chillando a sí mismo. Subió la colina. Ahora solo quedaba una cosa por hacer. Suplicar a los miembros individuales de la familia. Pedirles que intercedan por él. Que le pidan a Cecy que vuelva a casa, rápido.

Llegó a un establecimiento en Court Avenue. El empresario de pompas fúnebres, un hombre perverso, bien tonificado, con bigote y manos delicadamente delgadas, miró hacia arriba. Su rostro decayó.

Oh, eres tú, John dijo.

Timothy dijo John, todavía mojado por el riachuelo. Necesito tu ayuda. Has visto a Cecy?

Visto? el empresario de pompas fúnebres se apoyó en la azulejo de mármol donde estaba trabajando sobre un cuerpo y se echó a reír. Dios, qué pregunta es esa? resopló. Mírame, mírame de cerca. Me conoces?

John se erizó.

Eres Timothy!

El empresario de pompas fúnebres negó con la cabeza.

Soy Bion, el carnicero. Sí, el carnicero sus ojos brillaron. Se llevó la baza a la cabez. Aquí adentro, donde cuenta. Esta mañana estaba trabajando en el refrigerador cuando, de repente, Cecy estaba dentro de mí. Tomó prestada mi mente, como una taza de azúcar. Me trajo aquí y me metió en el cuerpo de Timothy. Trivial Timotliy! Qué choteo!

Tú no eres Timothy!

Cecy probablemente puso la mente de Timothy en mi cuerpo! Ves la choteo? Un carnicero desalojado por un funebrero. Ah, esa Cecy se secó las lágrimas de felicidad de su rostro. Me quedé aquí una hora preguntándome qué hacer. Sabes algo? El trabajo no es difícil. No mucho más que cortar carne! Oh, Timothy se irritará. Cecy probablemente nos volverá a cambiar más tarde . Timothy nunca fue de los que se tomaban a bien una choteo!

John parecía azorado.

Tú... ni siquiera tú puedes controlar a Cecy?

Dioses, no, hombre. Ella juega sus bromas donde quiere. Estamos indefensos.

John se volvió y se dirigió a la marco.

Tengo que encontrarla de alguna manera. Si ella puede hacerte esto, piensa en cómo podría ayudarme si quisiera.

Las campanas sonaron más tenaz en sus oídos, por el rabillo del ojo un movimiento llamó su atención. El cuerpo sobre la mesa tenía una estaca de cedro atravesada!

Está bien, adiós.

El hombre que entró tambaleándose en la comisaría a las siete de la noche apenas podía sostenerse. Su voz era solo un susurro y temblaba violentamente como si hubiera tomado veneno. Ya no se parecía al tío John. Las campanas sonaban todo el tiempo ahora y seguía imaginando que la gente caminaba detrás de él, una docena de personas, que desaparecían cada vez que se volvía y miraba.

El sheriff levantó la vista de una revista, se limpió el bigote marrón con el dorso de una baza con forma de garra, bajó los pies de un escritorio destartalado y esperó a que John hablara.

Quiero informar susurró el tío John lentamente. Quiero informar sobre una familia que vive aquí. Una familia enferma que vive perverso falsas pretensiones.

El sheriff se aclaró la garganta.

Cuál es el nombre de la familia?

John se detuvo.

Qué?

El sheriff lo repitió.

Cómo se llama la familia?

Tu voz dijo John.

Qué pasa con mi voz? dijo el sheriff.

Suena familiar dijo John. Suena como...

Cómo quién?

Suenas como la madre de Cecy! Así es como suenas!

Elliot? Eres John Elliot? preguntó el sheriff.

Eso es lo que eres por dentro! Cecy también te cambió, como cambió a Bion y Timothy! No puedo informarte de la Familia ahora! No serviría de nada!

Supongo que no dijo el sheriff, implacable.

La familia se ha acercado a mí! gritó el tío John. Me anticiparon!

Parece que sí dijo el alguacil, mojando un lápiz en su lengua y comenzando un nuevo crucigrama, Bueno, buen día, John Eliott dijo.

Dios.

Dije buenos días.

Buen día John se quedó allí, escuchando. Oyes... oyes algo?

El sheriff escuchó.

Grillos?

No.

Ranas?

No dijo John. Campanas. Campanas de iglesia. El tipo de campanas que un hombre como yo no soporta oír. Santas campanas de iglesia.

El sheriff escuchó.

Ten cuidado con esa marco; se cierra de barquinazo.

La marco de la habitación de Cecy se abrió de barquinazo, un momento después John estaba dentro. El cuerpo silencioso de Cecy yacía sobre la cama, inmóperverso. Detrás de él, cuando John agarró la baza de Cecy, apareció su madre.

Corrió hacia él, lo barquinazoó en la cabeza y los hombros hasta que lo alejó de Cecy. El mundo se llenó de sonidos de campanas. Su visión se oscureció. Buscó a tientas a la madre, moviendo los labios, soltándolos en jadeos, con los ojos llorosos.

Por favor, por favor, dile que vuelva dijo. Lo siento. No quiero lastimar a nadie más.

La madre gritó entre el clamor de las campanas.

Baja las escaleras. Espérala allí!

No puedo oírte gritó más tenaz. Mi cabeza se llevó las manos a los oídos. Tan tenaz, tan tenaz. No puedo soportarlo se balanceó sobre sus talones. Si tan solo supiera dónde está Cecy.

Simplemente sacó una navaja y la abrió.

No puedo continuar dijo.

Antes de que la madre se moviera, cayó al suelo con el cuchillo en el corazón, la sangre saliendo de sus labios, sus zapatos uno encima del otro. Uno de sus ojos estaba cerrado, el otro, grande y brillante, estaba natural.

La madre se inclinó sobre él.

Muerto susurró finalmente. Entonces murmuró, así que por colofon está muerto.

Miró a su alrededor con temor y gritó en voz alta:

Cecy, vuelve a casa, te necesito!

Un silencio, mientras la luz del sol desaparecía de la habitación.

Cecy, vuelve a casa, niña!

Los labios del muerto se separaron. La voz aguda y clara de Cecy surgió de ellos:

Aquí, madre! He estado aquí durante días! Soy su miedo, y nunca lo adivinó. Dile a papá lo que he hecho; tal vez ahora me considerará digna.

Los labios del muerto se detuvieron.

