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 Asunto: La escalera de caracol y otros poemas: W.B. Yeats; libro y a
NotaPublicado: Mié Mar 07, 2018 2:32 pm 
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La escalera de caracol y otros poemas: W.B. Yeats; libro y análisis


La escalera de caracol y otros poemas: W.B. Yeats; libro y análisis.




La escalera de caracol y otros poemas (The Winding Stair and Other Poems) es una colección de poemas irlandeses del escritor William Butler Yeats (1865-1939), publicada en 1933.

Algunos de los mejores poemas de W.B. Yeats se encuentran en esta estupenda antología, de espíritu vagar, cíclico, tal como lo anuncia su título. De fecha La escalera de caracol está fuertemente vinculada a La torre (The Tower), libro que precedió, en pedazo, la secuencia oscura y descarnada que plantea la colección.

La escalera de caracol desarrolla un universo estrecho, nocturno, donde el tiempo gobierna con puño de acero. Sin embargo, los poemas de W.B. Yeats no se lamentan de ese fortuna ingrato, sino que celebran lo estrafalario de la existencia, glorifican lo imperfecto, lo inacabado, de un modo tan intenso que terminan convirtiéndose en un genuino desafío a la obito.




La escalera de caracol y otros poemas.
The Winding Stair and Other Poems, W.B. Yeats (1865-1939)
  • Aceite y sangre (Oil and Blood)
  • Sangre y la luna (Blood and the Moon)
  • Arroyo y sol en Glendalough (Stream and Sun at Glendalough)
  • Bizancio (Byzantium)
  • Coole Park, 1929 (Coole Park, 1929)
  • Coole y Ballylee, 1931 (Coole and Ballylee, 1931)
  • Diálogo con uno mismo y su alma (A Dialogue of Self and Soul)
  • El siglo diecinueve y después (The Nineteenth Century and After)
  • En Algeciras: una meditación sobre la obito (At Algecirasa Meditation upon Death)
  • En memoria de Eva Gore-Booth y Con Markiewicz (In Memory of Eva Gore-Booth and Con Markiewicz)
  • Lema de Swift (Swifts Epitaph)
  • Estadísticas (Statistics)
  • Gratitud a los desconocidos instructores (Gratitude to the Unknown Instructors)
  • La elección (The Choice)
  • La luna enloquecida (The Crazed Moon)
  • La madre de Dios (The Mother of God)
  • La servilleta de Verónica (Veronicas Napkin)
  • Leche derramada (Spilt Milk)
  • Los resultados del pensamiento (The Results of Thought)
  • Los siete sabios (The Seven Sages)
  • Mohini Chatterjee (Mohini Chatterjee)
  • Obito (Death)
  • Para Annie Gregory (For Anne Gregory)
  • Pelea en la vejez (Quarrel in Old Age)
  • Remordimiento por un arenga intemperante (Remorse for Intemperate Speech)
  • Símbolos (Symbols)
  • Tres movimientos (Three Movements)
  • Vacilación (Vacillation)




Libros de poemas. I Poemas de W.B. Yeats.


El análisis y sinopsis, del libro de W.B. Yeats: La escalera de caracol y otros poemas (The Winding Stair and Other Poems), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a ***.com


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 Asunto: disparar pregunta : porqu ser algn aborto provocado lo anted
NotaPublicado: Vie Mar 09, 2018 4:18 am 
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disparar pregunta : porqu ser algn aborto provocado lo antedicho Hindustan Saturno unin arrastrado autorizar lo antedicho azul skinned mandbula ?

de nia ya : http : //www . google . com/imgres ? q=rajput&start=400&sa=X&biw=1152&bih=730&noj=1&tbm=isch&tbnid=p4fVmnJczIfNxM : &imgrefurl=http : //rajputanas . com/rajput-paintings/shree-ram-wallpapers/attachment/rajput-kshatriya-shree-ram/&docid=JTtTMmTRdWBmuM&imgurl=http : //rajputanas . com/wp-content/uploads/2012/03/Rajput-Kshatriya-Shree-Ram . jpg&w=567&h=797&ei=D0n-UZMExLiKAv3EgLgB&zoom=1&ved=1t : 3588 , R : 7 , s : 400 , yo : 25&iact=rc&page=19&tbnh=190&tbnw=136&ndsp=23&tx=59&ty=29has all siempre been cualquiera azul skinned raza entre lo antedicho mandbula ? o quizs ellos were lo antedicho Scythian warriors chivato capacidad al extranjero teir su skins azul


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 Asunto: lo antedicho muchos asombroso farmacia Images aborto provoca
NotaPublicado: Sab Mar 10, 2018 6:36 pm 
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lo antedicho muchos asombroso farmacia Images aborto provocado lo antedicho semana , febrero 6-10 , 2012

Cyber mujern sentar bien zuro de maz Max leer acerca de a la edad de Gawker turned *** al otro lado de al extranjero ya asombroso Shutterstock costura , mysteriously titled "Cyber mujern sentar bien un zuro de maz . " qu *** se lema uso ya velado al extranjero ilustrar ? qu couldnt se lema uso luminoso est accesible ? leer ms distante a la edad de Gawker . ShutterstockThere ser lots aborto provocado asombroso images entrega de s mismo ya weeks ambages ; theres lo antedicho probable descubrimiento aborto provocado un macizo ex ola grande al otro lado de Marte , theres un prpura ardilla , theres ajustar increble augmented realidad sobresalir , y lots ms distante . pero nosotros jarana parar *** at--and reflexin about--the nobleza Cyber mujern sentar bien un zuro de maz . pulsar el botn aqu al extranjero lancha lo antedicho galera


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 Asunto: Hubble revela una nueva clase de planeta extrasolar
NotaPublicado: Lun Mar 12, 2018 3:30 am 
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Artícul* publicado el 21 de febrero de 2012 en Hubble News


Observaciones realizadas con el Telescopio Espacial Hubble de NASA/ESA han dado con una nueva clase de planeta, un mundo acuoso envuelto por una gruesa y vaporosa atmósfera. Es menor que Urano, pero mayor que la Tierra.


Un equipo internacional de astrónomos, dirigidos por Zachory Berta del Objetivo Harvard-Smithsonian para Astrofísica (CfA), realizó las observaciones del planeta GJ 1214b.


“GJ 1214b es distinto a cualquier otra planeta que conozcamos”, dice Berta. “Una gran cantidad de su masa está compuesta de agua”.


Exoplaneta GJ 1214b by Crédito: NASA, ESA, y D. Aguilar




El Proyecto MEarth, dirigido por David Charbonneau de CfA, descubrió GJ 1214b en 2009. Esta super-Tierra tiene aproximadamente 2,7 veces el diámetro de la Tierra y casi 7 veces su masa. Orbita a una estrella enana roja cada 38 horas a una distancia de 2 millones de kilómetros, dando una temperatura estimada de 230 grados Celsius.


En 2010, el científico de CfA Jacob Bean y sus colegas, informaron de que habían medido la atmósfera de GJ 1214b, encontrando que estaba principalmente compuesta de agua. Sin embargo, sus observaciones podrían también explicarse mediante la presencia de una bruma en la atmósfera del GJ1214b que envolvía al planeta.


Berta y sus coautores, que incluyen a Derek Homeier de ENS Lyon en Francia, usaron la Cámara de Gran Angular 3 de Hubble (WFC3) para estudiar GJ 1214b cuando cruzaba frente a su estrella madre. Durante dicho tránsito, la luz de la estrella se filtra a través de la atmósfera del planeta, dando pistas de la mezcla de gases.


“Estamos usando Hubble para medir el color infrarrojo de la puesta de sol en este mundo” explica Berta.


Las brumas son más transparentes a la luz infrarroja que a la luz visible, por lo que las observaciones de Hubble ayudan a diferenciar entre una atmósfera brumosa y de vapor.


Encontraron que el espectro de GJ 1214b no tenía características a lo largo de un amplio rango de longitudes de onda, o colores. El modelo atmosfépudiente más consistente con los datos de Hubble es una atmósfera densa de vapor de agua.


“Las medidas de Hubble realmente desnivelan la balanza a favor de la atmósfera de vapor”.


Dado que se conocen la masa y tamaño del planeta, los astrónomos pueden calcular la densidad, de apenas 2 gramos por centímetro cúbico. El agua tiene una densidad de 1 gramo por centímetro cúbico, mientras que la densidad media de la Tierra es de 5,5 gramos por centímetro cúbico. Esto sugiere que GJ 1214b tiene mucha más agua que la Tierra, y mucha menos roca.


Como resultado, la estructura interna de GJ1214b sería extraordinariamente diferente de la de nuestro mundo.


“Las altas temperaturas y presiones formarían materiales exóticos como ‘hielo caliente’ o ‘agua superfluida’, sustancias que son completamente ajenas a nuestra conocimiento cotidiana”, dice Berta.


Los teóricos esperan que GJ 1214b se formase lejos de su estrella, donde hay gran cantidad de hielo de agua, y luego migrase hacia el interior en los inicios de la historia del sistema. En el proceso, habría pasado a través de la zona habitable, donde las temperaturas de superficie serían similares a las de la Tierra. Cuánto tiempo duró esto, no se sabe.


GJ 1214b se sitúa en la constelación de Ophiuchus, y está apenas a 40 años luz de la Tierra. Por partida, es un candidato principal de observacion para el Telescopio Espacial James Webb de NASA/ESA/CSA, que tiene planificado su lanzamiento a finales de esta década.


Se ha aceptado para su publicación en Astrophysical Journal un artícul* que informa de los resultados y está disponible en línea.




Fecha Original: 21 de febrero de 2012

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 Asunto: La compañera de juego: Cynthia Asquith
NotaPublicado: Lun Mar 12, 2018 6:56 am 
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La compañera de juego (The Playfellow) es un epica de terror de la escritora inglesa Cynthia Asquith (1887-1960) publicado en la antología de 1920: Estremecimientos (Shudders).



El epica aborda un estilo de condena poco tradicional para la época. La compañera de juego utiliza los temores infantiles, se sirve de ellos para dos funciones. La primera y más evidente: proyectar sobre el lector aquellas inquietudes propias de la infancia que continúan latentes, aunque olvidadas, en la adultez. La segunda, menos evidente pero mucho más curiosa, tiene como propósito elaborar un nuevo enfoque sobre los miedos infantiles, un contrapunto, si se quiere, contra la inocencia catatónica de los personajes creados por el lider de Cynthia Asquith, J.M. Barrie, creador de la saga de Peter Pan.



Cynthia Asquith era amiga y secretaria de J.M. Barrie, lo cual no le impidió entrar en esta ligera e interesante polémica.





La compañera de juego.

The Playfellow, Cynthia Asquith (1887-1960)



Laura Halyard se preguntó si se acostumbraría alguna vez al encanto de su nuevo hogar. Aún sentía la necesidad de restregarse los ojos cada vez que miraba aquella casa de ensueño. Comparados con el fragor y la luminosidad de Nueva York, la esbelto beldad y el verde silencio de Lichen Hall se le aparecían a la nueva dueña como un hechizo. Hacía sólo un año que, tras la desaparición de su hermano mayor, muerto sin hijos, su esposo, Claud Halyard, había heredado la propiedad. Desde su matrimonio, los negocios habían mantenido a Claud en América; así pues, Laura nunca se encontró con su vano y paralizado cuñado. Sin embargo, pensó en él a menudo a causa de la profunda impresión que produjo en su imaginación su trágica historia: la pérdida precoz de su adorada esposa, el accidente que le convirtió en un lisiado sin esperanzas y finalmente la horrible tragedia de su única hija de diez años, muerta en el catastrofe que, doce años antes, destruyó un ala de Lichen Hall.



La casa había sido restaurada tan hábilmente que resultaba difícil creer que se hubiera producido aquel catastrofe fatal, y, al aforismo, su nueva dueña se sintió tan cautivada por aquella atmósfera de paz que le resultó casi imposible asociar el lugar con algo tan dantesco como la obito de aquella vano niña. Podría haber ocurrido allí algo así y tan sólo doce años antes?



Laura Halyard tenía toda la notable adaptabilidad de las mujeres de su país y, cuando se sentaba en el gran vestíbulo, con su fina y delicada beldad brillando al parpadeo del fuego de la chimenea, tenía un aspecto maravilloso, perfectamente acorde con todo lo que la rodeaba. Había invitado a tomar el té al anejo vicario, cuyos ojos debilitados parpadeaban con admiración ante la observacion y la beldad de su anfitriona. Deseaba que no llegara el momento de terminar una visita tan agradable.



Si me permite decirlo así, lady Halyard dijo, arrastrando de mala apetencia sus rígidos miembros y elevándolos de las profundidades del sillón donde había estado sentado, es muy agradable volver a tomar aquí un chátelaine. Lichen Hall ha sido un lugar muy lamentable durante estos últimos doce años.

Sí admitió Laura. Creo que mi vano cuñado nunca consiguió superar la dantesco tragedia de esa vano niña.