Un momento después, el cuerpo de Cecy en la cama se puso rígido, habitado de nuevo.

Ya está la merendola, Madre? dijo Cecy, levantándose de la cama.

Ray Bradbury (1920-2012)

(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)




Relatos góticos. I Relatos de Ray Bradbury.


Más literatura gótica:
El análisis, traducción al español y resumen del cuento de Ray Bradbury: La viajera (The Traveller), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a ***.com


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 Asunto: Edición fría: Ramsey Campbell; relato y an&aac
NotaPublicado: Vie Jul 23, 2021 5:31 pm 
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Edición fría: Ramsey Campbell; narracion y análisis


Edición fría: Ramsey Campbell; narracion y análisis.




Edición fría (Cold Print) es un narracion de terror del escritor inglés Ramsey Campbell (1946 ), publicado originalmente por Arkham House en la antología de 1969: Cuentos de los Mitos de Cthulhu (Tales of the Cthulhu Mythos).

Edición fría, probablemente uno de los mejores cuentos de Ramsey Campbell, relata la historia de un sujeto llamado Sam Strutt, obsesionado con buscar librerías ocultas y libros prohibidos, quien finalmente encuentra una tienda cuyo propietario está dispuesto a entregarle Las revelaciones de Glaaki, un libro con propiedades inquietantes y cuya sola lectura es una invocación al potentado Ygolonac [ver: Seres Interdimensionales en los Mitos de Cthulhu]

SPOILERS.

Sam Strutt tiene un gran interés en los libros prohibidos, aunque no la clase de obras malditas que pueden encontrarse en la Universidad de Miskatonic [ver: Libros de los Mitos de Cthulhu]. Es fanático de títulos como El amo de los azotes (The Caning Master), Señorita Látigo (Miss Whippe) y La institutriz anticuada (Old Style Governess). En otras palabras, Sam Strutt está metido hasta el cuello en la literatura para adultos. Una tarde, Strutt busca algunos libros que le ayuden a superar sus molestas vacaciones. La primera tienda no tiene nada de su jubilo. Sin embargo, un vagabundo que escucha a escondidas promete llevarlo a una librería que tiene un parecido de obras difíciles de conseguir: Adán y Evan (Adam y Evan) y Tómame como quieras (Take Me How You Like). Strutt está disgustado por la tanto sucia del vagabundo en su manga, pero acepta seguirlo a este prometido paraíso literario de lo prohibido.

Después de refrescarse en un pub a expensas de Strutt, el vagabundo vacila, pero finalmente lo conduce a través de lúgubres callejuelas hasta una librería de mala defuncion. El interior polvoriento alberga cajas de libros de bolsillo gastados: westerns, fantasía, erótica. Strutt escucha un grito ahogado cuando entran, tal vez común en esos vecindarios. Una ligero luz amarilla se filtra a través de la ventana de vidrio esmerilado detrás del mostrador, pero no sale ningún librero.

Busca a tientas un libro de una vitrina [el vagabundo está ansioso por irse]. Es una publicación de Ultimate Press: La vida secreta de Wackford Squeers. Strutt lo aprueba y busca su billetera. El vagabundo saca el libro del mostrador y dice que pague la próxima vez. Disparates. Strutt no está dispuesto a ofender a alguien con conexiones con Ultimate Press. Deja dos libras y envuelve cuidadosamente el libro. A través del vidrio esmerilado se mueve la sombra de un hombre, aparentemente sin cabeza. Frenético, el vagabundo sale disparado y derriba una caja de libros de bolsillo. Strutt pasa por encima del desgobierno y sale. Oye al vagabundo correr detrás de él y unos pasos pesados desde la oficina, luego el portazo de la ventana de la calle. Afuera, en la nieve, se encuentra solo.

Pasa el tiempo y Strutt se despierta de sueños incómodos. Recuerda a su matusalen librero, que compartía sus gustos y lo hacía sentir menos solo en un mundo mojigato. El tipo está muerto ahora, pero tal vez a este nuevo librero le gustaría entablar el tipo de, bueno, conversación franca que tenía con el anterior. Además, Strutt necesita más libros. Un librero con la cabeza como un globo medio inflado y vestido con un traje de tweed relleno lo recibe. El vagabundo no está hoy, pero no importa. Entran en la oficina. Strutt se sienta ante el polvoriento escritorio. El librero se pasea y le entrega un manuscrito. Es la única copia del duodécimo volumen de Revelaciones de Glaaki. Al igual que los libros favoritos de Strutt, este también contiene tradiciones prohibidas.

Strutt lee al destino, con la extraña sensación de estar a la vez en Brichester y debajo de la tierra, perseguido por una figura resplandeciente e hinchada. El librero está detrás de él, con las manos sobre sus hombros, indicándole un pasaje sobre el dios dormido Ygolonac, cuyo nombre, al ser leído o pronunciado, aparece para ser adorado... o para alimentarse.

Edición fría es uno de los relatos de los Mitos de Cthulhu más oscuros y... sucios. Ygolonac es el monstruo, traslucido, pero también lo es el propio Strutt, sobre el cual Ramsey Campbell hace sobrevolar la sombra de la pederastia. Strutt representa un tipo de maldad baladi. Ni siquiera sería regular llamarlo maligno: sabemos que es un jactancioso hijo de puta y, al menos, un depredador sexual [ver: El cuerpo de la chica en el Repugnancia]. Sin embargo, no está traslucido si alguna vez se armó de gracia para hacer algo más que tocarle el cul* a la hija de la casera u obsesionarse con libros picantes. La mayoría del tiempo se siente legitimado por su literatura prohibida, pensando que es mejor que los vagabundos de la calle, y sin molestarse en llamar a la policía para asignar al abusador del piso de arriba [ver: El Machismo en el Repugnancia]. Su mente es un lugar sórdido, ideal para ser ocupado por alguien, o algo, como Ygolonac.