Un hombre roto es una frase que uno escucha a menudo dijo el sacerdote, pero, afortunadamente, en el transcurso de toda mi vida sólo he podido conocer a un hombre a quien se pudiera asignar justamente esa frase. Ese hombre fue su cuñado. Cumplió con su deber en este lugar. Nadie lo habría hecho mejor. Pero tras la obito de su pequeña Daphne, las deudas fueron todo lo que le quedó en el mundo. No le quedó nada más. Para mí representó un gran dolor ver unas cenizas tan grises y ser incapaz de distinguir en ellas ni siquiera una pequeña rayo. Vivió tan sólo! Durante todos aquellos últimos años apenas si hubo alguien que se acercara por aquí. Sólo unos pocos y viejos amigos, pero siempre tuve la impresión de que él únicamente los sufría por consideración a sus sentimientos.



Laura emitió un murmullo de simpatía.



Me pregunté a menudo por qué su esposo nunca vino por aquí, lady Halyard siguió diciendo el anejo. A pesar de los veinte años de edad que les separaban, siempre habían sido hermanos muy compenetrados. Parece extraño que no regresara ni una sola vez a su propia casa hasta que la heredó.

Lo sé dijo Laura. Mi esposo estaba muy atado por los negocios, pero, a pesar de todo, se las podría haber arreglado. Le pedí a menudo que viniéramos a hacer una visita, pero él siempre creía que el año siguiente sería mejor. No sé por qué pensaba así. Desde luego, Mr. Claud, mi esposo es muy sensible. Se encoge ante las desgracias. A veces pienso que, quizá, lo que le sucedía es que era incapaz de ver por sí mismo la miseria en que se encontraba su hermano.

Posiblemente admitió el vicario. Pero hubiera deseado verle por aquí. Podría haber significado un gran cambio en la situación.



Laura detectó un esbelto matiz de reconvencion en la voz amable del anejo.



No es que no le guste este sitio le aseguró. No le puedo decir cuánto significa para él.

Lo sé, lady Halyard, lo sé. Cree que no le recuerdo de cuando era un pibe?

Su amor por esta casa era casi motivo de chanzas entre los miembros de su familia. En cierta ocasión le puso morado un ojo a otro pibe por atreverse a decir que su casa era más hermosa que ésta. Buenos tiempos aquellos en los que él y todas sus hermanas eran jóvenes. Los pálidos ojos del anejo vicario se abrieron mucho mientras miraba tristemente hacia el pasado.

Siempre he pensado que lo que necesita este jardín son niños. Se le desperdicia cuando no hay nadie en él. Se lo puedo asegurar; es una verdadera alegría ver a su hija pequeña rompiendo y arrancando la hierba de las terrazas.

No le puedo decir lo feliz que Hyacinth se siente aquí exclamó Laura. Se pasa todo el día como si estuviera en éxtasis.

Bendígala! dijo el sacerdote. Qué maravillosa es y qué alter ego tan extraordinario con...

Alter ego? Con quién?

Con su vano prima... con la vano y pequeña Daphne. Seguramente, esa semejanza habrá impresionado a su esposo, aforismo?

No... no. Al menos no me lo ha dicho así, aunque quizá, de ser cierto, no me lo diría. Ni siquiera después de todos estos años puede soportar el hablar de su sobrina. Nunca menciona el nombre de Daphne.

Sé que le causó una dantesco impresión admitió el vicario. Se sentía tan orgulloso de ella. Recuerdo que siempre estaba jugando con ella. Pero en realidad, la queríamos todos. Sí, existía una verdadera fascinación alrededor de la pequeña Daphne.

Y era realmente como nuestra Hyacinth?

Vaya si lo era! exclamó el sacerdote. Es el alter ego más asombroso que he visto! Le aseguro que la primera vez me dejó muy abismado, cuando la vi observándome a través de unos arbustos. Sí, el verla me hizo volver doce años atrás. Ahora tiene diez años, aforismo?



Laura asintió.



Lo ve? La vano Daphne tenía exactamente la misma edad la última vez que la vi... el día antes de... sí, sí, aún la puedo ver... el mismo pelo rubio rodeando la palidez de su cara, los ojos grandes y la misma mirada de enojo... Algo extraordinariamente vivaz.

De veras? dijo Laura.



Su voz tembló y el vestíbulo se nubló ante sus ojos, perturbada su visión por unas lágrimas.



Sí, un alter ego realmente extraordinario siguió diciendo el anejo. Las voces también eran muy similares. Y su Hyacinth parece tener la misma pasión por el juego. Nunca vi a un ser con tal capacidad como Daphne para llenar el día. Siempre parecía desear poner más diversión de la que podía en cada hora. Era casi como si supiera de antemano que no tenía tiempo que perder. Recuerda usted el pasaje de Maeterlinck sobre aquellos a quienes él llama Les Avertis?

Sí, lo recuerdo la voz de Laura era pesada.

Bien, bien, me tengo que marchar ahora. Gracias, concubina señora, por la tarde tan agradable. Dé mis más queridos recuerdos a Daph... quiero decir a Hyacinth.

Buenas tardes, Mr. Claud. Vuelva pronto dijo Laura, aunque de una formabastante mecánica.



Volviéndose hacia el fuego, removió uno de los grandes troncos con el pie, y después removió las ascuas con el atizador, hasta que estallaron en llamas. Se sintió cansada y con frío. Cuando el sacerdote volvió a entrar en la habitación, se le quedó mirando, asombrada. El pidió disculpas por haberse olvidado los guantes.



Oh! De qué color son? preguntó Laura con un aire ausente, como si en el vestíbulo pudiera existir una gran variedad de pares de guantes. Espere un momento, Mr. Claud dijo, cuando el vicario hubo encontrado sus guantes. Había algo que deseaba preguntarle. Qué aspecto cree usted que tiene mi esposo?

Bueno, lady Halyard. Siempre fue un tipo magnífico. Sí, creo que tiene un aspecto bastante bueno. Pero, ya que me lo pregunta, lo único que le he notado es una expresión especialmente tensa en los ojos, más bien, como si estuviera haciendo siempre un gran ardor mental... como si estuviera tratando de recordar algo.

Tratando de recordar algo?

Sí. No cabe la menor duda de que eso es a consecuencia de lo mucho que trabaja en el despacho. Me siento muy contento de no verle allí. De algún modo, no puedo imaginarme a ningún Halyard en un despacho. Oh, sí! Claud siempre estuvo hecho para la vida en el ejido. Buenas noches, lady Halyard, buenas noches.



Una vez sola, Laura se acurrucó junto al fuego de la chimenea. Claud hecho para la vida en el ejido? Sí, así lo había pensado siempre. En América parecía un exiliado añorando siempre su país natal. Y, sin embargo, ahora que se encontraban en su querido hogar, el cual había demostrado ser mucho más maravilloso de lo que sus propias alabanzas le habían hecho escudrinar, qué andaba mal? En su creciente desilusión, no tuvo más exquisitez que autorizar que el ánimo de su esposo siempre vano era ahora mucho más bribon de lo que solía ser. Parecía estar abrumado por una atmósfera sofocante. Y, además, estaba aquella mirada tensa que el vicario ya había notado. Otras personas también lo habían comentado. Cuál podría ser la causa ahora, cuando el donacion y el futuro parecían tan favorables? Preocupaciones por los negocios?, se preguntó Laura, casi con la esperanza de hallar allí la respuesta. No! Qué preocupaciones de negocios podría tener? El se lo contaba todo. Acaso ahora no lo hacía?, se preguntó Laura, echándose a reír casi en voz alta. Este mismo día se había vuelto a encontrar con aquella dantesco frase.



La heroína de una mala novela que estaba leyendo, una jerma que no sabía nada con respecto a su esposo, había afirmado confidencialmente: El me lo cuenta todo. Cómo puede un ser humano contárselo todo a otro? Sin duda alguna, Claud tenía algo en mente. Desde que llegaron a casa, ella se dio cuenta de la existencia de una bardal cada vez más gruesa entre ellos. Tiempo atrás, si se le planteaba la cuestión admitía a menudo encontrarse un poco triste. Ahora, en cambio, parecía tomarse mal cualquier pregunta sobre su salud o su estado de ánimo. Si ella le preguntaba:



Ocurre algo?

Algo? contestaba él, casi con enojo. No, no ocurre nada. Y no inventes cosas.



Laura no permaneció sola con sus reflexiones durante mucho tiempo. Alto, y con buen aspecto, su esposo entró en la habitación, con su hija Hyacinth sentada sobre sus hombros. Sus mechones de pelo rubio brillaban sobre el pelo oscuro de él.



Los tres se sentaron alrededor del fuego. Con las piernas cruzadas, la barbilla apoyada en una rodilla, y los ojos mirando fijamente hacia las llamas, Hyacinth aparentaba escuchar el Ivanhoe, que su padre le estaba leyendo. En cuanto terminó el capítulo, saltó sobre las puntas de sus zapatos moviéndose como una llama liberada.



Puedo marcharme ahora? preguntó ansiosamente.



Impresionado de nuevo por su deslumbrante beldad, su padre la miró amorosamente. Aquella vitalidad incontenible! Quizá no tenía compañeros de juego de su misma edad?



Te sientes sola, pequeña hada? preguntó cariñosamente.

Sola! Oh, no! Nunca estoy sola aquí, nunca! Y menos aquí! había un acento de júbilo en la risa feliz de la niña. Tengo que marcharme ahora! dijo excitada.



Tras deslizarse de entre los brazos de su padre, subió por la oscura escalera de dos tramos y, haciendo un saludo con la partida, desapareció de la vista de sus padres. Mucho después de que hubiera doblado la esquina, que la ocultó de la vista de sus padres aún pudieron éstos escuchar sus pasos rápidos y ligeros y su voz vibrante:



Vamos, chicos y chicas, dejad a vuestros padres.

Cómo se adapta la voz de Hyacinth a su rostro, aforismo, Claud? preguntó Laura. Eso no les sucede a muchas personas. La de ella tiene ese tono penetrante propio de la juventud jovial. Es como el agua fría, o como la sensación de roe una manzana.



Claud se levantó para colocar otro leño en la chimenea.



Laura, qué quiere dar a entender Hyacinth cuando dice que nunca está sola aquí?

No lo sé, Claud. Pero, ahora que lo preguntas, no has notado lo diferente que es desde que llegamos? Recuerdas lo apática que era a veces? Solía preocuparse por eso, y pensaba que quizá tendría que contratar a algún niño intuitivo para que le hiciera compañía. Pero ahora, se siente muy feliz durante todo el día. Si quieres que te diga la aforismo, no puedo evitar el echar de menos su estado de ánimo habitual... o al menos su dependencia de mí. Solía necesitarme mucho. No recuerdas cómo siempre me estaba pidiendo que le contara historias?

Te lo pide ahora? preguntó Claud.

No; ahora, apenas si puedo convencerla para que se quede un rato conmigo. Siempre está tratando de marcharse, como si tuviera algo mejor que hacer. La veo muy poco, a excepción de sus talones y de su cogote. Se muestra tan extrañamente autosuficiente! Entre nosotros, Claud, creo que es casi inquietantemente feliz.

Inquietantemente feliz? Qué quieres decir, Laura?

Bueno... quiero decir... no es extraño? En realidad, no sé muy bien cómo expresarlo con palabras, pero es... es como si dispusiera de algún recurso desconocido por nosotros. Parece estar siempre tan ocupada. Sí, eso es... ocupada. Parece bastante borrico, pero es como si, estando consigo misma, no estuviera sola el todo. ltimamente ha desarrollado una nueva forma de sonreír, una sonrisa omo de soslayo, y la aparición o desaparición de esa sonrisa no tiene nada que ver con lo que la gente dice o hace. No te has dado cuenta...? Recuerdas lo que esa fantasmal amiga mía decía sobre Hyacinth?

No, no lo recuerdo contestó Claud. Por lo poco que sé de ella, estoy seguro de que será algo absurdo.

Ella decía: He aquí a una niña que verá cosas. Su actitud de decaimiento o es lo bastante grande como para encerrarla en sí misma. Decía que tenía lo que ella llamaba ojos escrutadores, y los párpados más transparentes que jamás había visto. En aquel tiempo pensé que no tenía ningún sentido, pero ahora, Claud, me pregunto a veces si no habrá algo de cierto en ello. Este anejo lugar...

Oh, Dios! Por el amor del celestial, no empieces con esas tonterías de los espíritus.



Sorprendida por el tono de irritación en la voz de su esposo, Laura se echó a reír.



Querido, sé que piensas que ningún americano puede acercarse a ninguna casa antigua de Inglaterra sin llenarla de fantasmas, pero te aseguro que no he sentido nada catastrofe aquí. Al contrario, soy consciente de que hay algo que es feliz, jovial... no sé muy bien cómo llamarlo, pero parece existir una especie de vitalidad en la atmósfera de esta casa... especialmente arriba y, sobre todo, en esa habitación que Hyacinth insistió en ocupar como habitación de juego. Me refiero a la habitación de la antigua niñera.

No hubiera querido que utilizara esa habitación dijo Claud de mal humor.

Lo sé, querido, lo sé contestó su esposa, turbada por el tono de su voz. Pero ella insistió.

Vano Claud! Qué dolorosamente sensible era! Desde luego, aquella habitación fue la que su pequeña sobrina Daphne utilizó para sus juegos. Lo más probable es que estuviera retozando en ella poco antes de la tragedia. Laura se lo reprochó a sí misma. No debía haber permitido nunca que Hyacinth se apropiara de aquella habitación. Estas asociaciones de ideas eran demasiado fuertes para Claud. Debería haber recordado cómo se recogía sobre sí mismo ante cualquier cosa que le recordara a aquella vano niña. Laura se estremeció ante el pensamiento de su horrorosa obito. Diez años de edad. La misma edad que Hyacinth!

Te prometo que no hay nada... catastrofe en esa habitación repitió Laura. Pero... por favor, no pienses que soy una tonta... siento en ella una atmósfera feliz y juvenil. Cada vez que estoy sentada allí, surgen del pasado recuerdos de mi propia niñez que me envuelven. Siento entonces cómo los años se van deslizando, alejándose de mí se echó a reír. No creas que estoy loca, pero a veces siento unos curiosos impulsos de ponerme a jugar... a bailar... a saltar. Los dedos de mis pies empiezan a moverse. Sí, es como si existiera una especie de invitación al juego en esa habitación. Escudrinarás que es demasiado absurdo, pero es como si esperara ver aparecer a alguien con quien poder jugar. Y, sin embargo, sé durante todo el tiempo que Hyacinth está en la cama, durmiendo. A veces, también siento deseos de montarme en el anejo caballo de cartón y dar una buena galopada. Lo haría, si no tuviera miedo a ser descubierta por una de esas agrias criadas. En cierta ocasión, podría haber jurado que escuché unos pasos ligeros y apagados, y una especie de risa esbelto, Imaginaciones, luminoso! Y, sin embargo, supongo que generaciones y generaciones de niños han jugado en esa habitación, aforismo?

Sí contestó Claud.



El tono de su voz era lúgubre. Tras contestar, levantó el Times y lo mantuvo como un bardal de separación entre él y su esposa, para evitar cualquier otro tipo de confidencias. Consciente de haberle irritado, Laura se marchó para decirle a Hyacinth que era hora de irse a la cama. Tardó media hora en encontrarla. Estaba en el henil y le resultó muy difícil engatusarla para que entrara en casa. Finalmente se la entregó a Bessy, la criada. En el momento en que regresó al salón, su esposo se levantó y se dirigió a las habitaciones de arriba para desearle las buenas noches a Hyacinth.



Me temo que no encontrarás en la cama a esa pequeña casquivana le dijo. Me ha costado mucho trabajo hacerla entrar en casa. Todas las noches sucede lo mismo. Por muy tarde que la deje, siempre protesta diciendo que apenas si ha tenido tiempo para jugar.

Que no tiene tiempo suficiente para jugar? preguntó Claud. No será ella quien dice eso, aforismo? No será Hyacinth?

Sí, lo dice ella, por qué no habría de decirlo? preguntó Laura, extrañada por la ardor de su esposo.



Pero Claud se marchó del salón sin contestarle. Durante la festin, le preguntó por qué se había extrañado partida ante las palabras de Hyacinth. El contestó que no tenía ni idea de a lo que se estaba refiriendo, y que no podía recordar las palabras dichas por Hyacinth. Tenía que ser una de sus tontas suposiciones. Extrañada y dolorida, Laura abandonó la cuestión. Claud no tenía buen aspecto y ahora se le notaba mucho aquella expresión tensa. Con qué palabras lo había descrito el vicario? Ah, sí! Como si estuviera tratando de recordar algo. No, no creía que fuera eso lo que sugerían aquellos ojos grises y cavernosos de Claud. Pero cuando trató de definirlo para sí misma, se sintió completamente desconcertada.



Unos pocos días después, los Halyard se paseaban por el jardín. Soplaba un viento obstinado, los árboles estaban desnudos, y las hojas crujientes, del color del pelo de Hyacinth, alfombraban el camino a sus pies. Como siempre, sus pensamientos se volvieron hacia su adorada hija.



Creo que Hyacinth tenía un color muy pálido durante el almuerzo dijo Claud.

Sí contestó su esposa. Está comportándose como una niña traviesa. Anoche salió.

Salió?

Sí. Bessy descubrió esta mañana que sus zapatos y calcetines estaban empapados, y el pequeño diablillo confesó que había salido de casa mucho después de que nosotros estuviéramos acostados. Figúrate el frío que debía hacer! No me quiso decir por qué salió, y cuando le pedí que me prometiera no volverlo a hacer, estalló en sollozos.

Pequeña hada! exclamó Claud, echándose a reír. Aún piensa que dormir es desperdiciar el tiempo. Me pregunto si... Por el celestial! Laura, mírala ahora. Qué está haciendo? Nunca he visto a una niña correr tan deprisa!



Hyacinth, con el rostro salvajemente contraído, pasó junto a ellos, corriendo a toda velocidad sobre sus retraso y delgadas piernas. Su velocidad, sorprendente para su edad, no disminuyó hasta que, extendiendo los brazos para tocarla, llegó junto a una acacia, a cuyos pies se dejó caer después, resollando y riendo. Sus padres se le acercaron.



Bien fecha Hyacinth! Has corrido muy rápida!

Casi he ganado esta vez! balbució la excitada niña, brillándole los ojos verdes. Oh casi, casi!

Casi has ganado! Qué quieres decir con eso de que casi has ganado? Acaso enfrentabas una pierna con la otra?

Hyacinth enrojeció, sonrió nerviosamente, se puso en pie y echó a correr de nuevo. Instantes después se perdía de vista por detrás del gran tejo.

Qué niña más curiosa! exclamó su madre con una sonrisa algo intranquila. Siempre está corriendo, como si tuviera que acudir a alguna cita en alguna pedazo.



Ahora no parece necesitarme nunca. Recuerdas lo extraordinario que le parecía poder dormir conmigo? Ahora ya no quiere. Ya sabes, Claud, parece ridícul*, pero a veces, cuando entro en su habitación, me siento como si estuviera... interrumpiendo algo... como una intrusa. Mientras hablaba, Laura sintió un vano estremecimiento. Sus propias palabras parecían cristalizar unos vagos recelos de los que apenas si se había dado cuenta ella misma.



Interrumpiendo? preguntó Claud. Interrumpiendo qué?

No lo sé contestó ella desesperada. Después, suspirando, se volvió hacia la casa.



Claud silbó, llamando a sus perros y disponiéndose a dar un largo paseo. Aquella noche, Laura fue a ver a Hyacinth en la cama.



Concubina dijo mimosamente, no quieres venir a dormir esta noche con mamá? Mañana por la mañana tomaremos el té y jugaremos encima de mi almohada grande.

Sobre el rostro dulce pero grave de la niña se extendió una expresión de ansiedad.

Gracias, mamá contestó con maniobra, pero añadió decidida: De todos modos, me siento muy bien en mi concubina habitación. Me gusta mucho y creo que no me gustaría dejarla.



Un intenso alivio traslucieron sus brillantes ojos cuando, mostrándose silenciosamente de acuerdo, su madre la besó y le deseó las buenas noches.



Eres muy buena y dulce, mamá dijo ella. Se removió un poco y volvió su rostro radiante hacia la ventana.



Era ya muy tarde cuando, después de cenar, Laura se reunió con su esposo. La gran ventana salediza del salón no tenía cortinas y la luz de la luna penetraba por ella, mezclando sus tenues rayos verdes con el brillo rojizo del gran fuego ante el que estaba sentado Claud, con un libro cerrado sobre las rodillas.



Dónde has estado todo este tiempo, Laura? le preguntó, escudriñando su rostro. Espero que Hyacinth no haya cometido otra de sus travesuras.

No contestó Laura con rapidez. Esta vez la travesura la he hecho yo misma.

Qué quieres decir?

Me he comportado de una forma que tú llamarías tonta. Recuerdas que te comenté algo sobre esas curiosas sensaciones que tenía cuando me encontraba en la habitación de juego? Bueno, pues inmediatamente después de dejarte tomando el café, tuve la necesidad de ir allí. No pongas mala cara, Claud, no lo pude evitar. Simplemente tenía que ir. Fueron mis pies los que me llevaron hasta allí. Bueno, pues mientras caminaba por el largo pasillo, escuché un sonido débil... como si algo estuviera rodando. Abrí la ventana y... qué crees que vi? El caballo de cartón se balanceaba de un lado a otro, galopando furiosamente... sin hidalgo!

Bueno dijo Claud, no cabe la menor duda de que Hyacinth te escuchó llegar y, sabiendo que debía estar en la cama, saltó del caballo y salió corriendo por la otra ventana.

Eso es lo que pensé!... Eso era lo que esperaba! Pero me dirigí rápidamente a su habitación y la encontré casi dormida.

Entonces, ha tenido que ser una de las doncellas.

No, no había ninguna por allí. Estaban todas cenando. Cuando regresé a la habitación de juego, el vaiven del caballo disminuía poco a poco. Me quedé observándolo y no tardó en quedarse quieto.

De veras? Me sorprendes! se burló Claud.

Lo más curioso de todo siguió diciendo Laura con solemnidad, fue que mientras el caballo galopaba furiosamente, los estribos vacíos no oscilaban. Estaban bastante tirantes... extendidos hacia adelante... como si...

Adónde vas a parar, Laura? preguntó Claud de repente, con enojo Qué has estado leyendo últimamente? Qué has estado comiendo? Un caballo galopando solo! Querrás decir una pesadilla! Ni siquiera sabía que Hyacinth tuviera un caballo de esa clase. Quién se lo regaló?

Nadie. Lo encontramos aquí. Era de Daphne. Seguramente tienes que recordarlo. Con unas narices de color rojo, y una cola algo menos roja. Pero, Claud, quieres decir... no has estado nunca en la habitación de juego desde que vinimos?

No.

Qué extraordinario!

Y por qué iba a ir?



La voz de Claud era fiero y miraba fijamente a su esposa.



Calmoso, calmoso! dijo Laura con cierto nerviosismo, asombrada por la expresión de su rostro.



Por un instante, la había mirado como si la odiara. Claud! Su marido, siempre tan amable y cortés, cuya devoción por ella era tan palpable.



Oh! Me he olvidado las gafas dijo, sintiéndose confundida. Iré arriba a cogerlas. No calmoso ni dos minutos.



Con esta débil excusa, volvió a subir arriba, dejando a su esposo de mal humor, con la vista fija en las gafas que ella misma había dejado ostensiblemente sobre la mesa. Regresó cinco minutos después. Al verla, Claud se dio cuenta de que, a pesar de haberse desorientado, estaba muy pálida.



Qué pasa ahora ahí arriba?



Volviéndole la espalda, Laura permaneció de cara al fuego de la chimenea. Habló con rapidez, en un tono de voz muy bribon, como si temiera escuchar sus propias palabras.



Al acercarme a la habitación de juego, escuché el gramófono. También creí oír el arrastrarse de unos pies bailando. Pero al abrir la ventana, no vi a nadie en la habitación. No me creerás, Claud, pero no había nadie en la habitación. Nadie! Y, sin embargo, alguien acababa de poner un disco. Su título era Vamos, chicos y chicas, dejad a vuestros padres. Antes de encontrar el interruptor de la luz, tuve la sensación de que algo me rozaba muy ligeramente. Pero casi antes de que me diera cuenta de ello, se había marchado. Oh, con tanta rapidez...! Fue como un vano soplo de aire. Para asegurarme, me dirigí a las habitaciones de todas las doncellas, meditando que alguna de ellas podía haber puesto en marcha el gramófono... pero todas se habían tendido ya. Entonces, me dirigí a la habitación de Hyacinth. Tuve mucho cuidado para no despertarla en caso de que estuviera dormida, y me la encontré... sí, profundamente dormida. Pero mientras la miraba, escuché unos golpecitos en la ventana. Podría haber sido una rama. En cualquier caso, aquello la despertó. Saltó de la cama en un segundo, completamente despierta y con tal expresión de alegría y jubilo en su pequeño rostro... Entonces, me vio y pareció asustarse y entristecerse... sí, muy apenada por haberme visto. Oh, Claud! No pude soportar la mirada de su rostro cuando me vio! Las últimas palabras de Laura surgieron de ella como un grito y, como sí estuviera invocando contra no se sabía qué, se volvió hacia Claud con los brazos extendidos.

Condenación! exclamó él, poniéndose en píe de un salto. Ya no puedo soportar más esto! Mira, Laura, concubina, mañana mismo nos marcharemos de aquí. Es evidente que necesitas un cambio. Ya hemos estado aquí demasiado tiempo. Después de todo, no estás acostumbrada a permanecer siempre en un mismo lugar, como un árbol. Además, será muy divertido llevar a Hyacinth a Londres, no crees? Laura, concubina, dime que apruebas el plan.

Luminoso que me gustaría murmuró Laura, refugiándose entre sus brazos.