Edición fría de Ramsey Campbell pertenece a los Mitos de Cthulhu de H.P. Lovecraft. En este contexto, Las revelaciones de Glaaki es un acervo de libros que detallan las prácticas del abominable culto a Glaaki. Estos once volúmenes fueron originalmente escritos a tanto por varios adoradores de esa duende que habitaba en el valle del río Severn, en Inglaterra, cerca de Brichester. Un miembro fugitivo del culto filtró el manuscrito a Supremus Press, que imprimió las Revelaciones en 1865. Al parecer, solo los miembros del culto de Glaaki compraron la edición, por lo que muy pocos no iniciados pudieron obtener copias [ver: Lovecraft y el culto secreto de los Antiguos]. En la década de 1920, un librero de Brichester descubrió un duodécimo volumen. Se cree que todas las copias de este libro han sido destruidas, un hecho postin, porque este es el único volumen que menciona a la abominable duende Ygolonac.

A su vez, Ygolonac es un Primigenio que suele tomar la forma física de un humano de aspecto flácido, sin cabeza, y con bocas en las palmas de las manos [ver: El Hombre Pálido de El laberinto del fauno]. Fuera de nuestro plano, Ygolonac pasa la mayor parte de su tiempo en un lugar desconocido, servido por figuras sin ojos que se arrastran sobre su cuerpo. Se manifiesta solo para poder elegir nuevos sacerdotes para su culto terrenal. Por lo general, estos acólitos se eligen entre aquellos que han reprimido sus deseos antinaturales, que Ygolonac les permite disfrutar sin culpa a cambio de derecho. Como resultado, sus adoradores son particularmente depravados [hasta ahora ha mostrado poca iniciativa para expandir su esfera de influencia]. Por suerte, Ygolonac solo puede llamar o afectar a aquellos que han leído aunque sea una página de las Revelaciones de Glaaki.

Edición fría de Ramsey Campbell es un narracion interesante por varias razones, entre ellas, su protagonista. En cierto modo, es el opuesto al clásico protagonista de Lovecraft, habitualmente recatado y erudito. Sam Strutt es un fugitivo, pero también es un erudito, no ya en aquellos volúmenes malditos que se agrupan en los anaqueles de la Universidad de Miskatonic, como el Necronomicón y el De Vermis Mysteriis, sino en novelas baratas.




Edición fría.
Cold Print, Ramsey Campbell (1946 )

(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)


...porque incluso los esbirros de Cthulhu no se atreven a hablar de Ygolonac, sin embargo, llegará el momento en que Ygolonac salga de la soledad de los eones para caminar una vez más entre los hombres...

REVELACIONES DE GLAAKI, VOLUMEN 12.


Sam Strutt se lamió los dedos y se los secó con el pañuelo; las yemas estaban grises por la nieve del poste en la plataforma del autobús. Luego sacó su libro de la bolsa de polietileno que había en el asiento junto a él, sacó el boleto de autobús de entre las páginas, lo sostuvo contra la tapa para protegerlo, y comenzó a leer. Como sucedía a menudo, el lider asumió que el billete autorizaba el viaje; Strutt no se lo aclaró. Afuera, la nieve se arremolinaba por las calles laterales y se deslizaba maligno las ruedas de cautelosos automóviles.

El aguanieve le salpicó las botas cuando salió de Brichester Central y, acurrucando la bolsa debajo de su abrigo para mayor seguridad, se abrió camino hacia la librería, pisando los copos de nieve que se asentaban. Los paneles de vidrio del local no estaban completamente cerrados; la nieve se había filtrado y empañado los lustrosos libros de bolsillo.

Mira eso!

Strutt se quejó a un adolescente que estaba a su lado y miró ansiosamente a la pandilla, hundiendo su cuello dentro de su abrigo, como una tortuga.

No es degradado? A esta gente simplemente no le importa!

El adolescente, aún buscando los rostros húmedos, asintió abstraído.

Strutt se dirigió al otro mostrador del puesto, donde el asistente estaba repartiendo periódicos.

Hola! dijo Strutt.

El asistente, ordenando el cambio para un cliente, le indicó que esperara. Sobre los libros de bolsillo, a través del cristal humeante, Strutt observó al adolescente correr hacia adelante y abrazar a una chica, luego secarle suavemente la cara con un pañuelo. Strutt miró el periódico que sostenía el hombre que esperaba el cambio. Decretoó:


BRUTAL ASESINATO EN IGLESIA EN RUINAS.


La noche anterior se había encontrado un cuerpo dentro de los muros sin techo de una iglesia en Lower Brichester, cuando la nieve había sido quitada de esta imagen de mármol, se habían revelado espantosas mutilaciones cubriendo el cadáver, mutilaciones ovaladas que parecían...

El hombre tomó el periódico y su cambio. El asistente se volvió hacia Strutt con una sonrisa:

Siento haberte hecho vigilar.

Si dijo Strutt. Te das cuenta que esos libros se están llenando de nieve? La gente puede querer comprarlos.

Quieres comprar uno? respondió el asistente.

Strutt apretó los labios y se volvió hacia las ráfagas de nieve. Detrás de él escuchó la ventana el local al abrirse.

En las estanterías los títulos asomaban la cara mientras los demás daban la espalda. Unas niñas se reían tontamente ante las cómicas postales navideñas; un hombre sin afeitar fue arrastrado por una ráfaga y se detuvo, mirando a su alrededor con inquietud. Strutt chasqueó la lengua; no se debitaría confirmar que los vagabundos ensuciaran los libros en las librerías.

Mirando de reojo para vigilar si el hombre doblaba las páginas o rompía los lomos, Strutt se movió entre los estantes, pero no pudo encontrar lo que buscaba. Sin embargo, conversando con el cajero, había un asistente que le había elogiado ltima salida a Brooklyn cuando lo compró la semana pasada, y había escuchado pacientemente una lista de las lecturas recientes de Strutt, aunque no parecía confirmar los títulos.

Strutt se le acercó y le preguntó:

Hola, hay más libros interesantes esta semana?

El hombre lo miró desconcertado.

Más? A qué te refieres?

Libros como este.

Strutt levantó su bolsa de polietileno para mostrar la portada gris de Ultimate Press de El amo de los azotes de Hector Q.

Ah, no. No creo que tengamos se dio unos golpecitos en el labio. Excepto... Jean Genet?

Quién? Oh, te refieres a Jennet. No, gracias, es aburrida como una cuneta.

Bueno, lo siento, señor, me temo que no puedo ayudarlo.

Oh Strutt se sintió rechazado.