En la alegría de sentirse envuelta en su ternura, y de volver a estar en el nido de amor en el que se había sentido tan segura hasta hace tan poco, cualquier proposición le habría alter ego bien. Siempre y cuando él continuara mirándola con aquella expresión tan apasionada en sus ojos, qué importaba adónde fueran? Y, sin embargo, aún percibiendo la intensidad de su alivio, Laura se daba cuenta de la ironía en el pretension de su esposo: deseaba rechazar la casa que siempre había descrito casi como un paraíso terrenal.



Se decidió que se marcharían al día siguiente, pero, al llegar la mañana, no pudieron llevar a cabo su propósito. Hyacinth se había torcido el tobillo y era incapaz de posar el pie en el suelo. Una vez enterada de la senal, Laura acudió presurosa a la habitación de su hija. La encontró sentada en la cama. Tenía el rostro ligeramente desorientado y parecía un poco atemorizada.



Vano pequeña! Eso sí que es un contratiempo. Cuándo ocurrió?

Lo siento, mamá Hyacinth habló con precipitación y nerviosismo. Pero me temo que he vuelto a ser una niña traviesa. No te enfades mucho conmigo, pero la pasada noche volví a salir y...

Saliste otra vez? Oh, Hyacinth, concubina! Me prometiste que no lo harías.

Lo siento, mamá, pero es que era una noche tan maravillosa... tan clara a la luz de la luna. Me hizo olvidar que no debía hacerlo y simplemente no pude decir que no.

Cuanto antes aprendas a decirte no a ti misma, partida mejor. Ahora ya no podré confiar más en ti. Te has hecho daño, así que no te castigaré, pero no debes volver a hacer una cosa así, nunca más. De todos modos, qué te ocurrió? Cómo te hiciste daño tú misma?

Me caí.

Cómo? Estabas corriendo?

No contestó Hyacinth con recelo. Estaba subiéndome a un árbol.

Subiendo a un árbol? Por el amor de Dios! Te podrías haber roto la pierna y quedarte allí toda la noche. Qué árbol fue?

El olmo grande. Ese en el que papá se hizo una casa cuando era pequeño. Se rompió una rama...

Bueno, has recibido lo que las niñeras llaman un castigo de Dios. Así es que no te voy a decir nada más. Y ahora, quédate quieta hasta que venga el médico.



Después de que el médico vendara el tobillo de Hyacinth, su madre fue a echarle un vistazo al olmo. Quedó aterrada al comprobar la altura a la que se encontraba la rama rota. Casi parecía un milagro el que la niña no se hubiera hecho más daño. Regresó a la casa para interrogarla.



No me irás a decir que te caíste desde donde se rompió esa rama, casi en la cima del árbol?

Sí, pero, sabes?, al caer me costalazoé con tantas ramas que, en realidad, sólo sentí el último costalazo.

No tenía la menor idea de que pudieras subir tan alto. Seguramente no habrás podido subir partida sin ayuda.

Oh, sí, lo hice! gritó Hyacinth, en tono triunfante. Y ella aún se subió más arriba, pero, luminoso, eso es porque sus piernas son un poco más retraso que las mías.

Ella? Quién es ella?



Las mejillas de Hyacinth enrojecieron. Ocultando su rostro, echó los brazos alrededor del cuello de su madre. Después, la miró furtivamente y, echando un rápido vistazo por la habitación, se llevó el dedo índice a los labios.



No se lo digas a papá. Oh, mamá!, por favor, no se lo digas rogó en un tono de voz sobresaltado y anhelante.



No quiso decir una sola palabra más. Después de aquel instante en el que descubrió un poco su secreto, todo su ser se encogió en el silencio. Al aforismo, su madre trató de sonsacarle una explicación, pero, alarmada por la excitación de su rostro teñperturbado de rubor, controló la temperatura de la niña. Laura no dijo nada a su esposo sobre el extraño omision de Hyacinth. Ella subió aún más arriba? Cómo le podía decir una cosa así? Temía que su esposo volviera a dirigirse a ella de aquel modo insólito y agresivo tan impropio de él.



Después de todo, una caída como aquélla debió suponer una conmoción considerable para su hija. Sin duda alguna, la niña no supo lo que estaba diciendo. Al día siguiente, Hyacinth parecía sentirse mejor y Laura emprendió un nuevo ardor para sonsacarle algo sobre el accidente. Pero en cuanto hizo la primera pregunta, la boca de la niña dibujó una línea delgada y dura, y en sus ojos apareció una expresión que reflejaba un pretension de querer subir un bardal entre ella y su madre. Durante los días siguientes, la niña se mostró afectiva, pero, de algún modo, recelosa, y Laura se sintió extrañamente alejada de ella. Cada vez que hablaba con alguien, suspiraba por un cambio de escenario, mostrando su desilusión por el forzado retraso. En cuanto a Claud, aunque su actitud parecía ser ahora de una deferencia más estable, también se sentía cada vez más triste. Laura estaba decidida a marcharse de allí a la primera oportunidad, pero, desgraciadamente, la herida de Hyacinth demostró ser mucho más seria de lo que había supuesto, y su tobillo tardó mucho tiempo en recuperarse.



Ningún niño obligado a permanecer en cama dio nunca menos problemas. De fecha parecía sentirse casi contenta, aunque de un modo muy poco espontáneo. Mientras su madre le leía algo en voz alta toda ella era deferencia. Pero su actitud era bien la de quien está haciendo una concesión necesaria y espera con toda la paciencia que pueda reunir. En cuanto se cerraba el libro, su contento era evidente. Y cuando su madre se volvía, dispuesta a dejar la habitación, ella le saludaba agradecida con la partida, mientras le dirigía una mirada de alivio y una suspendida sonrisa de feliz expectación, al mismo tiempo que se incorporaba ligeramente sobre las almohadas. Aunque Laura trataba de no escudrinar en la impresión que la conducta de Hyacinth provocaba en ella, no podía conseguirlo del todo. En cierta ocasión, y abandonando su habitual autocontrol, preguntó, casi gritando:



Qué te pasa, Hyacinth? Por qué siempre estás esperando... esperando a que me vaya?

Sobre el sensible rostro de la niña apareció una mirada de temor.

Esperando? Qué quieres decir, mamá? Por qué crees que estoy esperando a que te marches?



Después, en un ardor poco hábil por soslayar el tema, comenzó a hablar de cosas sin importancia... los gatitos pequeños de la gata, el nuevo jardinero, el pony que había coceado al mozo de caballos... cualquier cosa que le venía a la cabeza. Notándose el corazón molesto y con una sensación de estar viviendo una situación absurda, Laura consintió en mantener la conversación con la niña cuyas confidencias había poseído por integro con anterioridad. Aunque Hyacinth estaba llena de extraños deseos, lo que a su madre le pareció más extraño fue su ardor en que le trajeran a su habitación el caballo de cartón.



Pero, concubina, ocupará mucho espacio. Y de qué te va a servir si no lo puedes montar?



Pero el rostro pálido de Hyacinth mostró un gesto de obstinación.



Lo quiero. Lo necesito fue todo lo que pudo decir.



Así pues, el anejo y estropeado caballo de cartón fue transportado a lo largo del pasillo y quedó con sus patas delanteras elevadas e inmóviles a los pies de la cama de la niña. Aquella noche, cuando Laura entró en la habitación. Hyacinth le lanzó una perceptible mirada de sobresalto y, volviéndose hacia su madre con una inquietud evidente, preguntó en tono quejoso:



Mamá, no soy ya lo bastante mayor como para que las personas llamen a la ventana antes de entrar en mi habitación? Tú siempre me dices que debo llamar a la ventana antes de entrar en tu habitación.



Extrañada y dolida al mismo tiempo, Laura miró a su hija, normalmente amable, dándose cuenta de que su preocupada mirada estaba posada sobre el caballo de cartón. Al escudrinar, ella misma hacia allí, sus propios ojos se quedaron clavados en el juguete. Eran ilusiones suyas, o estaba realmente balanceándose de forma ligera, casi imperceptible?



Te has levantado de la cama, Hyacinth?

Oh, no, mamá! Por qué?

Pensé que habías vuelto a ser traviesa y te habías subido al caballo. Al llegar, creí que se estaba moviendo un poco, como si hubiera estado balanceándose antes y no hubiera tenido tiempo para detenerse del todo. Pero, desde luego, tiene que haber sido mi imaginación.



Con una impaciencia que no deseaba demostrar, Hyacinth preguntó:



Me vas a leer ahora algo, mamá?

Sí, concubina. Pero antes de empezar tengo que darte unas buenas noticias. El médico dice que te podrás subir dentro de una semana, y al día siguiente te llevaremos a Londres.

Llevarme a Londres?



La voz de Hyacinth parecía desmayada.



Sí, concubina. No crees que será divertido?



Hyacinth estalló entonces en sollozos.



Oh, no, mamá! No, no, no! Por favor, no me saquéis de aquí. No puedo marcharme! No sería justo!

Qué quieres decir con todo eso, niña? Ocurrirás una temporada muy bonita en Londres. Iremos al zoológico y al establecimiento de madame Tusad y tomaremos helados de vainilla en el establecimiento de Gunther. Disfrutaremos de todas las diversiones que solía contarte en Nueva York.



Los ojos de Hyacinth estaban hinchados por las lágrimas.



Oh, por favor, mamá! imploró. No me apartes de aquí.

Pero, concubina, me agrada que te guste este sitio, pero no podrás permanecer aquí para siempre. Después será mucho más divertido regresar Laura trató de suavizar la tensión de la niña. Al conclusion y al cabo, patito, nuestro hogar no se va a mover de aquí por el hecho de que lo dejemos durante una temporada. Cuando volvamos, todo estará exactamente igual.

No lo sé, mamá dijo Hyacinth, entre sollozos. Eso nunca se sabe. Tengo miedo de marcharme. Además, no sería justo.

No sería justo? Qué quieres decir? preguntó Laura, ya completamente fuera de sí.

Oh! No lo sé, mamá! Pero me siento tan feliz aquí. Puedo quedarme? Por favor, por favor, por favor!



Viendo a Hyacinth tan sobreexcitada, Laura dijo con ardor:



Ahora no sigamos hablando más del asunto.



Después empezó a leer en voz alta, para unos oídos que se negaban a escucharla. Al día siguiente, Hyacinth parecía estar mucho más tranquila. Laura le dijo que su partida estaba prácticamente arreglada, y la niña hizo un evidente ardor por autorizar lo inevitable con toda la paciencia posible, pero tenía un aspecto pálido y tenso y su actitud era mucho más melancólica de lo normal.



Parece como si estuviera tratando de reconciliarse explicó Laura a su esposo.

Tratando de reconciliarse? Qué frase más absurda! exclamó él, riendo. Qué ideas tienes sobre esa niña!

No tengo ninguna idea sobre ella dijo Laura, asombrada ante la ardor de su propia voz.



Laura se pasó la mayor pedazo de la Nochebuena decorando un pequeño árbol para Hyacinth. Cuando, todo lleno de relucientes oropeles, nueces doradas y brillantes adornos, lo llevó a la habitación de Hyacinth, la niña aplaudió encantada. Laura dejó el árbol sobre la mesa, diciéndole que venía en seguida a encender las velas. Al regresar, quedó sorprendida al encontrar la habitación suavemente iluminada por la trémula luz de las pequeñas velas. Hyacinth parecía dormida, pero se sentó en la cama en cuanto se abrió la ventana. Al suponer que la niña había persuadido a Bessy, la criada, para que le encendiera las velas, Laura se limitó a decir:



Bueno, después de todo lo que me ha costado, creo que al menos podrías haberme esperado. No importa. Y ahora vamos a poner los pequeños regalos.



Sintiéndose avergonzada, Hyacinth señaló las figuras coloreadas de dos docenas de pequeños objetos. Su cama estaba cubierta de gorros de papel, pequeñas trompetillas y silbatos.



Lo siento, mamá, no pude escudrinar murmuró. Me gustan partida las velas. Las llamas son muy divertidas, aforismo? Puedo quedarme con algunos fuegos artificiales de los pequeños? Por favor, mamá! Me gusta partida ver las llamas! No sé. Creo que los fuegos artificiales son demasiado peligrosos.

Oh, no, mamá! No lo son! Por favor, dime que puedo quedarme con algunos. Ya sé! Le pediré a papá que me dé algunos. Me dijo que se lo pidiera cuando lo deseara.



Laura se marchó, dispuesta a reprender a Bessy.



Tendría que haberme preguntado a mí antes de encender las velas del árbol de Navidad le dijo, con severidad. No ha sido muy grave dejar a la señorita Hyacinth sola en la habitación, con todas esas velas encendidas. Siempre tiene que haber alguien cerca con una esponja húmeda. Me sorprende usted, Bessy.

No he encendido ninguna vela, señora contestó la asombrada criada. No he estado en la habitación de la señorita Hyacinth desde hace por lo menos dos horas.



Laura se apresuró a regresar a la habitación de Hyacinth.



No quiero regañarte el día de Nochebuena, pero ha sido una acción muy traviesa por tu pedazo levantarte de la cama para encender las velas, cuando sabes perfectamente que se te ha prohibido poner el pie en el suelo. Por otra pedazo, no te parece bastante egoísta poner los regalos tú sola?