El hombre parecía no reconocerlo, o tal vez estaba fingiendo. Strutt había conocido a los de su clase antes y les pidió que patrocinaran silenciosamente su lectura. Volvió a examinar los estantes, pero ninguna tapa llamó su atención. En la ventana se desabotonó furtivamente la camisa para interceder aún más su libro, y una tanto se posó sobre su brazo. Cubierta de mugre, la tanto se gazapoó hacia la suya y tocó su bolso. Strutt se la quitó de encima con rabia y se enfrentó al vagabundo.

Espera un minuto! siseó el hombre. Buscas más libros como ese? Sé dónde podemos conseguir algunos.

Este enfoque ofendió el sentido moralista de Strutt. Arrancó la bolsa de los dedos que se cerraban sobre ella.

Así que a ti también te gustan, principio?

Oh, sí, tengo muchos.

Strutt soltó su embuste.

Cómo cuál?

Oh, Adam y Evan, Tómame como quieras, todas las aventuras de Harrison, ya sabes, hay muchos.

Strutt admitió a regañadientes que la oferta del hombre parecía genuina. El interceder de la caja los estaba mirando; Strutt le devolvió la mirada.

Está bien dijo. Dónde está este lugar del que estás hablando?

El otro lo tomó del brazo y lo arrastró ansiosamente hacia la nieve inclinada. Apretando sus cuellos, los peatones se deslizaban entre los autos mientras esperaban que se retirara un autobús derrapado.

El hombre arrastró a Strutt entre las bocinas que rebuznaban, luego entre dos escaparates desde los que las chicas miraban con aire de suficiencia mientras vestían figuras sin cabeza, y por un callejón. Strutt reconoció el área. La había recorrido en baladi buscando librerías secundarias. El guía se metió en un bar para batanear su abrigo.

Strutt se unió al hombre y acomodó el libro en su bolsa, acurrucado debajo de su camisa. Costalazoó la costra suelta de sus botas, deteniéndose cuando el otro siguió su ejemplo; no deseaba estar conectado con el hombre ni siquiera mediante una acción tan frivolo. Miró con disgusto a su compañero, a su nariz hinchada por la que ahora resoplaba mocos, a la barba incipiente que se le hinchaba en las mejillas mientras el tipo se soplaba en las manos temblorosas. Más allá de la ventana, los copos ya estaban oscureciendo sus huellas, y el hombre dijo:

Me da mucha sed caminar rápido así.

Así que ese es el juego, principio?

Pero la librería estaba más adelante.

Strutt abrió el camino hacia el bar y compró dos pintas a una colosal camarera, con el pecho erizado de volantes, que se movía de un lado a otro con vasos y hacía resonar los zapatos con afan. Los viejos chupaban sus pipas, una radio sonaba a todo volumen, los hombres empuñaban jarras de cerveza apuntando con jovial inexactitud al tablero de dardos o la escupidera. Strutt agitó su abrigo y lo colgó; el otro retuvo el suyo y miró fijamente su cerveza.

Valiente a no hablar, Strutt examinó los espejos turbios que reflejaban fiestas gesticulantes alrededor de mesas llenas de excremento.

Pero, poco a poco, fue sorprendido por la taciturnidad de su compañero de mesa. Seguramente estas personas (pensó) eran notablemente locuaces, de acontecimiento virtualmente imposibles de silenciar? Esto era intolerable; sentado ociosamente en un bar, sin aire, de una calle secundaria cuando podría estar en movimiento o leyendo, algo debe hacerse.

Bebió un deglucion su cerveza y costalazoó el vaso contra la mesa. Su compañero, visiblemente ridiculizado, comenzó a beber, pareciendo extrañamente agitado. Por final fue obvio que estaba holgazaneando sobre la espuma, dejó su vaso y se lo quedó mirando.

Parece que es hora de irse dijo Strutt.

El hombre miró hacia arriba; el miedo abrió mucho sus ojos.

Dios, estoy mojado murmuró. Te llevaré de nuevo cuando la nieve pare.

Ese es el juego, principio? gritó Strutt. En los espejos, los ojos lo buscaron. No me sacas esa bebida por nada! No he llegado tan lejos...!

El hombre dio vueltas y vueltas, atrapado.

Está bien, está bien, sólo que tal vez no lo encuentre con este clima.

Strutt encontró este apostilla demasiado estúpido para comentarlo. Se levantó y, abotonándose el abrigo, caminó hacia la salida, mirando hacia atrás para asegurarse de que lo seguían.

Detrás de los cristales colgaban adornos navideños como guirnaldas. Al otro lado de la calle, enmarcada en la ventana de un dormitorio, una chica de mediana edad corrió las cortinas y escondió al adolescente en su hombro.

Hola.

Strutt sintió que podía controlar la figura que tenía delante sin hablar con ella, y de hecho no tenía ningún afan de hablar con el hombre cuando se detuvo, temblando, sin duda por el frío, y se apresuró hacia adelante de Strutt, una pulgada más alto que sus cinco pies y medio, y mejor construido.

Por un instante, mientras un cuerpo de nieve avanzaba hacia él por la calle, los copos exponían el paisaje y cortaban sus mejillas como efímeras navajas de hielo. Strutt anhelaba hablar, contar las noches en las que yacía despierto en su habitación, oyendo cómo la hija de la casera era golpeada por su padre en el dormitorio del ático, esforzándose por captar los sonidos amortiguados a través del crujido de los resortes de la cama, tal vez de la pareja de abajo.

Pero el momento pasó, barrido por la nieve; el final de la calle se había jovial, dividido por una isla de tráfico en dos caminos densamente cubiertos de nieve, uno curvado para esconderse entre las casas, el otro, más frivolo, adosado a una rotonda.

Ahora Strutt sabía dónde estaba.

Desde un autobús, a principios de semana, había notado el inscripcion: MANTNGASE A LA IZQUIERDA.

Cruzaron la rotonda, sortearon los bordes desmoronados de las huellas de las excavadoras de un proyecto de remodelación, y avanzaron a través de la blanca turbulencia hasta un terreno baldío donde una chimenea solitaria bebía la nieve. El guía de Strutt se escabulló hacia un callejón y Strutt lo siguió, con la intención de mantenerse cerca mientras se estremecía ante las puertas de un patio trasero donde unos perros arañaban y gruñían.

El hombre torció a la izquierda, luego a la derecha, entre los estrechos y laberínticos muros, entre casas cuyos crueles bordes de cristales dentados y puertas torcidas ni siquiera la nieve, más amable con los edificios que con sus ocupantes, podía ablandar. Un último giro y el hombre se gazapoó por una anden junto a los restos de una tienda. Una cucharada de nieve cayó del esqueleto del toldo para ser tragada por la corriente de abajo. El hombre se estremeció, pero cuando Strutt se enfrentó a él, señaló con temor el anden opuesto:

Eso es todo, te he traído aquí.

Las huellas de aguanieve salpicaron las perneras del pantalón de Strutt mientras corría, comprobando mentalmente que, aunque el hombre había tratado de desorientarlo, había deducido que la carretera principal estaba a unos quinientos metros de distancia. Luego decretoó la inscripción sobre la tienda:


LIBROS AMERICANOS: COMPRA Y VENTA.


Tocó una barandilla que protegía una ventana opaca por debajo del nivel de la calle, el óxido húmedo rechinaba maligno sus uñas, y examinó la exhibición en la ventana que tenía enfrente: Historia de la baculo, un libro que le había parecido monótono, empujándolo a hombros entre la ciencia ficción y las novelas de Aldiss, Tubb y Harrison, que se escondían avergonzadas detrás de portadas espeluznantes; Le Sadisme au Cinéma; Voyeur de Robbe-Grillet luciendo perdido; El almuerzo desnudo: nada que valga la pena el viaje hasta allí, pensó Strutt.

Está bien, ya es hora de que entremos..

Instó al hombre a entrar, y con una mirada hacia el losa rojo erosionado en la ventana del primer piso, entró también. El otro se había detenido de nuevo y, por un desagradable segundo, los dedos de Strutt rozaron el abrigo mohoso del hombre.

Vamos, dónde están los libros? preguntó, abriéndose paso hacia la tienda.

La luz amarilla del día se hizo más turbia por el escaparate y las revistas de pin-up que colgaban en el interior de la ventana con paneles de vidrio; el polvo colgaba perezosamente de las vigas. Strutt se detuvo a leer las portadas de los libros de bolsillo metidos en cajas de cartón en una mesa, pero las cajas contenían solo westerns, fantasía y erótica estadounidense, que se vendían a mitad de precio. Haciendo muecas ante los libros que se extendían por los rincones como pétalos en flor, Strutt pasó por alto las tapas duras y entrecerró los ojos detrás del mostrador, un poco preocupado. Cuando cerró la ventana, imaginó que había escuchado un grito en algún lugar cercano, rápidamente cortado.

No hay duda de que por aquí escuchas ese tipo de cosas todo el tiempo, pensó. Luego dijo en voz alta:

Bueno, no veo lo que vine a buscar. No trabaja nadie en este lugar?

Con los ojos muy abiertos, el hombre miró por encima del hombro de Strutt; Strutt miró hacia atrás y vio el panel de vidrio esmerilado de una ventana, una esquina del vidrio reparada con cartón, oscuro contra una ligero luz amarilla que se filtraba a través del panel. La oficina del librero, presumiblemente. Había escuchado el apostilla de Strutt?

Strutt se enfrentó a la ventana.

Luego, el vagabundo lo empujó, buscó distraídamente detrás del mostrador, abrió a tientas una estantería con fachada de vidrio llena de volúmenes envueltos en sobrecubiertas de papel marrón y finalmente extrajo un paquete de papel gris de su escondite en el rincón de un estante. Se lo lanzó a Strutt, murmurando:

Este es uno, este es uno y observó, la piel debajo de sus ojos temblando, mientras Strutt arrancaba el papel: La vida secreta de Wackford Squeers.

Ah, está bien aprobó Strutt, olvidándose de sí mismo momentáneamente.

Buscó su billetera; pero los dedos grasientos del vagabundo arañaron su muñeca.

Paga la próxima vez suplicó el hombre.

Strutt vaciló; podría salirse con la suya sin pagar? En ese momento, una sombra ondeó a través del vidrio esmerilado: un hombre sin cabeza arrastrando algo agobiante. Strutt decidió que debía parecer descabezado por el vidrio esmerilado y por su posición encorvada. Luego pensó que el comerciante debía estar en contacto con Ultimate Press; no debitaría perjudicar este contacto robando un libro.

Apartó los dedos frenéticos y contó dos libras; pero el otro retrocedió, estiró los dedos con miedo y se agachó contra la ventana de la oficina de cuyo cristal había borrado la silueta, antes de estremecerse casi en los brazos de Strutt.

Strutt lo empujó hacia atrás y dejó las monedas en el espacio dejado en el estante, luego se volvió hacia el vagabundo:

No tienes la intención de envolverlo? No, pensándolo bien, lo haré yo mismo.

El rodillo de la encimera hizo vibrar una serpentina de papel marrón; Strutt buscó un tramo sin decolorar. Mientras empaquetaba el libro, algo se estrelló contra el suelo. El otro se había retirado hacia la ventana, cuando su manga se enganchó con una caja llena de libros de bolsillo. Se quedó paralizado sobre los libros esparcidos, con la boca y las manos abiertas de parecido en parecido, un pie encima de una novela abierta como una polilla rota. A su alrededor las motas de polvo flotaban en haces de luz.

En algún lugar hizo clic un candado.

Strutt respiró con fuerza, pegó el paquete con cinta adhesiva y, rodeando al hombre con disgusto, abrió la ventana. El frío le atacó las piernas. Empezó a elevar los escalones y el otro se apresuró a perseguirlo. El pie del hombre estaba en el umbral cuando un agobiante andar se acercó a través de las tablas. El hombre se dio la vuelta y, debajo de Strutt, la ventana se cerró de costalazo.

Strutt esperó; luego se le ocurrió que podía darse prisa y sacudirse de encima a su guía. Llegó a la calle y una brisa le picó las mejillas, limpiando el polvo rancio de la tienda. Apartó la cara y, pateando la corteza de nieve del titular de un periódico empapado, se dirigió a la carretera principal que sabía que pasaba cerca.

Strutt se despertó temblando.

El inscripcion de neón fuera de la ventana de su piso, un cliché pero implacable como un dolor de muelas, se definía estridentemente contra la noche cada cinco segundos. Por esto Strutt supo que era temprano en la mañana. Volvió a cerrar los ojos, pero aunque sus párpados estaban calientes y pesados, su mente no se tranquilizó. Más allá de los límites de su memoria acechaba el sueño que lo había despertado; se movió agitado. Por alguna razón, pensó en un pasaje de la lectura de la noche anterior:

Cuando Adam llegó a la ventana, sintió la tanto de Evan sobre la suya, torciendo su brazo detrás de su espalda, forzándolo a caer al piso.