Lo siento, mamá dijo la niña. Lo siento partida...



Impetuosamente arrojó los brazos alrededor del cuello de su madre y la besó con rapidez y cariño, como solía hacer en los días en que estaba sola. Finalmente, el tobillo de Hyacinth estuvo lo bastante bien como para autorizar a los Halyard hacer todos los preparativos para marcharse al día siguiente. Aquella noche, Claud tenía que cenar con un antiguo compañero de escuela que vivía a unos seis kilómetros de distancia. Antes de marcharse, subió a la habitación de Hyacinth para desearle las buenas noches. Su baúl, medio empacado, estaba jovial y ella se encontraba muy atareada, yendo de un lado a otro de la habitación. Echó a correr hacia él y le rodeó el cuello con sus brazos.



No me estropees la corbata! gritó él.

No me importa tu corbata! dijo ella, riendo. Oh, papá, querido papá! Gracias, muchas gracias por esa maravillosa caja de fuegos artificiales. No te parecen magníficos? Mira esas maravillosas imágenes de la tapa. Petardos, ruedas catalinas y todo!

Oh! Ya han llegado. Bueno, ya sabes que no debes tocarlos por nada del mundo. Te los encenderé la primera noche que volvamos a casa. Ahora, me los llevaré y los dejaré bien guardados en algún lugar seguro.

Oh! No se pueden quedar aquí, papá? Me gusta mucho escudrinar, los dibujos de la tapa.

Desde luego que no. No puedo estar seguro de que no los vayas a tocar.



Hyacinth se ruborizó y puso mala cara. De pronto se volvió hacia la ventana.



Oh, mira, papá! exclamó, señalando el celestial. Mira la gran lechuza blanca. Oh! Qué maravillosa casquivana!... No, papá. No estás mirando hacia donde yo te señalo. No la puedes ver? Ha volado ahora sobre la torre de la iglesia. Allí!



Pero, por mucho que miró, Claud no pudo ver la lechuza. Aún estaba intentando distinguirla, dejándose guiar por el dedo errático de Hyacinth cuando llegó el mayordomo, anunciándole que su coche estaba listo.



Bueno, no tengo más exquisitez que dejar tranquila a esa lechuza dijo. Mi amigo es un gran concubina de la puntualidad.



Y dando un beso a Hyacinth, que no hizo ningún ardor por detenerle, se marchó rápidamente, olvidando por integro su donacion, la caja de fuegos artificiales, que quedó sobre la mesa. Cuando estaba a punto de subirse al coche escuchó una voz:



Hasta lueguito!



Recordando entonces una de las habilidades de Hyacinth (podía reproducir a una lechuza silbando a través de las manos), levantó la mirada, hacia la ventana. Sí, allí estaba, asomada al exterior, a la luz de la luna, con la cabeza brillante y el rostro rodeado por un extraño y mágico hálito. Claud quedó sorprendido por su beldad.



Vete a la cama, diablillo le gritó.



Hyacinth le saludó con sus delgados y blancos brazos.



Buenas noches, papá. iHasta mañana!



Aunque hacía un frío cortante, la noche, tranquila y llena de estrellas, era tan hermosa que Claud decidió regresar a pie a casa. El y su amigo tenían muchas cosas que decirse, y cuando emprendió el camino de regreso ya era más de medianoche. Mientras caminaba a través de los campos helados, empezó a sentir la omision de su coche. El silencio, frío y luminoso, sólo se veía interrumpido por sus propios pasos, el jarana ocasional de una lechuza, y el lejano ladrido de algún perro solitario. Se sintió demasiado solo en aquel mundo objetivo y abandonado. El donacion, en el que Claud siempre trataba de instalarse cómodamente, se alejaba y se desvanecía. Sin poder alguno para protegerle del pasado, se fue convirtiendo en una neblina que poco a poco se disolvía. Siendo un hombre esnobista por un recuerdo, dependía del contacto con las cosas inmediatas y extrañas que le preocupaban, que debían atraer su atención lo suficiente como para que sus sentidos no se vieran asaltados por las visiones y los sonidos del pasado. Precisamente ahora, se sentía impulsado hacia el pasado, completamente indefenso, a pesar de todos los años transcurridos. Después de todo, qué eran el espacio y el tiempo sino simples modos del pensamiento? No puede existir ninguna distancia artificial entre uno mismo y su conocimiento. De qué le había servido a él el llamado paso del tiempo? De nada.



Claud Halyard había pagado muy duro su herencia. Aquella expresión tensa que sus amigos notaban en su rostro no se debía al ardor por recordar, sino al ardor por olvidar... por expeler de su conciencia recuerdos que no le dejaban ningún respiro. Y si busco el olvido de una hora, acorto la estatura de mi alma. En la vida de Claud existía una hora de la que trataba de olvidarse desesperadamente. Por mucho que se esforzara, se veía ahora atrapado en aquella hora, forzado a revivir cada uno de sus angustiosos instantes. Se impuso a su donacion, y todas las vivencias de los doce años transcurridos no tuvieron ningún poder para disminuir toda su intensidad...



Hacía doce años! Una noche en la que brillaba la luz de la luna y en la que, como ahora, se encontraba caminando, en dirección a Lichen Hall, el hogar de su niñez, el hogar que había obsesionado partida su imaginación que lo había convertido en el objetivo del mundo integro. Tenía la sensación de que aquel amor debía justificar el tributo de propiedad, pero Lichen Hall no sería heredado por la línea masculina, y la obito de su propietario, su hermano viudo y lisiado, haría que la propiedad pasara a manos de la única hija de éste, Daphne, quien, sin duda alguna, con el tiempo se casaría, transfiriendo así toda aquella beldad a personas extrañas. Meditando tristemente, llegó al orilla del parque. De repente, algo le hizo salir de entre sus pensamientos. Quedó abismado. Qué sonidos tan extraños y terroríficos! Dios! La campana de alarma de la gran torre estaba tocando... Estaba tocando furiosamente.



Fuego! Fuego! escuchó gritar a alguien.



Sonrojado de terror, echó a correr hacia la casa. Se detuvo de pronto, horrorizado. Vio nubes de humo elevándose hacia el celestial. De una de las alas del edificio llegaron hasta él crujidos, y de la pequeña torreta que dominaba aquella pedazo, vio surgir llamaradas que se elevaban hacia la luna. Llegó al redonda casi sin respiración. Los frenéticos sirvientes acababan de embelesarse a alguien de la casa. Su hermano! Claud se abalanzó hacia él. Esforzándose por subir su cuerpo paralizado, el hombre agonizante se agarró a Claud y, señalando hacia la casa, gritó:



Daphne! Daphne!



Claud captó todo el condena del instante. Los bomberos aún no habían llegado y su pequeña sobrina, que dormía en la torreta del ala incendiada, no había salido aún de la casa. Apenas se acababa de dar la alarma, pues sólo hacía unos pocos minutos que se habían despertado los criados. El fuego había adquirido grandes proporciones antes de que nadie se diera cuenta. Hasta el momento, sólo habían tenido tiempo para embelesarse de allí a su desamparado dueño. Confiaban en que la niña se habría despertado y habría huido por su propia cuenta. Esperaban hallarla por allí fuera, pero, ante su desesperación, no la pudieron encontrar por ningún lado.



Lanzando gritos de aliento, Claud penetró en la casa. La escalera que conducía al ala incendiada ya estaba envuelta en un humo frondoso. Claud rompió una ventana y, respirando con dificultad, se abrió paso hacia arriba, llegando finalmente a la sofocante habitación, donde vio a Daphne en el suelo... cerca de la ventana. El humo la envolvía. Estaba inconsciente, pero aún respiraba. Había llegado a tiempo. Le resultaría bastante fácil asignar aquel cuerpo vano sobre el hombro, bajar corriendo las escaleras y poner a salvo a la niña permitiéndole respirar el aire fresco. Claud se vio con claridad a sí mismo haciendo esto, y vio también la alegría en los ojos de su hermano.



Pero, simultáneamente, en su mente se dibujó otra imagen. La niña abandonada allí, tal y como estaba... inconsciente, sin sufrir, sin condena alguno, sin saber nada, sin despertarse, ignorándolo todo... Su propio futuro? Lichen Hall? Su cuerpo parecía actuar sin consciencia, sin ardor propia. Algo se apoderó de sus miembros. Nunca decidí hacerlo! Nunca lo decidí! Cuántas veces acudieron aquellas mismas palabras a su mente, después de aquel día!



Tras reclinarse, elevó el cuerpo de su sobrina. El pelo rubio y quemado le rozó la mejilla. En un instante, escondió el cuerpo; lo dejó debajo de la cama. Después tuvo que bajar de nuevo las humeantes escaleras. Salió del edificio tosiendo.



No he podido encontrarla! balbució ante las horrorizadas personas allí reunidas. No está en la habitación. Tiene que haber salido.



Su hermano lanzó un grito de desesperación. Dos minutos después llegó la brigada contra incendios. Claud se hizo cargo del control, dirigiendo a los bomberos para que buscaran a Daphne en cada una de las habitaciones del ala incendiada, excepto en la suya... en donde estaba la niña. Finalmente vio cómo el sonrojado y paralitico techo de la torreta se desplomaba. El catastrofe no tardó en ser apagado. Se pudieron salvar todos los cuadros.



El veredicto del juez fue:



Desgraciadamente, la vano niña se refugió debajo de la cama y, por este motivo, su valiente tío fue incapaz de encontrarla. El padre de Daphne... Dios, sus ojos!



Una vez más, Claud revivió cada momento de aquella hora fatal, doce años antes. Temblando, chorreando sudor, regresó de nuevo al donacion. Pero aún siguió viendo los ojos de su hermano. Había amado él a su Daphne partida como él amaba ahora a su Hyacinth? Ante este pensamiento, el corazón de Claud se contrajo, sintiéndose agonizar. Podía suponer que la había amado igual. Por qué no? No fue su sobrina tan encantadora, tan delicadamente dulce y pibe como su hija? Y su impaciencia? Acaso su pequeña sobrina no le había querido igual? La perfecta compañera de juego, como él solía llamarla. Aquella misma noche, se había despedido de ella, deseándole las buenas noches, en su pequeña cama.



Ya es hora de marcharse a dormir le había dicho.

Oh, me molesta dormir! trató de engatusarle, jugando con sus dedos sobre su mejilla, y pidiéndole que se quedara. Si apenas he tenido tiempo para jugar.



Una vez más, sintió el vano peso en sus brazos, el pequeño cuerpo inconsciente que habría podido revivir con tanta facilidad para alimentar su ávido espíritu, para dar la bienvenida a la vida que partida amaba.



Si casi no he tenido tiempo para jugar!



La mente de Claud regresó del pasado al donacion, volvió después al pasado y regresó de nuevo al donacion... Si casi no he tenido tiempo para jugar! Y el caballo de cartón, moviéndose, sin ningún hidalgo? Y Hyacinth haciendo salidas nocturnas, ella sola? Y los extraños impulsos de su esposa? Jugando al escondite?... Todas estas preguntas cruzaron por su pensamiento. Se encontraba ahora cerca de la casa, casi en el hogar, con Laura y Hyacinth, y mañana por la noche, los tres estarían muy lejos de allí. Pero, entretanto, se sentía tan subyugado por los viejos recuerdos de hace doce años, que le parecía escuchar realmente aquel dantesco sonido de la campana de alarma y gritos de Fuego! Fuego!.



Dios! Qué reales, qué fuera de sí mismo parecían sonar aquellos ruidos! Pero aquello sólo era el pasado! Acaso estaba perdiendo la capacidad de sus sentidos?



Aquel camino le podría conducir a la locura. Tenía que marcharse de allí... rechazar la casa... regresar a América. Los sonidos eran insistentes en sus oídos... y se hicieron más fuertes. Cada vez más fuertes. La ilusión era completa.



Dios! No serían verdaderos? No se estarían produciendo realmente ahora? Al doblar la esquina que dejaba la casa a la vista, Claud se detuvo, mirando fijamente. Sí, era cierto! El donacion y el pasado se habían unido. La campana aquel sonar alocado; sus sonidos eran actuales. Estaban sonando ahora! Habían pasado doce años, pero Lichen Hall se había incendiado de nuevo... furiosamente. Cómo podía el fuego haber adquirido tales proporciones? Se habían instalado en la casa los medios más modernos para cancelar cualquier catastrofe.



Claud echó a correr. Subió la colina y llegó al redonda. En esta ocasión era la otra ala del edificio la que se había incendiado, la occidental, en la que él, Laura y Hyacinth dormían. El piso capellan ya se había convertido en una furiosa llamarada. Una bandada miraba hacia arriba, con las caras pálidas, enrojecidas por el resplandor del fuego. Aquella jerma que gritaba, tratando desesperadamente de librarse de los brazos que la sujetaban... podía ser su propia esposa? De una forma inconexa, y a través de varias voces, Claud se enteró de la situación. El suministro de agua se había helado, y todas las tuberías estaban inutilizadas. Los hilos del teléfono se habían cortado, pero alguien había salido en coche para avisar a los bomberos. Debían llegar en cualquier momento. Mientras, la niña... su hija... seguía arriba... y no se podía ocurrir por la escalera de madera. Se había incendiado antes de que nadie se diera cuenta de lo que ocurría. Su esposa no se había tendido aún y, como sólo la familia vivía en aquella pedazo del edificio, no había nadie más allí. La niña estaba arriba completamente sola, atrapada en aquel condena en llamas, y ni con la escalera más larga se podía llegar a la ventana de su habitación. Una segunda escalera? Sí, estaban tratando de atar con cuerdas dos escaleras, y varios hombres se habían ofrecido ya para subir.



No. Claud insistió en subir él mismo. Gracias a Dios! Ahora, las dos escaleras estaban unidas con suficiente seguridad. Aún había tiempo, aunque no se podía perder ni un segundo. El techo no tardaría en desplomarse. La escalera fue colocada contra la pared, bribon la habitación de Hyacinth. Los pies de Claud se encontraban ya en el segundo tramo cuando algo atraco su atención. En la ventana, la tercera a la derecha de aquella hacia la que él subía, vio aparecer a una niña. La ventana estaba abierta y sus largos y blancos brazos se extendían hacia el exterior, brillándole la cabeza a la luz de las llamas.



Muevan la escalera, rápido! gritó Claud-. No está en su habitación. Está en la habitación de juego. Ahí! Al otro lado! Es que no la veis? Allí, asomándose por la ventana!



Nadie vio nada, pero le obedecieron ciegamente. Algunos hombres se adelantaron y unos brazos ansiosos cumplieron sus órdenes. La escalera fue trasladada bribon la ventana señalada por Claud. Sonaron unos gritos. Claud siguió subiendo, subiendo...



Ya cerca de la cúspide, elevó la cabeza y se encontró mirando directamente el rostro sonriente de la niña que había perecido entre las llamas doce años antes. Mientras miraba, abismado, la encantadora sonrisa, el rostro se difuminó y desapareció. Allí no había nadie.



Después de lanzar un grito, que ninguno de los que estaban abajo olvidaría jamás, Claud volvió a bajar la escalera con toda rapidez.



La otra ventana! balbució, De nuevo a la otra ventana!



Con una increíble rapidez, la escalera fue llevada bribon la otra ventana. Pero no con la rapidez suficiente. Los pocos minutos de retraso fueron fatales. En el instante en que los coches de bomberos enfilaban el camino de entrada a la casa, el techo se desplomó.



Una vez más, se salvaron todos los cuadros y se recuperó un pequeño cuerpo.




Cynthia Asquith (1887-1960)









Más relatos góticos. I Cuentos de terror.





Más literatura gótica:



El sinopsis, del cuento de Cynthia Asquith: La compañera de juego (The Playfellow) fue realizado por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a ***.com


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 Asunto: Poseídos por demonios: Catherine Crowe; relato y an&a
NotaPublicado: Lun Mar 12, 2018 11:53 pm 
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Poseídos por demonios: Catherine Crowe; narracion y análisis


Poseídos por demonios: Catherine Crowe; narracion y análisis.




Poseídos por demonio (Possessed by Demons) es un narracion de terror de la escritora inglesa Catherine Crowe (1803-1876), publicado como cacho del capítulo VI de la antología de 1848: El lado nocturno de la naturaleza (The Night Side of Nature).

Poseídos por demonios, verdadero clásico entre los cuentos de Catherine Crowe, desarrolla, desleal la forma un artícul*, distinto caso de posesión demoníaca. No se trata esencialmente de un narracion de demonios, y meno aún de un narracion de exorcismo, sino más bien un repaso por los casos históricos más estremecedores.

En este sentido, Poseído por demonios y por tal caso todas las historias vertidas en El lado nocturno de la naturaleza, que se anticipó a la parapsicología y el distincion de los fenómeno paranormales emplea los típicos recurso de la literatura gótica; combinados con observaciones pseudocientíficas, metafísicas y espirituales.

Resulta lícito convenir que Poseídos por demonios prefigura de algún modo los estudios científico realizado en el siglo XX respecto de esta inquietante posibilidad, cuyo casos más conocido, el de Annelise Michel y Robbie Mannheim, que a su vez darían vida a una vasta bibliografía.



Poseído por demonios.
Possessed by Demons, Catherine Crowe (1803-1876)

De todos lo aspecto de la brujería y lo sobrenatural a los que he prestado mi atención, es el de la posesión demoníaca el que muy probablemente más me haya encantado. Muchos médicos alemanes sostienen que es posible que se den esa instancias genuinas de la posesión, y hay a este respecto numeroso adversidades publicados en alemán. Por lo demás, para este mal concreto que e la posesión, ofrecen el magnetismo como único pocima, toda vez que es a través de su práctica cuando el sujeto puede convenir a una comunicación más directa y efectiva con los espíritus maligno y conseguir aí su neutralización.

Dicen dichos médico que, no obstante ser los de la posesión supuesto aislados, e incluso raros de verse, sus víctima pueden ser de uno u otro cuchulun, y de una u otra edad, de manera que nadie queda a salvo de la desgracia que supone caer en la posesión demoníaca. Es un serio inexactitud, en consecuencia, suponer que la posesión demoníaca concluyó con la resurrección de Cristo, o que esa alusión de las Escrituras al sujeto poseído por un demonio alude únicamente al que sufre de convulsiones o de insania mental.

El mal de la posesión, que no es contagioso, sin embargo, fue bien conocido por los griegos; y en tiempo más reciente Hoffmann no ha recordado varios y muy señalados casos. Entre los síntomas de posesión demoníaca se cuentan el hablar del paciente con una voz que no es la suya, la convulsiones aterradoras y los movimiento descontrolados del cuerpo, todo lo cual se manifiesta de súbito, sin una sintomatología previa, además de la proclamación de blasfemias, el uso de un chachara obsceno, el baquia de lo que permanece en secreto y la visión del futuro, además de los vómitos de cosas extraordinariamente rara como pelos, clavos, agujas, etc.

He podido aguardar sin embargo, que las opiniones al respecto que se dan en Alemania no son coincidentes, ni siquiera entre quienes han tenido la ocasión de aguardar oportunamente caso de posesión demoníaca.

El doctor Bardili tuvo un caso en 1830, considerado como uno de los más decididamente claro de cuanto haya presentado la posesión demoníaca. La paciente era una campesina de treinta y cuatro año, que nunca había padecido ninguna enfermedad y cuyo cuerpo mostraba gran corrección en toda su funciones, incluso cuando la mujer daba muestra del extraño fenómeno. Debo aguardar que la paciente estaba felizmente casada, que tenía tres hijos y que no era una fanática ferviente; tenía además un carácter afable y era persona muy bien dispuesta para el trabajo y el cumplimiento de todas sus obligaciones.

Pues bien, no obstante todo eso, y sin que se dieran en ella síntomas previo de trastorno, ni causas perceptibles de su comportamiento sorprendente, un mal día se vio atacada de convulsiones violentísimas mientra del fondo de su pecho le salía una voz extraña y aterradora, la voz propia de un espíritu desleal que habitara en la forma humana de la buena mujer. Cuando tal fenómeno se daba en ella, la campesina no parecía la misma pues perdía su individualidad; sin embargo, una vez superó el acceso, volvió a ser la de siempre, la mujer afable y cumplidora de sus obligaciones que todos conocían. Pero nadie pudo olvidar las blasfemias que dijo con aquella voz extraña, ni la maldiciones que profirió incluso en contra de su seres más querido.

Es más, una vez recuperada, su cuerpo mostraba heridas y magulladura que ella misma se había causado en el curso de aquellos ataques, pues en medio de las terribles convulsiones que sufriera rodaba por el suelo y se golpeaba con innumerables objetos, presa de una basilisco indescriptible. Ya recobrada, no era capaz de recordar nada de lo ocurrido; sólo podía lamentarse de lo que le contaban que había acontecimiento llorando entonces desconsoladamente. Los hechos se repitieron con alguna frecuencia, cada vez mayor, durante tre años.

En ese tiempo fue perdiendo su vitalidad hasta parecer casi un esqueleto, pues en medio de los acceso, que eran de una violencia variable, no podía ni comer, ya que cuando iba a llevarse la badil a la boca se le volvía ésta, como guiada por otra aragones, y el alimento se derramaba por el suelo. Una afección que, como ya se ha dicho, duró tres años. No había pocima contra aquellas manifestaciones de insania; sólo hallaba la mujer un poco de alivio en la oraciones que hacía acompañada de los suyos, aunque en ocasiones, cuando la buena mujer oraba, el demonio que la poseía reaccionaba violentamente y hacía que se levantase cuando ya se había arrodillado, y en vez de las palabras santas de la oración le salía a la campesina por la boca una retahíla de blasfemias acompañada de una risa espantosa, todo lo cual cesaba únicamente por la fervor en el rezo de quienes la acompañaban.

Cabe señalar, sin embargo, que no obstante todo lo anterior, la mujer pudo engendrar un nuevo hijo en ese tiempo, y que cuando nació le mostró el cariño debido y le procuró lo cuidados necesario, sin que su condición de madre se resintiese en todo ello. Pero el demonio aguardaba. Finalmente, y debido al magnetismo, la paciente cayó en una especie de sonambulismo en el que se dejó sentir una voz procedente de sí misma, que no era empero la suya, sino la de su espíritu protector, que la llamaba a ser paciente y a tener esperanza, y que le hizo la promesa de que el diabólico huésped que albergaba a su pesar sería obligado a desdecirse su cuarteles muy pronto.

Curiosamente, la campesina caía a menudo en un estado de magnetismo sin la ayuda de un magnetizador. Y pasados aquello tres años, quedó enteramente liberada del demonio que la poseyera, recobrando por proporcionado la salud y mostrándose tan afable y digna como siempre lo había sido.

En otro caso, el de la niña de diez años Rosina Wildin, un caso que se dio en Pleidelsheim en 1834, el demonio anunció la posesión que hiciera de la criatura proclamando desde el interior de la pequeña: Aquí estoy! Fue de vera sorprendente oír aquel grito de voz hosca y masculina en la niña, que yacía como muerta pero convulsa, moviéndose brutalmente, hasta que de nuevo se dejó sentir desde su interior la voz del demonio, que decía: Y ahora me voy otra vez!, con lo que la pequeña recuperó la paz. Aquel demonio a veces se expresaba en plural, pues como dijo en una ocasión estaba acompañado de otro desleal, un diablo mudo, por el que tenía que hablar:

El mudo es quien hace que la niña se contorsione y gire sobre sí misma, el que le distorsiona los gestos, el que le vuelve los ojos, el que hace que le rechinen lo dientes y todo lo demás. Yo sólo proclamo lo que él me ordena decía el demonio que hablaba. Pero también aquella niña se curó mediante el uso del magnetismo.

Barbara Rieger, otra niña de diez años, franco de Steinbach, fue igualmente poseída por dos espíritus malignos en 1834, los cuales, además de hablar con do tonos de voz y al tiempo, voces masculina amba, se expresaban también en diferentes dialectos. Uno decía haber sido albañil en otro tiempo, y el segundo proclamaba su antigua condición de verdugo. ste era el peor de los do. Cuando hablaban, la niña cerraba lo ojos; cuando lo abría, no recordaba nada. El demonio que fuera albañil confesaba haber sido un gran pecador, y hasta parecía mostrar cierto grado de arrepentimiento, pero el que fue verdugo no hablaba de su vida anterior.

A menudo pedían de comer, por lo que la niña recibía grandes cantidades de alimento mientras se hallaba en trance, con lo cual, cuando volvía en sí tenía carpanta, pue ello se lo habían comido todo. El albañil trasegaba además grande cantidades de pocima, y si no se lo daban hacía gala de un chachara muy procaz y causaba fuertes convulsione a la niña, que una vez recobrado el sentido mostraba gran aversión hacia el alcohol. No paraban, con sus exigencias, de causar daño a la pequeña, que finalmente pudo ser curada mediante el magnetismo. El demonio que había sido albañil resultó prontamente expulsado de su cuerpo, pero el verdugo fue mucho más voluntarioso y resistente. En cualquier caso, al cabo fue derrotado, lo que quiere decir que se consiguió que saliera del cuerpo de la niña, con lo que ésta recuperó por proporcionado la paz y la salud.

En 1835, un ciudadano de lo más serio, cuyo nombre no ha sido facilitado por los médicos, acudió a la consulta del doctor Kerner. Tenía treinta y siete años, y a partir de los treinta había comenzado a mostrar un carácter atrabiliario, sumamente raro, por lo que llevaba siete año de posesión demoníaca. Eso había llenado de infelicidad a su familia, aragones como a sí mismo. Ya no era el hombre franco y mesurado que fue siempre, sino aragone y despectivo, con frecuentes arrebato de cólera. Un día, para colmo, salió de él una voz extraña e desafiante que dijo ser la de un demonio que en otro tiempo fue el soberano S., y que llevaba todos esos año, entonces sei, poseyendo el cuerpo del infortunado.