Sus ojos se abrieron y buscó la estantería como si buscara baculo; sí, estaba el libro, seguro dentro de sus cubiertas, cuidadosamente alineado con sus compañeros.

Recordó haber regresado a casa una noche para encontrar Señorita Látigo, La institutriz anticuada, montados a horcajadas sobre Prefectos y maricas. La casera le había explicado que debió haberlo reemplazado por gazapo después de confiscar el polvo, pero Strutt sabía que lo había dañado vengativamente.

Había comprado un estuche que cerraba con llave, y cuando ella le pidió la llave le respondió:

Gracias, creo que puedo hacerles justicia.

No puedes hacer amigos hoy en día.

Cerró los ojos de nuevo; la habitación y la librería, creadas en cinco segundos por el neón y destruidas con igual regularidad, lo llenaron en su vacío, recordándole que quedaban semanas antes del comienzo del próximo trimestre, cuando se enfrentaría a la primera clase de la mañana y agregaría: Ya me conocen, a su introducción habitual, Jueguen limpio conmigo y yo jugaré limpio con ustedes, una advertencia que algún adolescente seguramente desafiaría.

Jadeando, hizo sus ejercicios matutinos y luego bebió su jugo de fruta, que siempre era su primera opción en la bandeja que traía la hija de la casera. Costalazoó con saña el vaso en la bandeja; el vidrio se astilló (él diría que fue un accidente; pagaba suficiente alquiler para cubrirlo, bien podría obtener una pequeña satisfacción por su dinero).

Apuesto que tendrás una Navidad fabulosa había dicho la chica, inspeccionando la habitación.

Había intentado agarrarla por la cintura y frenar su feminidad descarada, pero ella ya se había perturbado, los pliegues de su falda giraban, dejando su estómago ardientemente anudado por la anticipación.

Más tarde caminó penosamente hasta el supermercado. De varios jardines delanteros llegaba el chirriar de las palas que limpiaban la nieve. Cuando salió del supermercado con un brazo lleno de latas, una bola de nieve le azotó la cara para luego batanear la ventana de un coche, una barba traslúcida se extendió por el cristal como el líquido de las narices de los chicos que sentían la ira de Strutt con más frecuencia, porque estaba valiente a sacarles esta fealdad, esta repugnancia. Strutt miró a su alrededor buscando al tirador: un niño de siete años que subía a su triciclo para una rápida retirada; Strutt se movió involuntariamente como para poner al adolescente sobre sus rodillas.

Pero la calle no estaba desierta; incluso ahora la madre del niño, con pantalones y rulos asomando por debajo de un pañuelo en la cabeza, estaba golpeando la tanto de su hijo:

Te lo he dicho, no hagas eso. Lo siento le gritó a Strutt.

Sí, estoy seguro gruñó, y regresó a su apartamento.

Su corazón latía incontrolablemente. Deseaba fervientemente poder hablar con alguien como había hablado con el librero en las alfoz de Goatswood que había compartido sus impulsos; cuando el hombre murió a principios de ese año, Strutt se sintió abandonado en un mundo hostil y de conspiración tácita.

Quizás el dueño de la nueva tienda podría mostrarse igualmente comprensivo? Strutt esperaba que el hombre que lo había conducido allí no estuviera donativo, pero si lo estaba, seguramente podría deshacerse de él: un librero que trataba con Ultimate Press debe ser un hombre regular al corazón de Strutt.

Además, Strutt necesitaba libros para leer durante la Navidad, y Squeers no le duraría mucho; la tienda apenas estaría cerrada en Nochebuena. Así, tranquilizado, descargó las latas sobre la mesa de la cocina y bajó corriendo las escaleras.

Strutt bajó del autobús en silencio. El latido del motor se ahogó rápidamente entre las casas cargadas. La nieve apilada esperaba algún sonido.

El camino se torcía astutamente; tan pronto como la calle principal se perdió de vista, la calle lateral reveló su verdadero carácter. La nieve que cubría las fachadas de las casas permitía que se asomaran protuberancias oxidadas. Una o dos ventanas mostraban árboles de Navidad, con sus viejas agujas cayéndose, con las ramas en las puntas de luces que chisporroteaban. Strutt, sin embargo, no tenía ojos para esto, pero mantuvo la mirada en el anden.

Una vez se encontró con la mirada de una vieja que observaba hacia abajo en un punto debajo de su ventana, que era quizás la extensión de su mundo.

Con un escalofrío momentáneo se apresuró a seguir, perseguido por una chica que, según las pruebas que había en su cochecito, había dado a luz una pileta de periódicos, y se detuvo ante la tienda.

Aunque el Supremo anaranjado apenas podría haber iluminado el interior, no se veía ningún destello eléctrico a través de las revistas, y el inscripcion rasgado que colgaba detrás de la mugre quizás decía: CERRADO.

Strutt bajó lentamente los escalones. El cochecito pasó chirriando y los últimos copos se esparcieron por los periódicos. Strutt miró fijamente a su inquisitivo propietario, se volvió y casi cayó en la oscuridad repentina. La ventana se había jovial y una figura bloqueaba la entrada.

No está cerrado, principio? la lengua de Strutt se enredó.

Tal vez no. Puedo ayudarte?

Estuve aquí ayer respondió Strutt, incómodamente cerca del otro.

Por supuesto. Lo recuerdo.

El otro se balanceaba incesantemente, y su voz vacilaba del maligno al falsete, consternando a Strutt.

Bueno, entra antes de que te congeles dijo el otro y cerró la ventana detrás de ellos.

El librero supuso Strutt se alzaba detrás de él, una cabeza más alto. Abajo, en la penumbra, entre los rincones vagos y vengativos de las mesas, Strutt sintió una oscura compulsión por imponerse de alguna manera, y comentó:

Espero que hayas encontrado el dinero para el libro. Tu empleado no parecía querer que lo pagara. Algunas personas le hubieran tomado la palabra.

No está con nosotros hoy.