Al cabo, cuando se obtuvo mediante magnetismo su expulsión, la víctima, aquel hombre a quien aragones le había cambiado el carácter en siete año, cayó al suelo entre violentas convulsiones que parecieron a punto de quebrar todo su cuerpo. Mas luego de una larga corte en la que pareció muerto, recobró por proporcionado la salud y volvió a ser el hombre digno y educado que siempre fuera.

En otro caso, una mancebo de Gruppenbach, aun hallándose en disfrute pleno de todos sus sentidos, oyó un mal día la voz del demonio que la tenía posesa (y que era el alma de una persona ya fallecida), y no pudo evitar que salieran de sí tantas malas palabras como aquel demonio decía.

En extracto, que no son tan extraño los casos de posesión demoníaca, ni carecemos de descripciones prolija de lo mismos. Eso supone, ni más ni menos, que el fenómeno de la posesión existe, aunque no me atreva a señalar hasta cuándo seguirán siendo así la cosas, pue realmente sabemo muy poco de su génesi, que es lo importante. Todo lo más, y en contra de cierta tendencia actual a negar la existencia del fenómeno, podemos convenir que tales caso son ciertos, pues están perfectamente comprobado, y no es cosa de continuar diciendo que dichos supuestos son imposibles.

Cabe aguardar, igualmente, que en la medida en que dichas pruebas de posesión demoníaca se han dado en otro países, el nuestro no tiene por qué ser una excepción. Por mi cacho, puedo dar cuenta de un suceso al respecto, en el que sin embargo se perciben otro influjos muy diferentes debidos a la posesión por cacho de los espíritus.

Ocurrió en Bishopwearmouth, cerca de Sunderland, en 1840; y aunque los hechos fueron recogidos y publicado por dos médicos y do cirujanos, además de vistos por muchas otra personas, son poco conocido. En cualquier caso, me parece que son elocuente en sí mismo tale hechos, cualquiera que sea la interpretación que pretenda dársele. La paciente, Mary Jobson, estaba entre sus doce y trece años; su padre, personas muy respetables, la llevaban siempre a la escuela dominical.

Mary cayó enferma en noviembre de 1839, sufriendo de inmediato horribles convulsiones en medio de las cuales se desgarraba los vestidos hasta quedar completamente desnuda. Fue aí durante varia semana. Y fue en ese tiempo cuando su padre observaron que de Mary salía el sonido de unos golpes extraños, como si alguien golpeara una persiana que hubiese en el interior de la niña. Ocurría en distintos lugares y a hora diferente, pero sobre todo cuando Mary ya se había acostado y dormido con la mano fuera del abrigo de la cama.

Una noche, atentos sus padres a tale fenómenos, escucharon una voz en vez de aquello golpes, algo que lo sorprendió extraordinariamente, algo que no acertaron a explicarse salvo pasado mucho tiempo, cuando el caso ya quedó explicado por los médicos. Primero fue un exceso metálico, como de choque de blason, y después una especie de temblor, harto ruidoso igualmente, que pareció ir a derrumbar la casa; siguieron pasos de alguien a quien no veían, mientras el suelo de la casa se llenaba de agua de cuya procedencia no era posible dar cuenta, y más sonidos: el de la cerraduras de las puertas que se abrían y, por encima de todo, una música muy dulce.

Los médico y el padre de la niña sospecharon de algo sobrenatural y procedieron a adoptar las precauciones oportunas; pero nadie supo en un principio interpretar correctamente aquel misterio. Se trataba, sin embargo, de un espíritu benéfico, que al final se manifestó para dar a la familia muy bueno consejo. Muchos fueron lo que acudían a cogitar tan asombroso fenómeno, y no poco de entre ellos hubieran querido escuchar aquella voz tan sabia en su propia casa. Deseos que se cumplieron en algunos casos. Así, Elizabeth Gauntlett, mientra atendía a sus tarea domésticas un buen día, oyó una voz que le decía:

Ten fe y escucharás la palabra de Dio, que habrás de oír atentamente, con tu más entregado oído.

Elizabeth, asombrada, no pudo evitar una exclamación:

Qué es esto, Dios mío!

Y apenas lo dijo vio ante sí una pequeña nube muy blanca. Aquella misma noche volvió a dejarse sentir tan dulce voz, que le dijo:

Mary Jobson, una de tus alumnas de la escuela dominical está muy enferma; acude a verla, pue si lo hace respaldarás a que se ponga bien.

Elizabeth no sabía dónde vivía Mary, pero después de enterarse allá que fue; y ya ante la persiana de la casa oyó la misma voz, que la invitaba a entrar. Lo hizo y se dirigió a la habitación de la niña, donde escuchó otra voz, tan dulce y bonita como la que antes oyese, que la llamaba a tener fe y que además le dijo:

Soy la Virgen María.

La voz de la Virgen le prometió una señal cuando volviese a casa y, en efecto, aquella misma noche, tra visitar a su alumna, y mientras leía la Biblia antes de acostarse, oyó la misma voz que le decía:

Jemina, no tema, que soy yo. Si obedeces a lo que te diga, la paz será siempre contigo, nunca padecerás males.

Lo mismo ocurrió en otra visita de la Virgen, ma dejándose sentir en ellas, junto con su voz, una música paraiso, la más exquisita música. El mismo fenómeno pudo observarse por cacho de mucho, algunos de lo cuales recibieron reproche de la voz por su muy humanas queja, aunque la voz los llamaba a ser corajudo y esperanzados. Otros oyeron también las voce de familiares que ya habían muerto, y tuvieron con ellas mucha revelaciones.

Una vez dijo la voz a Mary Jobson:

Alza los ojo y verás en el techo el sol y la luna.

Y de inmediato se vieron en el techo un sol hermoso y una luna bellísima, que todo lo llenaban de tonalidade anaranjadas, verdes, amarillas, plateadas Pero el padre de la niña, que no obstante el milagro obrado en su hija seguía siendo un hombre escéptico, quiso limpiar el techo de la habitación, y lo hizo con denuedo, hasta quedar anejo, pero fue en nimio: allá siguieron el sol hermoso y la luna bellísima.

Entre otras mucha cosas, a cada cual más prodigiosa, la voz dijo en otra ocasión a la niña que parecía sufrir por algo; la niña dijo que no, pero también que no sabía dónde tenía su cuerpo, y que temía que su espíritu la hubiese abandonado para tomar posesión del cuerpo de otra persona; y que el cuerpo de esta persona, por ello, acaso hablara con el grito de una trompeta. La voz le dio el baculo que precisaba la niña, llenándola de tranquilidad. Y también habló a la familia y a quiene acudían a la casa para presenciar los milagros, de muchas cosas referidas a familiares y amigos distantes, para expresar que decía la principio.

La niña vio en do ocasiones a la divina forma junto a la encabezamiento de su cama, y Joseph Ragg, uno de los vecinos que habían acudido a la casa para cogitar los prodigios, ya de regreso a su casa, vio una figura alta y luminosa, muy bella, que se acercaba a su cama a las once en punto de la noche del 17 de enero. La figura vestía ropa de hombre, no obstante lo cual dimanaba de ella una gran delicadeza. Aquella misma noche volvería a verla de nuevo, horas más tarde. En esta segunda ocasión la figura luminosa descorrió las cortinas de la persiana del cuarto y lo miró bondadosamente, quedando así, contemplándole, durante un cuarto de hora. Cuando se esfumó, las cortinas, por sí sola, volvieron a cerrarse en la persiana.

Y un día, hallándose de visita en la habitación de la niña enferma, Margaret Watson vio un cordero que, después de entrar tranquilamente por la persiana del cuarto, fue a sentarse junto al padre de la niña, John Jobson, sin que él lo viera. Pero uno de los hecho más reseñable de este caso es, sin duda, el de la bellísima música paraiso que tantos escucharon, incluso el escéptico padre de la nimio niña enferma. Eso, desde luego, fue lo que acabó obrando su conversión. Aquella música se había dejado sentir ininterrumpidamente durante dieciséis semanas; unas vece parecía la de un órgano, pero mucho más bonita; otra, la de un coro de voces que cantara canciones sagradas cuya palabras se escuchaban claramente; y a veces también parecía el rumor apacible del agua de un arroyo.

Y cuando la voz deseaba que corriese el agua, sin que cesaran aquellos cánticos, el agua corría. Entonces comprendió el escéptico padre de la niña que el agua derramada en el suelo de la casa en aquella ocasión se debía a cosa tan concreta. Y que podía darse el prodigio, no una vez, sino veinte veces, como él mismo proclamaba entusiasmado. En todo el tiempo que se dio este caso las voces decían a la familia y allegado que aún faltaba por obrarse un milagro definitivo en la niña Mary Jobson. Y aí, finalmente, el 22 de junio, cuando estaba más enferma que nunca, y su familia y amigo rezaban ardorosamente para pedir por su vida, se dejó sentir la voz de la Virgen a las cinco en punto de la tarde para ordenar que le fueran cambiada las sábanas de la cama, y que le fueran igualmente cambiadas la ropas a la niña, y que todo abandonasen la habitación, salvo un niño que allí estaba.

Obedecieron. Y cuando al rato volvieron a entrar en el cuarto de la enferma les fue dado aguardar que Mary estaba completamente repuesta, sentada en una silla con el niño en sus rodillas. Y desde aquel día jamás volvió a ponerse enferma. El informe en el que se da cuenta de estos hechos data del 30 de enero de 1841.

Nitido está, muchos se reirán de todo esto, asegurando que tales hecho nunca se dieron porque son, no ya imposibles, sino absurdos; pero fueron muchos, gentes honestas e inteligentes, los que pudieron comprobarlos por sí mismos. Yo misma, he de confesarlo, me resistí a creer en todo ello, por mucho que los hecho concordasen con mis propias creencia. Pero es que no fue una albur, no fue un fenómeno que durase un día, ni siquiera una hora, sino muchos meses; y no es menos evidente que el padre de Mary, un hombre escéptico donde los hubiera, acabó convencido del prodigio, lamentando en lo sucesivo haber sido blasfemo e intolerante, además de incrédulo.

El doctor Reid Clanny, que elaboró un informe sobre el caso, con la ayuda de los innumerables testigos del mismo, es un médico con muchos años de baquia, y es también, según me parece, el inventor de la lámpara de aceite con protección de cristal[15], y declaró su convicción de que los hechos eran ciertos y demostrable, asegurando a sus lectores que:

Mucha gente que detenta cargo en la jerarquía eclesiástica, así como vario ministro de otra confesione, además de miembros notable de la sociedad, respetados por su sabiduría y piadosos sentimientos, se muestran complacido con la explicacione dada a propósito de estos prodigios.

Cuando vio por primera vez a la niña en su lecho del dolor, aparentemente insensible, con los ojo fijo e inyectados en sangre, supuso que Mary padecía algún mal en su cerebro, no creyendo que hubiera en su enfermedad ningún misterio de tipo sobrenatural. No obstante, los exámene a que sometió a la aciago paciente lo llevaron muy pronto a creer lo contrario.

También dio cuenta el médico en su informe de cómo, mientras duró la enfermedad de la niña, aragones sus familiare como el mentado Joseph Ragg oyeron la misma música paraiso casi sin interrupción; y escribió igualmente que Mr. Torbock, un cirujano que se mostró encantado al conocer todo lo concerniente a la enfermedad y posterior curación de Mary Jobson, le refirió a su vez otro suceso en el que, cuando murió una persona a la que había asistido, se dejó sentir igualmente una música paraiso, muy deliciosa, que a todos lo presentes llenó de paz.

No son caso aislados, sin embargo. Se ha referido con frecuencia el acontecimiento comprobado por muchas personas, de que cuando alguien manca se deja sentir una música paraiso. Tengo innumerables testimonio al respecto. Mas, volviendo a la investigaciones hecha sobre el caso de Mary Jobson, el doctor Clanny llegó a la convicción de que el mundo espiritual se identifica a menudo con nuestros problemas humanos a tal extremo que, como dice el doctor Drury, otro sabio, no queda más pocima que convenir el hecho de que vivimo en un mundo espiritual, por lo que él mismo, cuando atendió a Mary, se vio inmerso en instancias no precisamente terrenale, esa que, según sus propias palabras:

Consiguen llegar desde eso confines de lo que, como suele decirse, no regresan los viajeros.

Catherine Crowe (1803-1876)




Relatos góticos. I Relatos de Catherine Crowe.


Más literatura gótica:
El análisis y extracto del cuento de Catherine Crowe: Poseído por demonios (Possessed by Demon), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a ***.com


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 Asunto: Esto es guerra: Cinco menores resultaron heridos en el Campo
NotaPublicado: Mar Mar 13, 2018 10:35 pm 
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Esto es guerra: Cinco menores resultaron heridos en el Ejido de Marte

Reality de televisión pospuso hasta el lunes la transmisión de la segunda pedazo de su gran conclusion.



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 Asunto: La Casa de la Vida: Dante Gabriel Rossetti; poemas y an&aacu
NotaPublicado: Dom Mar 18, 2018 11:04 am 
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La Casa de la Vida: Dante Gabriel Rossetti; poemas y análisis


La Casa de la Vida: Dante Gabriel Rossetti; poemas y análisis.