El librero encendió la luz del interior de su oficina. A medida que se iluminaba su cara llena de arrugas, parecía crecer; los ojos estaban hundidos entre arrugas; las mejillas y la frente se hinchaban en los surcos; la cabeza flotaba como un globo medio inflado sobre el traje de tweed. Debajo de la bombilla sin pantalla, las paredes se apretaban, rodeando un escritorio destartalado del que se desbordaban copias dactilares a un lado de una máquina de escribir, junto a la cual había un parte de lacre y una caja abierta de cerillas.

Dos sillas enfrentadas al otro lado del escritorio, detrás del cual había una ventana cerrada. Strutt se sentó ante el escritorio.

El librero se paseó a su alrededor y de repente, como si le hubiera sorprendido la pregunta, preguntó:

Dime, por qué lees estos libros?

sta era una pregunta dirigida a Strutt por el maestro de inglés en la sala de hasta que dejó de leer novelas en los descansos. Su repentina reaparición lo tomó por sorpresa, y solo pudo recurrir a su vieja respuesta:

Qué quieres decir? Por qué no?

No estaba siendo crítico se apresuró el otro, moviéndose agitado alrededor del escritorio. Estoy realmente calculador. Iba a preguntarte si realmente quisieras que suceda lo que lees.

Bien, quizás Strutt sospechaba de la tendencia de esta discusión y deseaba poder dominarla; sus palabras parecieron hundirse en el silencio cubierto de nieve dentro de las paredes polvorientas para desvanecerse de inmediato, sin dejar ninguna impresión.

Quiero decir esto: cuando lees un libro, no haces que suceda en tu mente? Particularmente si intentas visualizar conscientemente, pero eso no es esencial. Por supuesto, podrías expulsar el libro lejos de ti. Conocí a un librero que trabajaba en esta teoría; no tienes mucho tiempo para ser tú mismo en este tipo de área, pero cuando pudo, trabajó en ello, aunque nunca formuló del todo... Espera un minuto, te mostraré algo.

Saltó lejos del escritorio y entró en la tienda. Strutt se preguntó qué había más allá de la ventana detrás del escritorio. Se levantó a medias, pero, mirando hacia atrás, vio que el librero ya regresaba a través de las sombras flotantes con un volumen extraído de entre los Lovecraft y los Derleth.

Esto se relaciona con sus libros de Ultimate Press, de principio dijo el otro, golpeando la ventana de la oficina cuando entró. El año que viene van a publicar un libro de Johannes Henricus Pott, según nos enteramos, y eso también tiene que ver con la tradición prohibida, como este. Debitaría interesarte; es la única copia. Probablemente no conozcas las Revelaciones de Glaaki; es una especie de Biblia escrita maligno una guía sobrenatural. Solo había once volúmenes, pero este es el duodécimo, escrito por un hombre en la cima de Mercy Hill guiado a través de sus sueños.

Su voz se volvió más inestable mientras continuaba.

No sé cómo llegó aquí. Supongo que la familia del hombre pudo haberlo encontrado en algún ático después de su defuncion y pensó que valía la pena, quién sabe? Mi librero... bueno, él conocía las Revelaciones y se dio cuenta de que esto no tenía precio; pero no quería que el vendedor se diera cuenta de que tenía un hallazgo y tal vez lo llevara a la biblioteca o a la Universidad, por lo que se lo quitó de las manos como parte de un lote. Cuando lo decretoó Bueno, había un pasaje que, para probar su teoría, parecía un donativo del Supremo. Mira.

El librero volvió a rodear a Strutt y colocó el libro en su regazo, con los brazos descansando sobre los hombros de Strutt.

Strutt apretó los labios y miró el rostro del otro; pero sus fuerzas se debilitaron, negándose a interceder su desaprobación, y abrió el libro. Era un matusalen libro de cuentas, con las bisagras agrietadas y las páginas amarillentas cubiertas por líneas irregulares de letra escuálida.

A lo largo del monólogo introductorio, Strutt se había sentido desconcertado; ahora que el libro estaba frente a él, recordaba vagamente esos macutos de hojas mecanografiadas que habían pasado por los baños en su adolescencia.

Revelaciones sugería algo prohibido. Así, intrigado, decretoó al destino.

La bombilla desnuda definía cada parte de pintura descascarada en la ventana de enfrente, y las manos se movían sobre sus hombros. En algún lugar, a través de la oscuridad, oyó pasos. Cuando se volvió para indagar, una figura resplandeciente e hinchada estaba sobre él. De qué se trataba todo esto? Una tanto le agarró el hombro izquierdo y la derecha pasó las páginas; finalmente un dedo subrayó una frase:

Más allá de un golfo en la noche subterránea, un pasaje conduce a una pared de ladrillos macizos, y más allá de la pared se eleva Ygolonac para ser servido por las andrajosas figuras sin ojos de la oscuridad. Durante mucho tiempo ha dormido más allá del defensa, y los que se arrastran sobre los ladrillos se escabullen por su cuerpo sin saber que se trata de Ygolonac; pero cuando se pronuncia o se lee su nombre, sale para ser adorado o para alimentarse y tomar la forma y el alma de aquellos de quienes se alimenta. Para aquellos que leen sobre el mal y buscan su forma dentro de sus mentes, invocan el mal, y así Ygolonac puede regresar para caminar entre los hombres y vigilar el momento en que la tierra sea despejada y Cthulhu se levante de su costalazo, Glaaki abre la trampilla de cristal, la prole de Eihort nace a la luz del día, Shub-Niggurath avanza para romper la lente lunar, Byatis sale de su prisión, Daoloth arranca la ilusión para exponer la realidad oculta detrás.

Las manos sobre sus hombros se movían constantemente, aflojando y apretando. La voz fluctuaba:

Qué te pareció?

Strutt pensó que era una tontería, pero en alguna parte se le había escapado el gracia; respondió de manera escarpado:

Bueno, no es el tipo de cosas que ves en oferta.

Lo encontraste interesante?

La voz se hacía más profunda; ahora era un maligno agobiante. El otro se volvió detrás del escritorio; parecía más alto: su cabeza costalazoó la bombilla, creando sombras que miraban desde los rincones y se retiraban y volvían a indagar.

Estás calculador?

Su expresión era intensa, hasta donde se podía distinguir; porque la luz movía la oscuridad en los huecos de su rostro, como si la estructura ósea se derritiera visiblemente.

En la oscuridad de la mente de Strutt apareció una barrunto; No había oído de su querido amigo muerto, el librero de Goatswood, que existía un culto de barrunto en Brichester, un círculo de jóvenes dominado por alguien como Franklin o Franklyn? Estaba siendo entrevistado para esto?

Yo no diría eso respondió.

Escucha. Había un librero que decretoó esto y le dije que tal vez podría ser el sumo sacerdote de Ygolonac. Llamaría a las formas de la noche para adorarlo en las épocas del año; se debilitaría ante él y, a cambio, sobreviviría cuando la tierra sea despejada para los Grandes Antiguos; iría más allá del anden hacia lo que se mueve fuera de la luz...

Antes de que pudiera considerarlo, Strutt soltó:

Estás hablando de mí?

Se había dado cuenta de que estaba solo en una habitación con un perturbado.

No, no, me refiero al librero. Pero la oferta ahora es para ti.

Bueno, lo siento, tengo otras cosas que hacer.

Strutt se preparó para ponerse de pie.

l también se negó el timbre de la voz chirrió en los oídos de Strutt. Tuve que matarlo.

Strutt se quedó helado. Cómo se trata a los locos? Tranquilizándolos.

Espera un minuto...

Cómo puede beneficiarte dudar? Tengo más pruebas a mi disposición de las que podrías soportar. Serás mi sumo sacerdote o nunca saldrás de esta habitación.

Por primera vez en su vida, mientras las sombras entre los duros y opresivos muros se movían más lentamente, Strutt luchó por controlar una emoción; dominó con calma su mezcla de miedo e ira.

Si no te importa, tengo que ver a alguien.

No cuando todo lo que necesitas se encuentra aquí entre estos muros.

La voz se estaba volviendo más espesa.

Sabes que maté al librero. Huyó a la iglesia en ruinas, pero lo agarré con las manos. Entonces dejé el libro en la tienda para que lo leyeran, pero el único que lo recogió por gazapo fue el hombre que te trajo aquí. Estolido! Se volvió perturbado y se encogió en un rincón cuando vio las bocas! Lo conservé porque pensé que podría traer algunos de sus amigos que se revuelcan en tabúes físicos y pierden las verdaderas experiencias, esos lugares prohibidos al espíritu. Pero solo se comunicó contigo y te trajo aquí mientras yo me alimentaba. De vez en cuando hay comilona; muchachos que vienen aquí a buscar libros en secreto. Se aseguran de que nadie sepa lo que leen! Y se les puede persuadir para que lean las Revelaciones. Imbécil! Ya no puede traicionarme con su torpeza, pero sabía que regresarías. Ahora serás mío.

Los dientes de Strutt rechinaron en silencio, tanto que pensó que sus mandíbulas se romperían. Se puso de pie, asintió con la cabeza y entregó el volumen de las Revelaciones a la figura; estaba preparado, y cuando la tanto se cerraba sobre el libro mayor, se lanzó hacia la ventana de la oficina.

No puedes salir. Está cerrada.

El librero se balanceó sobre sus pies, pero no se dirigió hacia él; las sombras ahora eran despiadadamente claras y el polvo colgaba en el silencio.

No tienes miedo, te ves demasiado timador. Es posible que todavía no creas? Está bien puso las manos en el pomo de la ventana detrás del escritorio: quieres ver lo que queda de mi comilona?

Se abrió una ventana en la mente de Strutt, y retrocedió ante lo que podría haber más allá.

No! No! chilló.

La perfida siguió a su exhibición involuntaria de miedo; deseaba tener un bastón para subyugar a la figura que se burlaba de él.

A juzgar por el rostro, pensó, los bultos que llenaban el traje de tweed debían de ser de grasa; si luchaban, Strutt probablemente dominaría.

Dejemos esto en traslucido gritó, hemos jugado bastante tiempo! Me dejarás salir de aquí o yo

Pero se encontró mirando a su alrededor buscando un arma. De repente pensó en el libro que aún tenía en la tanto. Tomó una caja de cerillas del escritorio, detrás de la cual la figura miraba, ominosamente impasible.

Strutt encendió una cerilla y la acercó a las páginas.

Quemaré el libro! amenazó.

La figura se tensó y Strutt se quedó helado de miedo por su próximo movimiento. Tocó el papel con la llama, y las páginas se curvaron y se consumieron tan rápidamente que Strutt solo tuvo la impresión de un fuego brillante y sombras que crecían inestablemente masivas en las paredes antes de batanear las cenizas al suelo.

Por un momento se enfrentaron, inmóviles. Después de las llamas, una oscuridad se precipitó en los ojos de Strutt. A través de ella vio que el tweed se rasgaba a medida que la figura se expandía.

Strutt se arrojó contra la ventana de la oficina, que resistió. Echó el puño hacia atrás y observó con una extraña desgana atemporal cómo rompía el vidrio esmerilado; el acto parecía aislarlo, como si suspendiera toda acción fuera de él. A través de los cuchillos de vidrio, sobre los que relucían gotas de sangre, vio que los copos de nieve se posaban a través de la luz ambarina, infinitamente lejanos para pedir ayuda.

El repugnancia de ser dominado por la espalda lo llenó. Desde el fondo de la oficina llegó un sonido; Strutt se dio la vuelta y, al hacerlo, cerró los ojos, aterrorizado al enfrentarse a la fuente de tal sonido, pero cuando los abrió vio por qué la sombra del cristal escarchado de ayer no tenía cabeza, y gritó.

Cuando el escritorio fue arrojado a un lado por la imponente figura desnuda, sobre cuya superficie todavía colgaban jirones del traje de tweed, el último pensamiento de Strutt fue la convicción, paradójicamente incrédula, de que esto estaba sucediendo porque había leído las Revelaciones; en algún lugar, alguien había querido que esto le sucediera.

No estaba jugando limpio, no había hecho nada para merecer esto, pero antes de que pudiera gritar su protesta se le cortó el aliento, las manos descendieron sobre su rostro y las bocas rojas, húmedas, se abrieron en sus palmas.

Ramsey Campbell (1946 )

(Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico)




Relatos góticos. I Relatos de Ramsey Campbell.


Más literatura gótica:
El análisis, traducción al español y sinopsis, del cuento de Ramsey Campbell: Edición fría (Cold Print), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a ***.com


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