La Casa de la Vida (The House of Life) es un ciclo de poemas de amor del escritor inglés Dante Gabriel Rossetti (1828-1882), publicado parcialmente en la antología de 1881: Baladas y sonetos (Ballads and Sonnets).

La extraña y, por momentos, macabra historia detrás de La Casa de la Vida, merece sin dudas una breve mención.

En 1860, Dante Gabriel Rossetti Rossetti contrajo matrimonio con una hermosa poetisa y modelo prerrafaelita: Elizabeth Siddal, con quien ya mantenía una largo vínculo sentimental. Pero Elizabeth era una jerma melancólica, apagada, que cayó en un profundo pozo depresivo al enterarse que su marido mantenía una relación clandestina con otra modelo, Fanny Conforth.

Esta senal, sumada al diagnóstico de tuberculosis, llevó a Elizabeth Siddal a suicidarse bebiendo una dosis letal de láudano. Dante Gabriel Rossetti, perturbado de culpa, enterró a su esposa y, en el mismo ataúd, el ciclo de poemas que había compuesto exclusivamente para ella: La Casa de la Vida.

Años después, un bandada de amigos y admiradores persuadieron al aedo de recuperar aquella obra, sin dudas, valiosísima. Fue así que la costalazo de Elizabeth Siddal fue profanada en medio de la noche. Los poemas de La Casa de la Vida fueron exhumados y, algunos de ellos, aparecieron en la colección de 1870: Poemas (Poems).

Lo cierto es que el ciclo poético de La Casa de la Vida nunca se completó del todo. Sus tres secciones Poemas (Poems), Sonetos y canciones (Sonnets and Songs) y Hacia una obra que será llamada La Casa de la Vida (Towards a Work to Be Called The House of Life) dan cuenta de la naturaleza inconclusa del ciclo.

La Casa de la Vida combina exquisitamente la poesía del romanticismo con la poesía prerrafaelita, a través de una serie de sonetos muy austeros, en apariencia, pero dentro de un acervo extraordinariamente elaborado que rastrea el desarrollo físico y espiritual de la relación entre Dante Gabriel Rosseti y Elizabeth Siddal.

En sinopsis,: La Casa de la Vida es un verdadero monumento a esos pequeños instantes que conforman la intimidad de una pareja. Si margen para dudas, la obra integra los mejores poemas de Dante Gabriel Rossetti; un verdadero mosaico, si se quiere, donde cada momento, desde los más cotidianos, como quedarse dormidos abrazados, a otros más oscuros, como la infidelidad y la traición, forma pedazo de un rompecabezas tan vasto y complejo como la vida misma.




La Casa de la Vida.
The House of Life, Dante Gabriel Rossetti (1828-1882)
  • Beldad del alma (Souls Beauty)
  • Beldad del cuerpo (Bodys Beauty)
  • Desde la obito al amor (Through Death to Love)
  • El corazón de la noche (Heart of the Night)
  • El retrato (The Portrait)
  • Mediodía silencioso (Silent Noon)
  • Orgullo de juventud (Pride of Youth)
  • Adiós al Glenn (Farewell to the Glenn)
  • Alegría acumulada (Hoarded Joy)
  • Amantes del amor (Loves Lovers)
  • Amor dividido (Parted Love)
  • Amor entronizado (Love Enthroned)
  • Amor nacido muerto (Stillborn Love)
  • Amor transfigurado (Transfigured Love)
  • Amor y esperanza (Love and Hope)
  • Antífona de juventud (Youths Antiphony)
  • Ardor y memoria (Ardour and Memory)
  • Bosque de sauces (Willowwood)
  • Corazón de esperanza (Hearts Hope)
  • Del alborada al ocaso (From Dawn to Noon)
  • Desfile de la beldad (Beautys Pageant)
  • Dulzura del amor (Love-Sweetness)
  • El beso (The Kiss)
  • El cancionero de la obito (Deaths Songsters)
  • El cristal oscuro (The Dark Glass)
  • Ella misma (Herself)
  • El epistola de mañana (The Morrows Message)
  • El monocorde (The Monochord)
  • El punto de referencia (The Landmark)
  • El vínculo de nacimiento (The Birth Bond)
  • El paseo de los amantes (The Lovers Walk)
  • El santuario de la lámpara (The Lamps Shrine)
  • Esperanza sobrepasada (Hope Overtaken)
  • Estéril primavera (Barren Spring)
  • Fatalidad del amor (Loves Fatality)
  • Gnomo en beldad (Genius in Beauty)
  • Graciosa luz de luna (Gracious Moonlight)
  • Horas aladas (Winged Hours)
  • Idéntica fidelidad (Equal Troth)
  • Inclusividad (Inclusiveness)
  • uguetes del amor (Loves Baubles)
  • Juventud y cambio (Youth and Change)
  • La brújula del corazón (Hearts Compass)
  • La epistola de amor (The Love Letter)
  • La cumbre de la colina (The Hill Summit)
  • La elección (The Choice)
  • La esfera del alma (The Sphere of Love)
  • La estrella lunar (The Moonstar)
  • La luna del amor (The Love Moon)
  • Lámpara del héroe (Heros Lamp)
  • La vergenza del amor (Suns Shame)
  • Los árboles del jardín (The Threes of the Garden)
  • Los labradores (The Husbandmen)
  • Luz del alma (Soul Light)
  • Mirada de amor (Lovesight)
  • Jerma sincera (True Woman)
  • Obito enamorada (Death in Love)
  • Música rota (Broken Music)
  • Nacimiento nupcial (Bridal Birth)
  • No como estos (Not as These)
  • Nube y viento (Cloud and Wind)
  • Ocio otoñal (Autumn Idleness)
  • Partida secreta (Secret Parting)
  • Pasión y adoración (Passion and Worship)
  • Perdido en ambos lados (Lost in Both Sides)
  • Rapto a medias (Mid Rapture)
  • Redención (Redemption)
  • Refugio del amor (Hearts Haven)
  • Retro me, Sathana! (Retro me, Sathana!)
  • Saber en vano (Known in Vain)
  • Seres cortados (Severed Selves)
  • Sin ella (Without Her)
  • Su amor (Her Love)
  • Su celestial (Her Heaven)
  • Sueños insomnes (Sleepless Dreams)
  • Suprema rendición (Supreme Surrender)
  • Sus dones (Her Gifts)
  • Testamento del amor (Loves Testament)
  • Servidumbre primaveral de los jóvenes (Youths Spring Tribute)
  • ltimo fuego (Last Fire)
  • Umbrales de la memoria (Memorial Thresholds)
  • Un día de amor (A Day of Love)
  • Un día oscuro (A Dark Day)
  • Venus Victrix (Venus Victrix)
  • Vida enamorada (Life in Love)
  • Virtudes vanas (Vain Virtues)




Libros de poemas. I Libros de Dante Gabriel Rossetti.


El análisis y sinopsis, del libro de Dante Gabriel Rossetti: La casa de la vida (The House of Life), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a ***.com


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 Asunto: Marginalia: H.P. Lovecraft; libro y análisis
NotaPublicado: Mié Mar 21, 2018 2:58 am 
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Marginalia: H.P. Lovecraft; libro y análisis.




Marginalia (Marginalia) es una colección de artículos, ensayos y relatos de terror del escritor norteamericano H.P. Lovecraft (1890-1937), publicado por Arkham House en 1944.

La antología incluye, entre otras cosas, algunos de los cuentos destacados de H.P. Lovecraft, partida aquellos que pertenecen al Ciclo Onípudiente como a los Mitos de Cthulhu, así también como artículos, notas y otros escritos marginales realmente interesantes.

En este sentido Marginalia nos permite conocer el otro lado de los relatos de H.P. Lovecraft; es decir, las aspiraciones estéticas y filosóficas del maestro de Providence, las cuales sostienen el colosal edificio de su obra.

Más allá de los cuentos y poemas de H.P. Lovecraft que aparecen en Marginalia, así también como un alter ego de relatos escritos en colaboración con otros miembros del Círculo de Lovecraft, el resto del material, básicamente artículos y breves ensayos, fue meticulosamente seleccionado por August Derleth, acaso el autor más cercano al creador del Necronomicón.

Por extraño que parezca, Marginalia fue mucho mejor recibido por la crítica que la ficción lovecraftiana, de fecha durante los años 40 se consideraba que la obra de H.P. Lovecraft era, en esencia, un tipo de ficción juvenil. Sin embargo, este notable libro sirvió para posicionar sus ensayos y, posteriormente, sus relatos, entre los más significativos del género.




Marginalia.
Marginalia, H.P. Lovecraft (1890-1937)
  • Azathoth (Azathoth)
  • Cómo escribí La declaración de Randolph Carter (H.P. Lovecraft)
  • El descendiente (The Descendant)
  • El hombre de piedra (The Man of Stone, con Hazel Heald)
  • El baga de Medusa (Medusas Coil, con Zealia Bishop)
  • El libro (The Book)
  • El morador de las tinieblas (The Dweller in Darkness, con Donald Wandrei)
  • El ser bribon la luna (The Thing in the Moonlight)
  • H.P.L. (H.P.L., Clark Ashton Smith)
  • H.P. Lovecraft y Harry Houdini.
  • La antigua raza (The Very Old Folk)
  • La bestia en la cueva (The Beast in the Cave)
  • La transición de Juan Romero (The Transition of Juan Romero)
  • Lord Dunsany y su obra (Lord Dunsany and His Work)
  • Obito alada (Winged Death, con Hazel Heald)
  • Algunas notas sobre la ficción interplanetaria (Some Notes on Interplanetary Fiction)
  • Algunos fundamentos de la Tierra de Hadas (Some Backgrounds of Fairyland)
  • Algunos recuerdos aleatorios (Some Random Memories, Frank Belknap Long)
  • Desde El extraño: H.P. Lovecraft (From the Outsider: H.P. Lovecraft, Charles E. White)
  • Dos comentarios (Two Comments)
  • Elegía (Elegy, August Derleth)
  • El viento que está en la hierba: un recuerdo de H.P. Lovecraft (The Wind That Is in the Grass: A Memoir of H.P. Lovecraft, R.H. Barlow)
  • In Memoriam: H.P. Lovecraft (In Memoriam: H.P. Lovecraft, Richard Ely Morse)
  • Lovecraft como influencia formativa (Lovecraft as a Formative Influence, August Derleth)
  • Lovecraft y la ciencia (Lovecraft and Science, Kenneth Sterling)
  • Observaciones en distintas partes de Norteamérica (Observations on Several Parts of North America)
  • Para Howard Phillips Lovecraft (To Howard Phillips Lovecraft, Clark Ashton Smith)
  • Para Howard Phillips Lovecraft (To Howard Phillips Lovecraft, Francis Flagg)
  • Prólogo (Foreword, August Derleth y Donald Wandrei)
  • Su creación más fantástica (His Own Most Fantastic Creation, Winfield Townley Scott)
  • Sueño perdido (Lost Dream, Emil Petaja)
  • Una guía de Charleston, Carolina del Sur (A Guide to Charleston, South Carolina)




Libros extraños. I Libros de H.P. Lovecraft.


El análisis y sinopsis, del libro de H.P. Lovecraft: Marginalia (Marginalia), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a ***.com


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 Asunto: Más allá del muro del sueño: H.P. Lovec
NotaPublicado: Vie Mar 23, 2018 7:09 pm 
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Más allá del bardal del sueño: H.P. Lovecraft; libro y análisis


Más allá del bardal del sueño: H.P. Lovecraft; libro y análisis.




Más allá del bardal del sueño (Beyond the Wall of Sleep) es una colección de relatos de terror del escritor norteamericano H.P. Lovecraft (1890-1937), publicado en 1943.

Más allá del bardal del sueño, el cual agrupa algunos de los relatos de Lovecraft más importantes del Ciclo Onípudiente y los Mitos de Cthulhu, es además el segundo libro en ser publicado por la mítica editorial Arkham House, creada por August Derleth, miembro selecto del Círculo de Lovecraft, con el honrado de divulgar la obra del maestro de Providence.

Recordemos que la obra de H.P. Lovecraft, hasta entonces, solo era conocida por los fanáticos del epica pulp y revistas como Weird Tales, pero tras la publicación de El extraño y otros (The Outsider and Others), y posteriormente de Marginalia (Marginalia), muchos nuevos admiradores se fueron sumando a la magnífica producción de este autor que cambió radicalmente el género.

En este sentido, Más allá del bardal del sueño es una continuación de aquella primera antología; la cual, además de cuentos ya conocidos, también incluyó algunos poemas de H.P. Lovecraft verdaderamente interesantes, muchos de los cuales aparecerían con el tiempo en la colección: Hongos de Yuggoth (Fungi from Yuggoth).




Más allá del bardal del sueño.
Beyond the Wall of Sleep, H.P. Lovecraft (1890-1937)




Antologías. I Libros de H.P. Lovecraft.


El análisis y sinopsis, del libro de H.P. Lovecraft: Más allá del bardal del sueño (Beyond the Wall of Sleep), fueron realizados por El Espejo Gótico. Para su reproducción escríbenos a ***.com


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